Ideas + Acción = Comunidad Comelibros

Ideas + Acción = Comunidad Comelibros

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

comunidadcomelibros@gmail.com

México tiene mucho capital creativo. Sin embargo, a veces, las ideas se quedan a la mitad del camino, sin dar el siguiente paso hacia su materialización. ¿Qué es lo que falta?, ¿dónde fallamos? Con la serie Ideas + Acción La eterna incomprendida comparte diversos casos de éxito y fracaso –porque de esos también se aprende- en el terreno de la gestión cultural, tanto del plano local como del nacional e internacional, buscando en la medida de lo posible el contacto directo con sus involucrados[1].

Comunidad Comelibros: dieta balanceada de letras, foto y ciencias.

En 2010 la Invasión de los niños comelibros era un programa de lectura enfocado al público infantil que logró gran arraigo en los barrios de Puebla donde compartían su amor por las letras y su fascinación por todas las dimensiones de ese fenómeno cultural que es la lectura.

Si bien su trabajo con los más pequeños era y sigue siendo muy importante, su deseo por desarrollar acciones que estimulen la participación ciudadana en general suscitó un cambio en el nombre y amplió el espectro de público del colectivo unos años más tarde. En entrevista electrónica, la que desde 2013 es Comunidad Comelibros relata: “Para el grupo la lectura es un evento que va más allá del libro, lo entendemos como un fenómeno dialógico entre seres humanos que es dinámico, como un ejercicio de construcción de sentido de la humanidad, como un posicionamiento político, como un derecho. Entonces, desde esa perspectiva, en Comelibros intentamos colocar estos temas en debate con jóvenes, niños, vecinos, promotores, espacios institucionales y autónomos, porque nos parece algo fundamental en la vida de las personas: tener derecho a una voz y a alguien que la escuche”.

Un año más tarde, en 2014, el colectivo se convirtió en asociación civil luego de darse cuenta de “que muchas instituciones tienden a discriminar a las colectividades ciudadanas no lucrativas. Encontramos en la AC una figura para respaldar y demostrar que los proyectos culturales pueden generar beneficios a gran escala si se les apoya. Sin embargo, en eso somos claros, la AC es una figura que nos permite lograr ciertas cosas, pero nuestra dinámica interna es bajo la idea de colectivo”.

Para finales de 2015, la Comunidad estaba formada por 39 voluntarios, divididos en cinco proyectos puntuales:

Invasión de niños comelibros: lectores en voz alta y promotores culturales, en donde se incluyen dos grupos conformados por científicos para realizar talleres de física y química con los niños de las vecindades.

Palabrotas en acción: encargado de la producción de cápsulas radiofónicas informativas, literarias o de reflexión sobre infancia, literatura infantil e intereses de los niños.

Voces y caminos: programa transmitido los viernes de 5 a 6 de la tarde por Lobo Radio, estación por internet de Radio BUAP.

Pirinola: proyecto que trabaja el tema de reapropiación del espacio público a través de la vinculación de talleristas y elencos para festivales, así como la gestión del mantenimiento del parque Jerusalem, en el barrio de Analco.

Tragaluz: proyecto que cuenta con el grupo más reducido pero el más especializado. A través de éste imparten talleres de fotografía análoga con metodología participativa.

Foto cortesía de la Comunidad Comelibros
Foto cortesía de la Comunidad Comelibros

A lo largo de su corta pero exitosa trayectoria, la Comunidad Comelibros ha colaborado con o recibido apoyo de más de 70 organizaciones, desde instituciones públicas como el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), así como universidades poblanas -BUAP, UVP, UVM e Ibero-; el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, JUCONI Puebla y Fundación Amparo; hasta organizaciones independientes como el colectivo Hormiga Juana, Acción Directa Autogestiva, Los Tamalistas, Espacio Experimental Etcétera, Bicionudos, Lado B, El Taller AC; y los programas de radio Tras las huellas de la naturaleza y Arriba chamaco.

Todas estas instancias han sabido ver en los Comelibros la ética de trabajo con la que se conducen. “Es muy importante cuidar los principios antes que las ideologías. Eso nos ha servido. Tampoco es algo que tengamos resuelto, puesto que es complicado salir de prácticas o vicios que la misma dinámica de trabajo vertical impone. No obstante, algo que siempre hacemos es un ejercicio de franqueza, honestidad y confianza al exterior y al interior del grupo”.

Comunidad_Comelibros
Cada seis meses, la Comunidad convoca a la ciudadanía a unirse a ella. “Hemos aprendido que cuando exponemos claramente nuestra situación y las tareas que se realizarán, eso genera confianza y mayor compromiso. El tener una temporalidad definida nos permite hacer una retroalimentación general y volver a hacer la propuesta de continuidad seis meses más”, cuentan vía correo electrónico. A la última convocatoria que cerró en agosto pasado, se registraron poco más de 60 personas, de las cuales casi la mitad se integró a alguno de los proyectos.

