Moneda comunitaria, una alternativa de consumo local

Moneda comunitaria, una alternativa de consumo local

Foto: Ámbar Barrera
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Ámbar Barrera

@Dra_Caos

En el mundo todo funciona con relación al dinero y cómo se usa. Por ejemplo, si una persona recibe 50 mil pesos sabe que puede ahorrarlos o acumularlos en un banco o ir a cualquier tienda y pagar ciertos productos y servicios. Pero, ¿y si fuera de otro modo?

Considerando que el dinero en sí es solamente un objeto de valor simbólico, bien podría considerarse también que por sí solo no tiene valor para cubrir necesidades. Es decir, que las monedas o el papel no pueden comerse o satisfacer ninguna necesidad.

Una muestra de esa realidad es que existen muchas comunidades y ciudades alrededor del mundo que realizan prácticas como el trueque o el intercambio a través de una moneda comunitaria.

Las monedas comunitarias (también llamadas alternativas, sociales o complementarias), son monedas destinadas para el comercio en una región delimitada. Una de las monedas comunitarias en México es el Túmin, que surgió en la comunidad El Espinal en el estado de Veracruz impulsado por organizaciones civiles y alumnos de la Universidad Veracruzana desde el 2010 y que se ha expandido no sólo a otras comunidades sino hasta otros estados de la República.

en un trueque, por ejemplo, alguien que lleva jitomates para intercambiar podría necesitar a cambio pan integral que nadie más está ofertando. Ese problema podría solucionarse con una moneda comunitaria, pues por sus jitomates puede obtener, en vez de un producto que no necesita, este papel moneda para buscar el pan integral en otro lado, en una tienda donde lo acepten como moneda y así el ciclo se reinice

En algunas regiones de Puebla se usa el Túmin y la semana pasada se realizó la primera Feria del Trueque Moneda Comunitaria en el Centro de Estudios de Desarrollo Económico y Social de la BUAP, donde se utilizó un papel moneda exclusivo para la ocasión llamado Patlalli, que en náhuatl significa trueque.

La alternativa social al sistema capitalista

En el mundo se sabe que hay al menos 5 mil formas de economía social alternativa y la mayoría cuenta con una dinámica propia.

En Japón, por ejemplo, cuentan con un papel moneda o tickets llamados Fureai kippu, un sistema que comercializan con el tiempo. Una persona puede hacer las compras para un anciano de su edificio que requiere de ese servicio a manera de ayuda y a cambio recibirá un Fureai kippu con valor de una hora. Este ticket podrá ocuparlo para sí mismo en el futuro o mandarlo a alguna otra ciudad (el Fureai kippu funciona en más de 400 localidades de Japón) para que lo use su madre, por ejemplo.

Estos sistemas también funcionan en las empresas (incluso grandes industrias) de Suiza, donde usan una moneda que vale lo mismo que el franco suizo (la moneda corriente del país) pero que se usa solamente entre empresas para intercambiar productos y servicios, factor que se afirma como clave para la estabilidad económica de Suiza.

Algunas características de la moneda comunitaria

En México (y otras partes del mundo), las monedas comunitarias no son acumulativas, sino que facilitan el intercambio. Es decir, en un trueque, por ejemplo, alguien que lleva jitomates para intercambiar podría necesitar a cambio pan integral que nadie más está ofertando. Ese problema podría solucionarse con una moneda comunitaria, pues por sus jitomates puede obtener, en vez de un producto que no necesita, este papel moneda para buscar el pan integral en otro lado, en una tienda donde lo acepten como moneda y así el ciclo se reinice.

Otra de las ventajas en México con las monedas comunitarias es que, dependiendo de la dinámica, puede ser complementario al dinero corriente. Por ejemplo, si en un local venden botes de miel que cuestan 100 pesos y el comprador sólo cuenta con 50 pesos, puede pagar los otros 50 pesos con la moneda comunitaria si es que el vendedor se encuentra dentro del círculo que acepta esa otra moneda. Eso, por tanto, abarata los precios y fomenta la solidaridad y la confianza entre los miembros de la localidad.

