El Hornito del Paseo de San Francisco
 
Por Juan Daniel Flores @
08 de febrero, 2016
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Juan Daniel Flores

[dropcap]R[/dropcap]oberto Vélez es heredero del oficio de hacer pan. Recuerda que él y su hermano fueron aprendiendo de su padre, Don Mayolo Vélez, cuando tenían como diez años. El negocio ya suma la cincuentena pues fue fundado “El Hornito de San Francisco” en 1965.

Esta panadería está ubicada en la catorce oriente, entre el Bulevard 5 de mayo y la llamada “Placita de Garibaldi”, a un costado del Templo de San Francisco.

“El origen del Hornito es a partir de las enseñanzas de mi padre. Desde muy pequeños junto con él levantamos este negocio. El negocio no siempre estuvo aquí, anteriormente estábamos pegaditos al convento de San Francisco en una puertita viejita de madera donde están ahora unas rejas hasta el fondo, pero a raíz de la remodelación de este barrio, y de la expropiación, nos movieron un poquito para acá nada más”.

Esto es lo primero que me cuenta Don Roberto sin dejar de trabajar. Viene entonces a mi mente uno de tantos proyectos gubernamentales anunciados con bombo y platillo, de esos que traen modernidad y progreso para todos: El Proyecto Angelópolis en tiempos de Manuel Bartlett.

“Mis hermanos son otros tres que trabajan aquí, pero ellos están de madrugada en el primer turno, digamos que yo más bien vengo a desempeñar el segundo turno”.

Foto: Juan Daniel Flores

Foto: Juan Daniel Flores

Son 3:40 de la tarde y aunque se escucha de fondo a Katy Perry en el radio del Hornito, más bien parece como si fueran las 4:00 de la mañana: las manos hundiéndose en la masa, Benito emparejando bolitas en la charola, Roberto checando que el pan no se queme, la boca del horno de ladrillo y cantera tragándose tres charolas de masa cruda en forma de concha y de cuernitos.

La dinámica laboral impone un lenguaje y un ritmo que cada quien conoce, una relación entre el objeto y la persona.

Roberto no deja de mover las manos y la boca; comenta que este es un negocio netamente familiar con tres trabajadores de fuera “…el buen Benito es uno de los trabajadores”. Me indica al señor que tiene frente a él, que atento escucha sin dejar de de trabajar.

Él mismo Benito le interrumpe de modo familiar y desmadroso: “está buena la plática, pero se quema el pan”.

Don Roberto me cuenta emocionado: “La misma gente nos bautizo como El Hornito”, de hecho cuando empezamos el horno era más pequeño, igual de ladrillo y barro. La gente decía: pues vayan a comprar el pan allá al hornito. Así quedo como El Hornito de San Francisco”.

“Aquí donde estamos actualmente era hace siglos una sacristía que le pertenecía a los padres, después les fueron expropiando cosas los nuevos gobiernos y les fueron quitando terreno, pero en esos años tenían una extensión bárbara que llegaba hasta el colegio Aparicio; después, se fue convirtiendo en una casa de esas rentadas para casa habitación, más adelante se convirtieron en locales comerciales, de hecho aquí fue taquería, fue paletería, aquí adelante fue una alquiladora de mesas y sillas para fiestas”.

“Uno de los cambios más trascendentes en esta zona fue el llamado Proyecto Angelópolis de Don Manuel Bartlett, ese fue un cambio total, aún ahora vea usted, van a poner un hotel aquí en frente de nosotros”.

Don Roberto me pregunta “¿entonces usted conoció bien todo esto por acá? ¿si conoció la que era la “Marranera”?”. Le contesto que sí conozco el rumbo, que efectivamente yo fui varias veces a la Cruz Roja y estudie en la Fray Pedro.

A la segunda pregunta le respondo que la “Marranera” era como una fortaleza, como la mamá de todas las vecindades, la más grande junto con la “Coyotera“ y la llamada por la gente del barrio “Islas Marías”.

La modernidad implica procesos no sólo materiales y estructurales, sino muchas veces la deconstrucción de la memoria urbana en pos de la ascensión de estructuras de consumo, por lo regular de carácter trasnacional, las cuales no tendrían mucho poder sin la ayuda del poder político y de la ignorancia e indiferencia popular.

“De hecho la “Marranera” es ahora Casa Aguayo, para eso le dieron un cambio totalmente radical, ahí vivían soldados, policías, hasta delincuentes vivían ahí, de ser una vecindad, hoy vemos que son oficinas gubernamentales. El gobierno le cambio totalmente la cara”.

Pero yo le digo a Don Roberto qué para mi gusto eso no ha cambiado mucho, lo que decía el rumor es que el gober actual no está ahí, ya que no quería que se le pegaran las pulgas del marinismo, del melquiadismo y de todos los ismos anteriores a él. Por eso eligió cual emperador limpio y modesto las oficinas en el centro de la ciudad desde donde gobernó su abuelo, y luego se pasó al CIS.

“Los cambios en la zona de San Francisco según son para el turismo, mucha gente los ve como una forma de explotar la zona turísticamente.

