El campus también educa

El campus también educa

Armando Pliego Ishikawa

@dobbyloca

A finales de enero de este año, en Ciudad Universitaria de la BUAP entró en vigor una serie de políticas de gestión del transporte y del estacionamiento al interior del campus con el fin de mejorar las condiciones de movilidad en este espacio. Se trata de cambios no menores, que de ser bien implementados, tendrán un impacto positivo en la vida cotidiana de las personas que conformamos la comunidad universitaria.

Estas disposiciones fueron propuestas por el Departamento de Transporte y Movilidad de la universidad, que es también la entidad encargada del Sistema de Transporte Universitario (STU) y los programas Lobobus, un transporte colectivo gratuito al interior de CU, y Lobobici, nuestro sistema gratuito de bicicletas compartidas –y el mejor sistema de bici compartida en nuestro país, me atrevo a opinar, pues involucra no sólo las facilidades para el uso de la bici, sino capacitación a usuarios y vigilancia por agentes de movilidad de este departamento.

Recientemente tuve el gusto de ser invitado por mi amigo Juan Andrés Contreras, compañero de varias luchas y trabajador de este organismo, para hacer un recorrido por Ciudad Universitaria a pie, en Lobobus y en bicicleta, y conocer estos cambios, que pueden resumirse en la unificación de las rutas de Lobobus en un solo circuito, la adquisición de más unidades para mejorar la cadencia de paso al disminuir los tiempos de espera en cada estación, y el reordenamiento del estacionamiento.

Antes se tenían distintas líneas de Lobobus, y era necesario hacer trasbordos en ciertos puntos para poder ir de las facultades hacia zonas como la Biblioteca Central, la Dirección de Administración Escolar y el Estacionamiento Central. Con la unificación de rutas a una sola, basta con acercarse a la parada más cercana y esperar no más de cinco minutos para abordar el autobús y fácilmente podemos acercarnos a cualquier punto del campus.

En cuanto al estacionamiento, se ha realizado una campaña para informar a la comunidad sobre los estacionamientos generales en la universidad, que suman 1,200 cajones, y que tienen la capacidad para satisfacer la demanda de estacionamiento de la BUAP en este campus, de acuerdo con un estudio general de movilidad realizado por el departamento correspondiente.

EstacionamientoBuap

Además, se implementa una política de cero tolerancia al estacionamiento en el arroyo vehicular y en lugares prohibidos, que consiste en tres llamadas de atención: a la primera falta, el infractor será registrado en una base de datos y notificado por las autoridades universitarias. En caso de reincidir, se le notificará de la segunda infracción y se le recordará que al reincidir una vez más su vehículo será inmovilizado. Al tener una tercera falta, la Dirección de Apoyo y Seguridad Universitaria (DASU) colocará un dispositivo inmovilizador, conocido como “araña”. El infractor deberá acercarse al personal para solicitar el retiro de la araña.

Su castigo solamente será esperar mientras el dispositivo se desinstala. Aquí la universidad está desperdiciando una oportunidad, pues al tener a estudiantes infractores esperando en una oficina mientras el inmovilizador se retira, bien podrían las autoridades universitarias obligarles a leer el reglamento de tránsito de nuestro municipio, entre otros contenidos relacionados con seguridad vial y movilidad, para así procurar que el escarmiento vaya acompañado de un aprendizaje.

Además, la política de restringir el estacionamiento en el arroyo ayuda a liberar el espacio junto a las facultades, y obliga a quienes normalmente se desplazaban en auto de forma cómoda desde su casa hasta su unidad académica a caminar un poco más y a utilizar los otros servicios de transporte gratuito que la universidad ofrece, mostrándoles la intermodalidad en el traslado: podemos combinar diferentes modos de transporte, como el auto y la bici, o la bici y el camión, o las tres.

Al fomentar el desplazamiento a pie, el uso de la bici o del transporte público en un sector que antes sólo se desplazaba en auto, el campus también le está mostrando a los estudiantes que se mueven en coche fuera de CU, que al caminar o andar en bici son más vulnerables, y que al moverse en coche deben respetar al peatón y al ciclista. Al trasladarse en el Lobobus, podrán darse cuenta de que el transporte masivo es más eficiente que el auto, y que por eso tiene prioridad en la pirámide de movilidad.

El caso de Ciudad Universitaria es interesante, pues las facultades con mayor población estudiantil y con mayor porcentaje de estudiantes que llegan en auto son Derecho y Ciencias Sociales, y Administración. Al implementar estas políticas se le está mostrando al futuro abogado, politólogo, burócrata, administrador público o empresario, las bondades y peripecias de las distintas formas de trasladarse en una ciudad.

De mantenerse y mejorarse, estas medidas permitirán que de la universidad salgan generaciones de personas que conocen y respetan los señalamientos viales, que reconocen la vulnerabilidad de ser peatón y ciclista, y que sabrán lo que es estar apretados en el transporte público, rompiendo con la inercia de haber gozado de privilegios de clase, como el nunca haber tenido que utilizar transporte público para llegar a la universidad.

Obviamente estas restricciones de estacionamiento han generado malestar justamente en estos sectores de la universidad. Ya se han realizado distintas manifestaciones de descontento con la nueva política, y esto es obvio y natural, ya que estos universitarios están perdiendo beneficios y privilegios y ahora se ven obligados a usar camión o sus pies para moverse, como la mayoría de nuestros compañeros y compañeras, pero la universidad no debe de ceder a estos reclamos. La institución se debe abrir al diálogo con los quejosos, y debe facilitar los materiales que permitan a la comunidad conocer y comprender los beneficios sociales de tales medidas, y por eso hago un llamado al rector Alfonso Esparza a ser firme con estas políticas, que sin duda alguna son positivas en nuestra formación: no sólo se trata de mejorar la circulación y optimizar el traslado; el campus también educa, y la BUAP no debe pasarlo por alto.

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