Como puede percibirse, para la dinámica de las monedas comunitarias es necesario siempre aportar. A diferencia del sistema capitalista al que estamos acostumbrados, donde el dinero por sí solo basta para comprar, con la moneda comunitaria es necesario ser productor u ofrecer algún servicio útil para los demás miembros de la comunidad. Esto también fomenta el trabajo y el consumo local.

El Patlalli en Puebla

La Facultad de Economía de la BUAP en conjunto con el Centro de Estudios del Desarrollo Económico y Social (CEDES BUAP); la maestría en Desarrollo Económico y Cooperación Internacional (BUAP); el Tianguis de Trueque Tlaxcala; El colectivo de Intercambio de Ropa (Puebla); La Red de Economía Solidaria; y el colectivo Dinero de Papel (DF), organizaron la Primera Feria del Trueque Moneda Comunitaria, presentando el Patlalli como moneda comunitaria.

Foto: Ámbar Barrera
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–El objetivo era poner intención en la situación de la moneda comunitaria como una posible alternativa a la economía capitalista que se centra en la moneda, y en esta ocasión quisimos poner a la comunidad en el centro –dice Tania Huerta, estudiante de la Maestría en Desarrollo económico y Cooperación Internacional y parte del grupo organizador de la feria.

En el evento se dio una charla inicial para hablar de la experiencia de los colectivos participantes  y una visión más académica por parte del Doctor Héctor Sotomayor Castilla (coordinador del CEDES), que ha trabajado sobre la cuestión de la economía solidaria. Posteriormente se llevó a cabo la feria, donde hubo comida, libros, pan, plantas, entre otros productos, y finalmente todos los participantes se sentaron a evaluar el ejercicio y plantear cuál sería la siguiente etapa y lo que podía mejorarse.

–El propósito es cubrir necesidades y también es para la gente que bajo otro principio siente que el ecocidio, desarrollado por la lógica depredadora de la acumulación del capital, está llegando a niveles tales que hay que encontrar formas de enfriar al planeta, como dicen –explica el Dr. Héctor Sotomayor sobre la parte de la dinámica en la feria que busca también reciclar, rehusar y usar al mínimo materiales contaminantes como envolturas y otros plásticos para los productos a la venta.

Tania Huerta cuenta que una de las dificultades iniciales en este tipo de ejercicios es el establecer el valor de las cosas que llevaron los asistentes para intercambiar por los Patlalli.

–En esa dinámica quisimos que fuera el productor el que de acuerdo al tiempo de trabajo y su percepción planteara un precio que fuera solidario, que estuviera al alcance de las demás personas y que él también se llevara lo justo.

Ella llevó algunos libros que intercambió por 30 Patlalli cada uno. Esos libros se quedaron en reserva para ser entregados a los productores al final, a cambio de los Patlalli.

–Lo interesante de este tipo de moneda es no acaparar. No gana el juego quien tenga más monedas porque el chiste es que se pueda hacer el intercambio y el diálogo. Es decir, que podían hacerse intercambios aún sin la moneda o sólo de manera complementaria, podía ser también a la manera tradicional del trueque. La moneda no es tan importante como el intercambio solidario.

Los Patlallis se intercambiaron en su totalidad y no pueden acumularse ni usarse en otra ocasión, dejando también esa reflexión: se trata solamente de un trozo de papel. Finalmente los colectivos y la universidad consideran organizar más espacios y actividades de intercambio en un futuro.

Tania dice que ella y sus compañeros dentro de la maestría tuvieron la oportunidad de dialogar con personas involucradas en el uso del Túmin, quienes les dijeron que el respaldo de la moneda se le debe a la comunidad.

Un Túmin vale lo que un peso corriente mexicano y sólo se emite en billeres de 1T, 5T, 10T y 20T. Empezó a circular en El Espinal, Veracruz en 2010 con un equivalente a 50 mil túmin en 50 negocios. Actualmente la lista rebasa los 800 participantes y se amplía otras localidades de Veracruz, Puebla, Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal.

