Los "polvos mágicos" de un científico poblano (2do lugar Crónica)
La historia de una investigación de varios años, el proyecto de un científico poblano: un talco cicatrizante para pie diabético
Por Mely Arellano @melyarel
08 de octubre, 2015
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Este trabajo fue publicado el 29 de agosto del 2014 y fue merecedor del 2do lugar en la Categoría Crónica en la edición 2015 del Premio Cuauhtémoc Moctezuma al periodismo en Puebla.

La historia de una investigación de varios años, el proyecto de un científico poblano: un talco cicatrizante para pie diabético. 

Para Yaz, con amor.

Mely Arellano Ayala

@melyarel

Ya es marzo pero el calor aún parece de invierno: un sol que pica. A mediodía, una parte de Ciudad Universitaria de la BUAP es desierto. Pocos caminan, el horizonte está monopolizado por decenas de autos inmóviles en los amplios estacionamientos. La disposición de nuevos edificios, uno por ahí, otro por allá, como hoteles en un tablero de Monopoly, son apenas obstáculo para el viento que los rodea o los cruza.

El Departamento de Zeolitas del Instituto de Ciencias está en esa zona desde hace dos años y es, desde afuera, un enorme bloque blanco. Adentro tiene un pasillo y varias divisiones. Miguel Ángel Hernández Espinosa ocupa un pequeño cubículo dentro del amplio laboratorio. Ahí, el calor es soportable sólo gracias al airecito que un ventilador reparte.

Miguel Ángel Hernández es moreno y de baja estatura, usa lentes de armazón negro, el cabello, oscuro y con poquísimas canas, lo lleva corto y bien peinado. El tono de su voz, cantadito al final de las frases, revela su origen: poblano de cepa, de barrio; con un arrastre de letras que a veces desaparecen o se vuelven apenas un susurro.

Le gusta el futbol pero no es aficionado del equipo local, sino del que improvisan los fines de semana los vecinos de la colonia donde creció, la 20 de Noviembre, en el poniente de la ciudad. También le “requetencanta” guisar por herencia de su madre, ganadora en concursos de mole poblano.

Estudió Química Industrial en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), hizo su maestría y su doctorado en Fisicoquímica de Superficies e Interfaces en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en la ciudad de México, y ha realizado dos estancias postdoctorales.

Es uno de los 469 investigadores de la BUAP que pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), docente en la Facultad de Ciencias Químicas de la misma universidad y creador de un talco cicatrizante para pie diabético, único en México.

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Como el antes y el después que aparece en los comerciales de los productos milagro, las imágenes hablan de tres momentos diferentes. La primera foto, al principio, es incomprensible: la herida de 15 centímetros parece una boca, una boca abierta que deja ver la lengua, una boca uniforme, una boca en la garganta de la mujer que tiene levantada la cabeza y mira el techo. En la segunda foto la herida es una boca pequeña, una boca que avienta un beso. En la última ya no hay boca, sólo la garganta de la mujer y una cicatriz de 3 centímetros.

Las imágenes forman parte del registro de casos del Centro Comunitario de Atención al Cuidado de la Vida (Cecacvi) en Santa Ana Coatepec, donde en los dos últimos dos años han atendido a 170 pacientes de pie diabético, y desde el 2013 usan el talco creado por el doctor Miguel Ángel Hernández Espinosa.

Santa Ana Coatepec es una localidad con menos de 1200 habitantes en el municipio de Huaquechula, a 40 kilómetros de la capital del estado de Puebla, y parece de una sola calle, larga y bien pavimentada de la que salen otras calles de tierra.

En Santa Ana Coatepec hay dos pequeñas pizzerías –el negocio más socorrido por los migrantes que regresan a su lugar de origen-, dos clínicas y un bachillerato deprimente cuyos salones son silos de cono que un día estuvieron llenos de granos y hoy lo están de jóvenes. Una de las clínicas es del IMSS, atendida por una enfermera que parece haber rebasado los 60 años y un médico con frecuencia ausente que expide recetas a teclazos. La otra clínica es el centro comunitario que depende de la Facultad de Enfermería de la BUAP desde 1998. Ahí hay siete casos de éxito documentados usando el talco para pie diabético o “polvos mágicos”, como les dice un paciente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al pie diabético como “la infección, la ulceración y la destrucción de los tejidos profundos, asociadas con anormalidades neurológicas (pérdida de la sensibilidad al dolor) y vasculopatía periférica de diversa gravedad en las extremidades inferiores”.

Para una persona con diabetes mellitus, un golpe, un raspón, o incluso la molestia constante de un zapato puede transformarse en una lesión que arriesgaría la extremidad (dedo, pie o incluso pierna) y hasta la vida.

La herida de 15 centímetros en la garganta de la mujer diabética se debió a una mala praxis al extraerle una muela sin posterior tratamiento farmacológico, lo que generó una infección que fue empeorando al aumentar el nivel de la glucosa, formándose un absceso que se necrosó y tuvo que ser removido quirúrgicamente, pero la herida bien pudo tenerla en un tobillo, en la antepierna, incluso en un brazo o, por supuesto, en el pie.