Pero uno de los cambios que sinceramente no me ha gustado de plano es como le dieron en la torre al Paseo de San Francisco, están talando los árboles con el pretexto de la modernidad, del progreso, del turismo, de la seguridad, y ya acabaron con una zona de lo más típico de Puebla”.

Don Roberto va realizando un movimiento circular con las manos, para dibujar en el espacio un comal y decirme que nada volverá a ser lo mismo jamás.

Ahí en el Parque de San Francisco fue el origen de las chalupas, ahí fue la mera mata de las chalupas, ahí vendían sus chalupitas en sus comales, yo me acuerdo cuando niño ya habían levantado una que otra casetita para vender sus cosas, ahora son restaurantes. Ahí jugábamos futbol con los hijos de las señoras que venían a vender sus chalupas”.

¿Se acuerda usted de los Baños de San Juan Bautista y de los Lavaderos de Almoloya Don Beto?

“!Como no¡ Salía de la panadería y me iba a bañar ahí al Baño de San Juan Bautista que estaba donde ahora es el hotel City Express; salía de la panadería y que rico era irse a dar un baño”.

Se pone a pensar y deja de mover las manos, se pone serio y mira hacia afuera. También se ve que se esta yendo de pronto. Me cuenta en ese viaje de su mirada un poco ensimismado y muy convencido, que el INAH ya les paro la obra a los del hotel que están construyendo ya que se están pasando de listos con los Lavaderos de Almoloya.  

“Se dice que hicieron unas modificaciones en los lavaderos que no tenían porque haber hecho”.

Foto: Juan Daniel Flores

Foto: Juan Daniel Flores

“El Hornito de San Francisco” está a los pies del antes temible Barrio del Alto, del Barrio de la Luz, del Barrio de los Remedios y a las orillas del Boulevard 5 de Mayo. Es imposible no preguntarle a Don Roberto qué recuerda de alguno de estos barrios en más de 50 años de trabajo.

“Yo conocí a los famosos Méndez de aquí de El Alto, no directamente me llevaba con ellos ya que yo era un chamaco cuando andaban en broncas, pero se decía que andaban incluso con los porros de la universidad. Conocí a Armando, a Carlos “El Titán”, a Raúl y a un gordito hermano de ellos, él punto y aparte no se metía en nada.

Aquí en frente había cortinas, estaba el billar Montecarlo, una agencia de bicicletas, un restaurant, luego fue tortería, un taller de torno, una peluquería; incluso, las cortinas que estaban ahí en frente ya las desaparecieron, ya que eso es parte del hotel que están construyendo.

De hecho la capillita del Cirineo se dice que andan en eso, una especie de pleito ya que el hotel también se la quiere agenciar, las personas de la capillita no se están dejando”.

¿Qué significa para usted “El Hornito”?

“El Hornito significa mi vida, mi vida entera, para mí y para mis hermanos, todo el tiempo estar aquí en la panadería, como siempre día a día, a veces sin descanso. Significa todo.

Mi padre nos llevaba de niños a la panadería donde trabajaba, nosotros teníamos como ocho o nueve años, ahí tenía una panadería su compadre, existió allá en la colonia Zaragoza en la avenida 20 de noviembre, nos llevaba a trabajar con él, ahí junto al reloj. De ahí pues nos mando Diosito por estos lugares a levantar la panadería.

Somos nueve los que laboramos aquí.

Ojala reflexionen mucho sobre las cosas que están haciendo en esta zona y no sigan dañando lo que es realmente El Paseo de San Francisco, y sea para bien de muchas personas de por aquí las modificaciones que están haciendo, que en realidad les lleguen a dar trabajo”.

Los espacios sociales son al final de cuentas espacios donde convergen rituales, dinámicas, hábitos y alteridades que representan el patrimonio cultural colectivo de una ciudad y de los que la habitan. Comprender esto es sin duda un reto para la indiferencia popular y un tema clave de política pública.

Foto: Juan Daniel Flores

Foto: Juan Daniel Flores

¿De qué lado masca la Iguana en lo que respecta a las políticas públicas de protección de los bienes materiales y simbólicos que hacen que esta Ciudad sea Patrimonio Cultural de la Humanidad?

¿Qué dependencias o que funcionarios de gobierno otorgan permisos a diestra y siniestra a empresas particulares sin la menor planeación urbana, y sin tomar en cuenta el valor del patrimonio histórico del Paseo de San Francisco?

“El Hornito” es un espacio en el tiempo del patrimonio cultural gastronómico de El Paseo de San Francisco en Puebla de cincuenta años de trabajo.

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Juan Daniel Flores
Egresado de la BUAP-ITESM, estudiante de sociología, produzco las cápsulas radiofónicas "Espiral Urbana" para Radio BUAP, colaboro con LADO B con entrevistas socioculturales "¿De que lado masca la Iguana?", colaboro con la columna de opinión "Espiral Urbana" para Los Periodistas y soy creador de "Criticas Vitales" Cine, Literacidad y Sociología para espacios culturales y escolares.