La pasión por formar ciudadanos plenos e íntegros, así como sus principios éticos les vienen a los Comelibros de una balanceada y extensa dieta que incluye ingredientes como Oliver Sacks, Fernando Pessoa, Clarice Lispector, teología de la liberación, poesía mexicana y de los pueblos originarios amerindios; escritos de Marx, literatura zapatista, movimientos anti-sistémicos y textos de ciencia ficción. Su menú opíparo también incluye platillos musicales de Schubert, Paganini, Alaska, Manuel García, Maldita Vecindad y Panteón Rococó, así como series de televisión, muchos ánimes y teóricos sobre el fomento a la lectura como Ana Garralón, Michele Petit, Silvia Castrillón, Graciela Montes, Gianni Rodari, María Teresa Andruetto, Jorge Larrosa, María Esther Pérez Feria. Y, claro está, libros de autores enfocados a los lectores más pequeños como María Baranda, Toño Malpica, Esmeralda Ríos, Vivian Mansour, Tomi Ungerer, Yolanda Reyes, Isol, Gaëtan Dorémus, Francisco Hinojosa, Juan Villoro y Oliver Jeffers.

“Son algunas recomendaciones de nuestra dieta lectora”, escriben. Ah, “y muchas palabras, sean orales o escritas…”.

Más allá de nombres específicos para compartir o a través de los cuales se ha enriquecido la Comunidad, los Comelibros destacan algo vital de su filosofía: “No somos partidarios de los libros que pretenden enseñar a los niños; ese tipo de material que de manera oculta le dice al lector ‘esto está bien, esto está mal’ porque son como cárceles para cualquier tipo de lector, lo tratan como alguien incapaz y lo esclavizan a pensar o actuar de cierta manera”.

Foto cortesía de la Comunidad Comelibros
Foto cortesía de la Comunidad Comelibros
Foto cortesía de la Comunidad Comelibros
Foto cortesía de la Comunidad Comelibros

 

Alonso Pérez Fragua (APF): ¿Cuál fue la primera barrera que surgió y cómo la superaron?

Comunidad Comelibros (CC): La primera barrera ha sido la económica. Después de varias experiencias aprendimos que es necesario resguardar los recursos, optimizarlos y pensar estratégicamente su uso. La mayoría de nuestras gestiones se han hecho de forma voluntaria, por donaciones o participación de voluntariado. Entendimos que si los gobiernos no tienen una mirada a largo plazo, los colectivos tenemos la obligación de considerar rumbos con mayor continuidad. En ese sentido, somos cautelosos con los gastos y así es como pudimos salir de esa barrera. Otra forma de gestionar recursos que estamos explorando es la impartición de talleres dirigida a organizaciones que compartan el interés por promover el gusto por la lectura y el acceso libre a la cultura. Los talleres estimulan la creación narrativa, la exploración de las artes como medio de expresión o la divulgación de la ciencia.

APF: ¿Cuáles fueron los alcances que se plantearon para el proyecto en un primer momento y cómo se han modificado?

CC: En un primer momento queríamos formar promotores culturales barriales. No porque ya no busquemos eso, más bien, nos dimos cuenta que ese camino es largo y requiere mucha constancia. Otra de nuestras metas era abarcar la mayor cantidad de vecindades posible, y eso ha sido complicado porque cada vez los programas turísticos están siendo más agresivos con el patrimonio cultural material (calles, edificios, espacios simbólicos) y con el intangible (sus costumbres, variedad lingüística, tradición oral por mencionar algunos), entonces, no es sencillo sobrevivir de manera independiente con estos obstáculos que dificultan el alcance.

“A partir de estos cinco años de la Invasión de niños comelibros y poco más de dos ya bajo el nombre Comunidad Comelibros, nos dimos cuenta que podemos aportar mucho en la cultura de la acción ciudadana, formando voluntarios que se puedan profesionalizar como promotores culturales; han llegado dos chicas, Erika y Diana, que hace cinco años eran niñas comelibros y ahora son promotoras en su barrio. En otro sentido, nos dimos cuenta que esta idea tiene mucho para replicarse, sin embargo se necesitan condiciones políticas e institucionales que permitan eso”.

APF: ¿Han hecho  un  cálculo  de  la  inversión  en  dinero  de  lo  que  significa el proyecto, incluso si todo o gran parte de lo que han logrado ha sido a través de  donativos  en  especie y/o voluntariado?  

