Los jóvenes de hoy en día

Los jóvenes de hoy en día

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“Los jóvenes de hoy en día
ya no tiene ideología
sólo piensan en las drogas,
en el sexo y en orgías.

Los jóvenes de hoy en día
ya no distinguen el mal del bien
ya no hay ley, ya no hay derecho
y sólo sexo es lo que ven…”

Les Luthiers. Los jóvenes de hoy en día.

Los jóvenes de hoy en día son apáticos, indiferentes, impermeables a cualquier propuesta existencialmente valiosa, cerrados a todo lo que implique esfuerzo, constancia y trabajo arduo.

Encerrados en su zona de confort, los jóvenes de hoy en día son inmediatistas en su visión de la vida, egoístas en su concepción de las relaciones humanas, incapaces de establecer compromisos de largo plazo porque la vida sucede aquí y ahora y no hay más allá.

Los jóvenes posmodernos que llegan a la escuela y la universidad en estos tiempos viven en un mundo relativista y decadente en el que no hay posibilidades de aceptar la verdad ni de asumir el valor ni de apreciar la belleza auténtica porque son hijos de la cultura de la imagen, esclavos de la dictadura mediática, actores pasivos de la civilización del espectáculo.

Estas y otras afirmaciones caracterizan un alto porcentaje de los discursos de los adultos que vivimos en un mundo cada vez más lejano del que les ha tocado vivir a las nuevas generaciones. Estos y otros juicios de valor se encuentran a flor de piel y emergen prácticamente en todos los diálogos con profesores que me toca facilitar en múltiples espacios institucionales y geográficos.

Vivimos como todos los seres humanos en la historia, una brecha generacional en la que los adultos no logramos comprender el modo de vida de los jóvenes y los jóvenes no alcanzan tampoco a entender la cosmovisión de los adultos.

En su momento Sócrates hablaba así de los jóvenes de su tiempo: «Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. Platón se preguntaba: “¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?”

Pero teniendo en cuenta esta realidad propia del dinamismo de cambio de la humanidad en el tiempo, vivimos como dicen muchos autores, en tiempos en los que esta brecha es mucho más grande que en ninguna etapa del pasado por la rapidez vertiginosa con que se producen los cambios en todos los campos de la vida personal y social en estos tiempos dominados por las tecnologías de información y comunicación.

Esta enorme distancia entre el mundo de los jóvenes y el de los adultos representa un enorme desafío para quienes tenemos la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones, porque es muy complicado y resulta muy ineficaz educar a seres humanos a los que no se conoce ni entiende, tratar de formar a personas de las que tenemos una percepción prejuiciada y sesgada.

¿Por qué no intentamos conocer lo que los propios jóvenes opinan sobre aquello que les importa o les parece valioso en su formación? ¿Por qué no intentamos escuchar la voz de los jóvenes para poder partir de un conocimiento empírico bien fundamentado cuando decidimos acerca de su educación?

Desafortunadamente para la pertinencia de la educación de los jóvenes, muchas de las decisiones sobre los objetivos, los contenidos, los métodos y las formas de evaluar el trabajo educativo en el ámbito formal –escuela y universidad- se toman desde estas perspectivas distorsionadas o al menos parciales sobre lo que es la juventud actual.

Desgraciadamente las formas de convivencia y comunicación entre padres e hijos que deberían abonar a la formación de los ciudadanos del futuro se sustentan también en muchos casos en las percepciones erróneas que tenemos los adultos acerca de los jóvenes.

¿Por qué no intentamos conocer lo que los propios jóvenes opinan sobre aquello que les importa o les parece valioso en su formación? ¿Por qué no intentamos escuchar la voz de los jóvenes para poder partir de un conocimiento empírico bien fundamentado cuando decidimos acerca de su educación?

Esta es la inquietud que movió a un grupo de docentes-investigadores del Área de Reflexión Universitaria de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México a desarrollar un proyecto de investigación que acaba de publicarse y tuve el honor de presentar en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería el fin de semana pasado.

El libro que da cuenta de esta investigación se titula: «Aprendizajes valiosos en la formación humanista en la universidad. La voz de los estudiantes»[ii]. La investigación consistió en analizar, con el método de Teoría fundamentada, 4625 respuestas a la pregunta: “En caso de haber aprendido algo valioso en este curso, ¿qué fue?” que se incluyó en el cuestionario de evaluación del desempeño docente que llenaron los alumnos durante tres semestres consecutivos (alrededor de 1500 respuestas por período académico).

A partir de los hallazgos obtenidos en el análisis que dio lugar a la construcción de ocho categorías, los investigadores concluyen que:

  1. “Los tres grandes ejes de aprendizaje valioso para los estudiantes están constituidos por el aprecio y el respeto a la diversidad, la reflexión sobre uno mismo y el sentido de la vida y, sobre todo, la ampliación de conocimientos distintos al área disciplinar o profesional de origen.
  2. Es valioso aprender nuevos conocimientos. Los estudiantes valoran que en las materias de formación humanista se les presenten nuevos conocimientos sobre los distintos ejes temáticos, lo que demuestra que no basta con generar un clima positivo y realizar un trabajo bien intencionado y agradable para que estas asignaturas tengan impacto en los alumnos.
  3. Es valioso reflexionar sobre uno mismo y el sentido de la vida. Contra lo que se dice de manera prejuiciada en muchos diálogos entre docentes y entre adultos en general, los jóvenes muestran que sí es valioso para ellos la reflexión sobre su existencia y sobre el sentido de la vida, lo cual plantea el reto de encontrar las mejores formas de promover esta reflexión suscitando el interés en los estudiantes.
  4. El diálogo y la participación propician el aprecio y el respeto por la diversidad. Se valora positivamente el diálogo y la participación que deberían formar parte del método didáctico de las materias de formación humanista, lo cual implica un desafío para la formación de los docentes de estas asignaturas”.

El libro plantea la voz de los estudiantes respecto a su formación en la dimensión humanista. Esta voz nos está interpelando y nos desafía a echar abajo nuestras pre-concepciones y prejuicios acerca de la juventud actual y nos renueva la esperanza para seguir empeñados en la apuesta por una formación humanista de los jóvenes.

Seguir empeñados en esta apuesta pero buscando estrategias más efectivas y acordes con lo que los estudiantes de estos tiempos de cambio de época consideran valioso para sus vidas es la conclusión más importante a la que me llevó la lectura de este libro que recomiendo ampliamente a quienes se dedican a educar a los jóvenes de este cambio de época.

La voz de los universitarios está expresada y sistematizada en este libro. La invitación que subyace en sus páginas podría entenderse a partir de las palabras del Evangelio: “Quien tenga oídos, que oiga…” (Mateo 13:1-9).


[i] La columna de hoy está basada en la reseña que expuse el sábado pasado durante la presentación del libro.

[ii] Patiño; H., Alfaro, G. , Chávez, M., Navarro, A. , (2015), Aprendizajes valiosos para la formación humanista en la universidad. La voz de los estudiantes. México. Universidad Iberoamericana.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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