Foto: @melyarel

Foto: @melyarel

Una publicación del Instituto Nacional de Salud explica que el pie “es particularmente vulnerable a daños circulatorios y neurológicos, y el menor trauma puede causar úlceras o infecciones. La enfermedad macrovascular de las extremidades inferiores es más común y progresa más rápidamente en presencia de la DM (diabetes mellitus); tiene, asimismo, una distribución peritibial característica, a la cual se agrega la frugalidad de las arterias del pie. Así, el pie diabético se hace más vulnerable a las heridas”.

–En las 22 áreas de influencia del centro comunitario es muy común la diabetes mellitus –explica la coordinadora de Cecacvi y maestra en Enfermería, María del Rosario López Huerta-, la gente es muy descuidada con su salud, el calzado que usan produce ulceraciones y como no se lo cuidan terminan con pie diabético.

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El halo mágico o milagroso que rodea al talco dada su sorprendente efectividad se refuerza con el recelo con que Miguel Ángel Hernández habla de su investigación, y la manera en que resume más de 20 años de trabajo científico con explicaciones que, si bien incluyen términos tipo “distribución de poros ordenada, superficie específica alta, fenómenos cuánticos y altas energías”, concluyen en un: “¡Y chin!, ya teníamos el talco”, como si, efectivamente, hubiera sido por arte de magia.

-Ni tenía idea para qué servía (el talco) –insiste, aunque sí conocía a la perfección las propiedades de sus componentes: zeolitas y Tournefortia hirsutissima.

Las zeolitas son piedras blancuzcas que se encuentran en zonas semidesérticas como la región de Tehuacán y San Gabriel Chilac en el estado de Puebla. En México se conocen unos 25 yacimientos de este mineral, de los cuales entre 10 y 12 han sido reportados por el propio Miguel Ángel Hernández. Existen cerca de 294 estructuras diferentes de zeolitas, suelen usarse para el relleno de carreteras o el tratamiento de aguas, sin embargo su pureza había sido hasta ahora desaprovechada. Por sus propiedades son un poderoso antioxidante, incluso recomendadas en el tratamiento del cáncer.

El talco cicatrizante –elaborado con nanotecnología- contiene zeolitas perfectamente trituradas y extracto de Tournefortia hirsutissima, una planta con hojas alargadas como el laurel y pequeñas florecitas blancas que se da en la mixteca poblana y tiene efectos antidiabéticos.

El efecto del talco es en dos fases. Primero las zeolitas absorben la humedad de la úlcera o lesión, lo que elimina las bacterias infecciosas; en seguida la fase activa, o sea la planta, hace lo suyo: regenera el tejido, ¿cómo?, Miguel Ángel Hernández aún lo desconoce.

–Todavía no sé el mecanismo, hemos alimentado las súper computadoras y una me da uno (resultado), otra me da otro, todavía no sabemos, no lo sé, no lo sabemos. El mecanismo está complicado.

El científico no pasa por alto que sus respuestas podrían hacerle pensar a más de uno que su descubrimiento fue cosa de suerte, pero hasta con eso bromea y al final levanta los hombros, como dejando que cada quien saque sus propias conclusiones.

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Las zeolitas han sido objeto de estudio de Miguel Ángel Hernández desde la licenciatura y el talco es uno más de varios proyectos que ha desarrollado explotando sus propiedades, un campo que había sido inexplorado y con el que se enganchó siguiendo el consejo que un maestro le dio al final de uno de sus postdoctorados.

–Me dijo: “mira, a la mejor no eres muy bueno, pero si te dedicas a algo que nada más tú (hagas), nadie te va decir nada. Tienes que ser original”. Y parece que esto es original –señala el talco-. Lo clasifiqué como material híbrido y no hay nada como esto, porque tiene una parte orgánica y una parte inorgánica. Es como estar en un iceberg, para donde quiera que le jales no encontrarás nada. Vas solito.

El trabajo para crear el talco cicatrizante comenzó más o menos en el 2009, para el 2012 ya publicaba un documento (paper) en Cambridge Journals sobre sus descubrimientos de regeneración celular en material híbrido. Pero fue hasta el 2011 cuando comprobó el efecto del talco en el pie diabético, al recomendárselo a un pariente que tenía una lesión pero dudó de los “polvos mágicos” y perdió el pie.

Foto: @melyarel

Foto: @melyarel

–Y no creyó, no se lo puso… al cuate le cortaron el pie. Luego andaba en muletas, parecía el hombre araña, y se cayó; ahora la infección ponía en riesgo que le cortaran hasta la rodilla. Se lo puso (el talco) y la herida le cicatrizó aproximadamente en 2 meses y medio. Pero era una herida seria. Fue cuando me di cuenta de que sí funcionaba.

–¿Pero sospechaba que podía funcionar para eso?

–No.

–¿No tenía la menor idea?