CC: Sí, claro, ha sido algo que nos ha costado trabajo identificar. Ahora podemos decir que el valor económico de nuestras actividades oscila entre los 400 y 700 mil pesos semestrales. Y nosotros decimos: si con un libroclub se pueden beneficiar entre 8 y 12 niños, e indirectamente a unas 30 y 40 personas que viven en la vecindad o cerca, imaginemos, ¿qué podría lograr un apoyo de 5 millones de pesos a este tipo de estrategias ciudadanas? Poco más de mil niños beneficiados directos y un impacto mucho más amplio en un periodo de seis meses. ¿Cuánto cuesta un festival internacional o un espectáculo de entretenimiento? ¿Cuánto duran?

“¿Cómo alcanzamos estos recursos? Apelando a la voluntad, a las colaboraciones y pequeñas donaciones. Participación ciudadana. La gran pregunta es: ¿qué pasaría si existiera un apoyo fijo a organizaciones o colectivos, sin someterlos a tantas burocracias de concursos o temas así?”

Dependiendo del nivel de responsabilidades de cada miembro de la Comunidad, hablamos de 7 a 30 horas por semana de trabajo. “Ha implicado hacer una gran inversión de tiempo, la cual ofrecemos con mucho cariño y pasión porque creemos en lo que hacemos”, escriben al responder el cuestionario electrónico.

Foto cortesía de la Comunidad Comelibros
Foto cortesía de la Comunidad Comelibros

APF: ¿Cuál ha sido la barrera más grande que ha surgido? ¿Ya está superada?

CC: Aparte de lo económico, las habilidades profesionales de cada quien, porque al ser un grupo multidisciplinario, no nos hemos formado como promotores o gestores culturales […]. Nos ha costado mucho trabajo trasladar los márgenes directos de nuestras profesiones hacia los proyectos. Otra, importante, es que no contamos con los recursos suficientes para auto emplearnos, nos hemos topado en muchas ocasiones a compañeros o compañeras muy comprometidas con los proyectos pero que cuando encuentran un trabajo se tienen que ir.

APF: Si tuvieran que hacer todo de nuevo, ¿qué harían igual y qué cambiarían?

CC: Sería similar la estrategia de comunicación, la sinceridad, honestidad y compromiso, esas serían las cosas que mantendríamos. Lo que cambiaríamos sería el registro y documentación de acuerdos, modos de retribución, nuestras formas de inclusión y mayor seguridad para las relaciones públicas.

APF: ¿Cuál ha sido el papel de los medios tradicionales para difundir sus ideas?

CC: Ha sido de gran ayuda. Por ejemplo, La Jornada de Oriente, a través de Paula Carrizosa, nos ha dado proyección en prensa que difícilmente se logra. Otro medio, que no es tan tradicional, es Lado B, quien ha ayudado en la vinculación con personas o recomendaciones. La colaboración con Arriba chamaco en Radio BUAP nos ha permitido explorar las posibilidades narrativas que tiene el medio radiofónico para contar historias e intercambiar ideas. Sin embargo, el medio tradicional más importante para nosotros y nosotras ha sido el boca en boca. De esta forma han llegado a colaborar familias enteras que se suman a la red de colaboraciones. Por ejemplo los García, con Elsa, su esposo, sus hijos y amigos quienes han participado con talleres o como voluntarios lectores en voz alta; los Espinoza con los maravillosos Germán y Xiuhnel, quienes han motivado a sus hijos Chucho y Marijó a involucrarse desde muy jóvenes en la cultura infantil participativa. Y así, con más casos donde amigos o amigos de los amigos se van sumando para realizar cosas en conjunto.

APF: ¿Cuándo consideraron o considerarán que lograron su meta?

CC: Cuando se conforme un grupo de promotores culturales y de lectura propio de los barrios; cuando los proyectos puedan ser replicados en otros contextos; cuando logremos cambios más tangibles en la vida de la ciudad de Puebla -hemos soñado con un centro cultural que sea referente en todo el país por la participación de barrios, jóvenes, artistas y promotores que sea auto sustentable-; cuando haya más proyectos ciudadanos y públicos más críticos respecto a lo que consumen.

APF: ¿Qué les gustaría compartir para finalizar esta serie de preguntas?

CC: Para nosotros la cultura es una experiencia dinámica; y el libro, una herramienta de encuentro con los otros y de transformación de distintas dimensiones de la realidad. También, que se necesita mucha participación para lograr cambios reales, pese a la desesperanza, y paralelamente, políticas publicas incluyentes, justas y democráticas no como sitio de promoción partidaria, sino con visión de largo alcance.

Para leer todas las respuestas de los Comelibros al cuestionario electrónico, haz click aquí.


[1] Aquí puedes consultar el primero de los casos de Ideas + Acción: Fenómeno 43.

Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando

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