Los bandos y la evaluación

Los bandos y la evaluación

Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

La semana pasada estuve en la ciudad de Chihuahua en el XIII Congreso de Investigación Educativa que organiza cada dos años el Consejo Mexicano de Investigación Educativa. Este es el evento más importante en nuestro país para investigadores educativos. El nivel del congreso es muy alto y siempre resultan cosas interesantes para aprender y compartir. Además de conferencias magistrales, se presentan ponencias con investigaciones ya concluidas o que se encuentran en proceso, se hacen presentaciones de libros, se ofrecen conversatorios entre tres o cuatro investigadores con una temática en particular, hay simposios con académicos que están realizando prácticas específicas y su propósito es compartirlas y generar un intercambio, entre muchas otras cosas.

En pocas palabras, este congreso que se ha realizado por casi 25 años, es un espacio para compartir, dar a conocer, reconocer, recibir, intercambiar, pero sobre todo para dialogar acerca de diversos aspectos y fenómenos que afectan a la educación. Yo he sido testigo de lo que en estos congresos sucede desde el año de 2007 que se llevó a cabo en Yucatán y en ese primer evento pude ver mucha presencia de investigadores educativos y de estudiantes de posgrados en educación de todo el país.

A lo largo de estos ocho años, he sido testigo de como se han ido transformando las características de los asistentes y en los dos últimos congresos, el del 2013 que se llevó a cabo en Guanajuato y este de Chihuahua, en donde además de los investigadores y de los estudiantes de posgrado ha habido mucha presencia de profesores de escuelas normales y de profesores de educación básica que, muchos de ellos, son al mismo tiempo, estudiantes de posgrado y por lo tanto llevan a este congreso investigaciones a presentar, cosa que es de celebrarse, pues el tema de la investigación educativa ya no está en una élite.

Del mismo modo en estos dos últimos congresos he visto cómo las cosas se han ido polarizando y observo cómo nos estamos cerrando al diálogo. El miércoles por la tarde la junta de gobierno del INEE propuso un conversatorio en donde ellos buscaban explicar cómo han diseñado la evaluación y lo que están haciendo, más allá de la evaluación de la docencia, para evaluar otros aspectos de la educación y cómo están proporcionando insumos a autoridades e investigadores educativos para hacer mejoras sustanciales en la educación en México. Quisieron dejar claro cuáles son sus funciones y hasta dónde llegan estas, de acuerdo con la legislación. Pero cuando vino el intercambio de ideas con el público, esta se convirtió en una sesión de reclamos, ofensas y gritos. Los argumentos se cayeron, simplemente y la desconfianza se hizo evidente.

Por supuesto que la evaluación de profesores que propuso el INEE y que está ejecutando la SEP está generando este huracán con dos bandos muy bien definidos; por un lado se han agrupado los que están a favor de la evaluación y ven en esta política pública la única manera de mejorar la calidad de la educación en México y en el otro se han agrupado los que están en contra de la misma. En ambos bandos hay académicos e investigadores educativos, pero sólo en el segundo hay profesores. En ambos bandos hay argumentos de por qué debe hacerse la evaluación o de por qué no debe hacerse, pero percibo en el primer bando una mayor apertura para escuchar las razones de los otros y en el segundo bando veo razones más políticas y menos relacionadas con la educación y su mejora.

La evaluación de profesores que propuso el INEE y que está ejecutando la SEP está generando este huracán con dos bandos muy bien definidos; por un lado se han agrupado los que están a favor de la evaluación y ven en esta política pública la única manera de mejorar la calidad de la educación en México y en el otro se han agrupado los que están en contra de la misma.

Observo poco diálogo y pocas ganas de sentarse a establecer razones, argumentos que puedan realmente ayudar a mejorar la educación en nuestro país. Los que estoy mirando es una cerrazón poco argumentada y veo una gran pérdida de la confianza de un bando y el otro. Tristemente veo que hay más argumentos políticos que razones sólidas, tristemente veo que los niños y los jóvenes que son las personas que se verán beneficiados con las posibles mejoras, han salido de toda discusión. En el fondo está la permanencia de los docentes, las horas que tarda la evaluación, si los profesores son idóneos o no, si hay condiciones para hacer la evaluación, si es confiable y válida, pero en ningún momento se habla de cómo se verán beneficiados los estudiantes de todos los niveles educativos si la educación tiene algunas mejoras.

No podemos olvidar que educativamente hablando, estamos mal en México, los currículos de educación básica y de media superior son muy extensos y los resultados son muy pobres. Por esto requerimos cambiar lo que se hace en las escuelas, por eso necesitamos abrirnos y confiar, hace falta escuchar y creer, sería conveniente brindar el beneficio de la duda al otro. Ya no por el empleo que podamos conservar sino porque este país requiere un sistema educativo fuerte y nuestros niños y jóvenes necesitan adquirir aprendizajes sólidos para enfrentar el futuro que, ya todos sabemos, será incierto.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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