–No. Y los microscópicos electrónicos y los rayos equis y la composición química, y los fenómenos de superficie, todo lo teníamos ya. Entonces cuando vi eso, dije “ay caramba”.

La efectividad del talco se comprobaría después, gracias a la intervención de su esposa, la química farmacobióloga y maestra en Ciencias, Martha Alicia Salgado, quien le sugirió llevar algunas muestras del talco al Centro Comunitario de Atención al Cuidado de la Vida en Santa Ana Coatepec, donde realizaba actividades comunitarias.

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250 personas mueren cada día por complicaciones de diabetes en México: esto es 5 autobuses llenos de pasajeros o 23 equipos de futbol, uno detrás del otro.

La causa de esta enfermedad es la mala alimentación y el sobrepeso. De ahí tanto comercial en la televisión promoviendo el ejercicio y los buenos hábitos, una estrategia que ha surtido poco efecto pues el país sigue superando negativamente las expectativas, para comprobarlo no hace falta más que mirar alrededor: un tercio de la población mexicana es obesa.

En el 2013 los costos directos e indirectos por el tratamiento de la diabetes en México fueron de 7,800 millones de pesos. Con tanto dinero se pudieron comprar más de 11 mil autos de lujo o 78 mil autos compactos de los más económicos del mercado.

También ese año 75,000 personas –equivalente a casi toda la población del municipio de Cuautlancingo- perdieron al menos un miembro como consecuencia del pie diabético, una de las complicaciones de la diabetes mellitus.

El pie diabético afecta alrededor del 15 al 25 por ciento de los pacientes durante toda su vida y alrededor del 80 al 85 por ciento de las amputaciones son precedidas por úlceras del pie.

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En México hay varias hierbas con efecto antidiabético: nopal, tronadora, salvia, mango, hierbabuena, aguacate, palo de tres castillas, damiana y lágrimas de san pedro son algunas. Una de las que causan mayor índice de reducción de azúcar es la tournefortia. Haciendo revisiones bibliográficas, Miguel Ángel Hernández encontró que habían probado un extracto de la planta con metanol.

–Yo soy fisicoquímico y pienso, ¿por qué no el etanol, en lugar del metanol? Porque el metanol es un veneno, el etanol es el que nos tomamos. Lo cambiamos. Es éste –señala un gotero transparente que contiene un líquido verde-, y el efecto es el mismo. Esta es la primicia. Lo estamos probando.

Se refiere a un extracto que, junto con el talco cicatrizante, formaría parte del tratamiento completo para pie diabético, pues baja el nivel del azúcar hasta en un 32 por ciento con una dosis de 20 gotas por 14 días.

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–Con las enfermeras (que probaron el talco en Santa Ana Coatepec) se estableció el protocolo de aplicación con base en su experiencia: primero, no hagas enojar a las enfermeras; segundo, tienes que decirles licenciadas en enfermería, no son enfermeras –se carcajea y continúa-. Checar los niveles de glucosa, que no estén tan disparados, si están disparados, bajarle. ¿Cómo?, ese es un problema. Ahora ya digo: ¡ah pues con esto! –señala el extracto-, pero también consumir cosas verdes, pero no fumadas –se ríe de nuevo y celebra el chiste-, lechugas, espinacas, verdolagas, mucho consumo de semillas, frijoles, habas, cosas así, te ponen en otro estado, pero eso es otro boleto –más risas-. Cero refrescos. Estar tranquilos durante el tratamiento, no estresados y eso ha influido, ayuda mucho.

En febrero pasado, luego de obtener el registro de la patente, el talco cicatrizante para pie diabético comenzó a venderse en las farmacias universitarias Alexander Fleming de Puebla, a un costo de 220 pesos el frasco de 20 gramos.

En último documento científico con los resultados de su investigación, Miguel Ángel Hernández incluye el seguimiento de algunos casos exitosos usando el talco.

–Son diferentes las ulceraciones, hay algunas en la planta del pie, otras entre los dedos, ¡cuidaaaado!, otras en el empeine, muy agresivas, feítaaas. Gracias a Dios, las personas que han venido, yo digo que el 95 por ciento se les ha salvado su piernita. Te lo juro. Ya ni regresan, a veces me envían un correo, o me ofrecen piñatas, y eso es bien padre, porque yo ni soy médico pero por azares del destino…

En lugar de terminar la frase Miguel Ángel Hernández encoge los hombros y levanta las manos con las palmas hacia arriba.

–Éste fue el primero –sigue diciendo mientras pone las imágenes en su computadora-, pie con ulceración, le cortaron el pie, luego se cayó, se le hizo otra ulceración, 45 años, entre 5 y 6 semanas de aplicación (del talco). Luego éste, un señor grande, 90 años, 4 semanas de aplicación. Otro con la ulceración en la planta de pie, en 2 semanas salió.  Y esta es una señora que me dijo “cuando me componga lo voy a venir a traer para que nos vayamos a bailar”. Y le dije que sí. Yo creo que eso también influye –revienta la carcajada de nuevo.

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Mely Arellano