–Si yo soy productor de extracto de vainilla, por ejemplo, el consejo de Túmin me da una cierta cantidad de Túmin y yo con eso puedo comprar en la fonda o en la carnicería. Y ya que yo estoy ofreciendo un producto, la gente vendrá a mí para pagarme con Túmin. El 10% de lo reunido se va a la conservación del Túmin y el resto se reutiliza en ese círculo de productores.

En la amplia red del Túmin no solamente se ofertan productos sino también servicios como masajes, terapias psicológicas, albañería, cortes de pelo, clases de matemáticas, etc. Lo que permite que pocos se queden fuera del proceso de intercambio.

–¿Cuáles son los obstáculos a los que se enfrenta el dinero comunitario? –se cuestionó a Tania Huerta.

–Tenemos el chip capitalista y consumidor que hace que repitamos las mismas acciones que haríamos si tuviéramos el dinero corriente. Esta parte de comprar y consumir sin  pensar que entre más monedas se tenga se será más rico. Lo que se necesita es una visión en la que la moneda o el dinero no sea la razón por la que gire nuestro día. Es una cuestión de repensarnos y saber que todo el tiempo nos han inculcado que hay que ser individualistas, tener más, ganar más porque así yo valgo más… esas son piedritas en el camino.

El caso del Túmin y otras monedas comunitarias

Un Túmin vale lo que un peso corriente mexicano y sólo se emite en billeres de 1T, 5T, 10T y 20T. Empezó a circular en El Espinal, Veracruz en 2010 con un equivalente a 50 mil túmin en 50 negocios. Actualmente la lista rebasa los 800 participantes y se amplía otras localidades de Veracruz, Puebla, Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal.

En Puebla están inscritos en la lista del Túnim más de 50 personas que trabajan como independientes o que tienen algún negocio. Las localidades de las que provienen son Puebla, Cholula, Atlixco, Libres, Cuyuaco, Hueyapan, Yaonahuac y Zautla.

En el Espinal, en Veracruz, el Túmin fue aceptado incluso por el antiguo presidente municipal como pago (completo o complementario) para el predial y el agua. Ese Túmin lo entregaba a las personas trabajando en el Ayuntamiento.

El caso de esta moneda es el más extendido en la República, tanto que en 2011 el Banco de México interpuso una denuncia contra sus creadores, respaldándose en el artículo 28 de la constitución donde se dice que sólo el Banco de México está autorizado para emitir papel moneda. La denuncia no procedió pero quedó abierta, por lo que en algún momento podría saberse algo nuevo al respecto.

Sin embargo, el Túmin no es la única moneda alternativa que circula.

En julio de 2015 nació el Amanatli (charco en náhuatl) en San Miguel de Allende, Guanajuato, para un tianguis mensual en un jardín botánico de cactáceas que se llama el Charco del Ingenio. También circula el Mixiuhca en el tianguis del kiosco de la Magdalena Mixiuhca, en la Ciudad de México, y se han hecho otros experimentos con monedas comunitarias como el Chapingo en la Universidad de Chapingo durante una feria de tianguis en Texcoco.

El Dr. Héctor Sotomayor dice que aunque el fenómeno de la moneda social no es nuevo, en años recientes se ha ido generalizando y ante eso, las personas dedicadas a las ciencias sociales tienen que hacer una profunda revisión teórica. Además, en casos específicos como la Maestría en Desarrollo Económico y Cooperación Internacional, el objetivo es la generación de profesionales que sean capaces de acompañar formas que la propia sociedad se está dando para tratan de mejorar sus condiciones particulares.

–Si este proceso (el de la capacitación e iniciativas para el uso de monedas sociales) se va a ir desarrollando tiene que ir respetando las distintas ferias o distintas monedas. Sería un gran error pensar que alguien puede comandar para todos una moneda social, porque entonces sería un banco central paralelo y se vería influenciado por la propia lógica de la moneda dentro del sistema capitalista –concluye.

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