El cuerpo de la mujer como espacio de batalla
En el estado de Puebla existe un problema grave. La cantidad de asesinatos de mujeres que cada semana se dan a conocer en los medios de comunicación no es cosa menor. Las autoridades han intentado minimizar estos hechos bajo el argumento de: crímenes pasionales. Lo cierto, es que aún si ese argumento fuera verdad, no justifica el asesinato de ninguna persona.
Por Lado B @ladobemx
13 de noviembre, 2015
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Mtra. Erika Cruz Torres

[dropcap type=»1″]E[/dropcap]n el estado de Puebla existe un problema grave. La cantidad de asesinatos de mujeres que cada semana se dan a conocer en los medios de comunicación no es cosa menor. Las autoridades han intentado minimizar estos hechos bajo el argumento de: crímenes pasionales. Lo cierto, es que aún si ese argumento fuera verdad, no justifica el asesinato de ninguna persona.

Una característica de los asesinatos de mujeres es la saña con la que se presentan. Los cuerpos, en la mayoría de los casos son expuestos públicamente, desnudos o semidesnudos y con signos de tortura principalmente en áreas sexuales. Actitudes que pudieran enmarcarse como odio hacia el género mujer o incluso a quien parece mujer.

Lo que es un hecho, es que actualmente, ser mujer de entre 12 y 35 años en el estado de Puebla es muy peligroso, la poca capacidad de las autoridades que debieran atender la seguridad de la ciudadanía da carta abierta a este tipo de asesinatos; mientras el sistema de justicia tenga vacíos en los cuales se permita el feminicidio, poca esperanza hay para las mujeres. Por ejemplo, que un asesino confeso no pueda ser juzgado hasta no encontrar el cuerpo, parece incluso una sugerencia a continuar cometiendo esta barbarie.

Es importante mencionar que existe La ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual busca ser un instrumento jurídico con perspectiva de género, que establezca condiciones jurídicas de seguridad para las mujeres del país. Obliga a los gobiernos federal, estatal y municipal a que apliquen políticas públicas para brindar condiciones necesarias que permitan vivir en un medio ambiente adecuado para el desarrollo y bienestar, lo cual, según el Banco Mundial, implica un conjunto complejo de condiciones físicas, geográficas, biológicas, sociales, culturales y políticas que rodean a un organismo o individuo y determinan su forma y naturaleza de supervivencia.

Esta Ley, en su título tercero, denomina las modalidades de la violencia, es decir, las formas de generar violencia, ya sea en el campo privado con la violencia familiar y /o la violencia sexual que se da tanto en el hogar como en el sector laboral o escolar; así como el reconocimiento de la violencia en la comunidad y la posible violencia de Estado. Esta última es considerada cuando por inacción, o tolerancia, el Estado legitima y favorece acciones contra la vida de las mujeres. Esta ley, entró en vigor en 2007 y tiene como una de sus herramientas: La alerta de violencia de género.

[pull_quote_right]Una característica de los asesinatos de mujeres es la saña con la que se presentan. Los cuerpos, en la mayoría de los casos son expuestos públicamente, desnudos o semidesnudos y con signos de tortura principalmente en áreas sexuales. Actitudes que pudieran enmarcarse como odio hacia el género mujer o incluso a quien parece mujer.[/pull_quote_right]

Es alarmante que aun cuando cada semana en el estado de Puebla, mínimo una mujer es asesinada o desaparecida, las autoridades no consideren necesario activar La alerta de violencia de género, la cual es un instrumento jurídico que promueve acciones gubernamentales de emergencia con la finalidad de erradicar la violencia feminicida.

Es decir, con la alerta se busca prevenir delitos recurrentes contra las mujeres en un contexto de impunidad y permisividad. Sin embargo, no se explica por qué no se ha considerado para el estado de Puebla. ¿Acaso deberíamos recordar las redes de prostitución y trata de mujeres y menores de edad en las cuales estuvieron involucradas personas que ocupaban cargos gubernamentales?

Lo cierto es que el asesinato de mujeres es la expresión máxima de una cultura patriarcal en la cual se enfatiza y promueven las características ligadas al sexo masculino sobre las femeninas. Y sobretodo la idea de que el cuerpo de las mujeres es de dominio público. El acoso callejero, que algunas personas quieren disfrazar con el nombre de “piropo” da cuenta de esta relación de subordinación, en la cual, además, se le exige a la mujer que lo vea como algo normal y hasta halagador; cuando en realidad no se tiene porque aceptar una opinión no pedida y mucho menos tan agresiva.

Una conducta tan habitual por cotidiana, no tiene por que ser reconocida como normal. En los casos “mas inocentes” se queda en palabras y frases soeces, pero la violencia siempre incrementa y se naturaliza también con una nalgada, un tocamiento, rozamiento o frotamiento so pretexto de no darse cuenta. Cuando una mujer se atreve a reclamar el respeto de su espacio vital es juzgada como histérica u hormonal, despojándola de todo derecho como persona y como mujer: convirtiéndola en objeto.

Sin duda, tenemos un reto como sociedad, actualmente se piensa que el papel de la mujer en el espacio público o en puestos de trabajo remunerados ha sido una “ganancia” para el género; sin embargo, parece que esta doble o triple carga de trabajo además de que no es valorada con justa medida económica, se convierte en un espacio de vulnerabilidad para quien tiene que cubrir jornadas diurnas y nocturnas.

El cuerpo de la mujer se convierte entonces en un espacio de batalla, en el cual, las cifras que hasta ahora tenemos de feminicidios nos revelan que las mujeres son quienes más pierden.

[quote_box_left]La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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Lado B
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