Las reglas, la pista ¿Y la meta?, (algunas reflexiones sobre el modelo...

Las reglas, la pista ¿Y la meta?, (algunas reflexiones sobre el modelo educativo 1)

Martín López Calva

@M_Lópezcalva

“…no puede ser satisfactorio un modelo originado en la preocupación exclusiva por el rendimiento económico del gasto educativo, atento a la relación costo-beneficio y la tasa de rentabilidad de la inversión; estamos ante una concepción productivista de la educación, centrada en insumos y resultados, y una definición de calidad que reduce la tarea educativa al dominio de la información que se considera relevante…”

Pablo Latapí. Tiempo educativo mexicano. (págs. 44 y 45).

 

“La SEP reconoció que el nuevo modelo educativo para los alumnos de educación básica no está listo y tampoco lo estará para este año, pues el diseño sigue revisándose y en los próximos meses sólo se darán a conocer avances…” declaró recientemente el Subsecretario de Educación Básica de la SEP federal, Alberto Curi Naime. El funcionario añadió que no hay fecha prevista para tener listo este documento fundamental pero que se está avanzando “en el mecanismo” para definirlo y que pronto se darían noticias al respecto.

Esta declaración resulta preocupante y debe mantener en alerta a todos los docentes, directivos, investigadores educativos, padres de familia y demás actores que trabajamos directamente dentro del sistema educativo y en última instancia a todos los miembros de la sociedad mexicana que debemos estar interesados en la construcción de un sistema educativo moderno, pertinente, eficiente y equitativo que contribuya a la verdadera transformación del país.

Porque si bien los elementos de cambio que ha introducido la reforma educativa de este gobierno están aportando elementos para contar con nuevas reglas y una pista pareja para avanzar en el camino de la transformación educativa, la formulación del modelo educativo nacional resulta indispensable para definir la meta o las metas hacia las que se deben dirigir los esfuerzos de todos los actores de la educación.

El establecimiento del Servicio profesional docente, la constitución de un Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), la generación de normas para la evaluación de los docentes, directivos, estudiantes y demás elementos del sistema educativo nacional y el reciente inicio de promulgación de directrices que a partir de lo que arrojan los datos de las evaluaciones orienten la definición de políticas públicas en materia educativa son, como he mencionado reiteradamente en esta columna, condiciones necesarias pero no suficientes para la reforma integral y profunda que necesita nuestra educación.

Para completar esta reforma se requieren cambios sustanciales en la formación inicial y permanente de los docentes y directivos escolares, mejoras radicales en la infraestructura y equipamiento de los centros educativos, transformaciones en la organización de la SEP y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, otorgamiento de autonomía a las escuelas, replanteamiento de la participación social en la educación y revisión de los planes y programas de estudio de los diferentes niveles educativos.

Pero todos estos elementos necesitan alinearse a una visión común que, respetando la diversidad, oriente y articule el trabajo colaborativo de todos los actores hacia la formación de los futuros ciudadanos desde la perspectiva del país que queremos construir entre todos.

Esta visión, como afirmaba atinadamente Pablo Latapí Sarre, no puede responder exclusivamente a criterios de rentabilidad de la inversión o guiarse por una idea productivista que mira la tarea educativa en términos de insumos, procesos y productos.

Un elemento fundamental para definir el modelo educativo es la respuesta a la pregunta sobre el perfil de ser humano que se quiere formar con relación al sistema económico y político establecido. En este espacio intentaré esbozar algunos elementos de una perspectiva de formación humanista integral que considero debería sustentar el modelo educativo, en el marco de la tendencia de la “Educación para la renta” que según Martha Nussbaum está vigente en la mayor parte del mundo actual[1].

El hombre –la humanidad- es un sujeto inacabado, un ser que se tiene que ir haciendo a sí mismo en interacción permanente con lo otro, con los otros y con el misterio que lo trasciende. El ser humano no nace ya hecho y tiene el reto fundamental de construir su propio drama, el drama de su propia existencia en la presencia y la interacción de los otros, el drama primordial que el teatro solamente imita, afirma Lonergan.

En este proceso de construcción el sujeto humano necesita relacionarse con los bienes que le rodean: desde los más elementales que resolverán sus necesidades biológicas y de supervivencia hasta los más sofisticados que le ayudarán a crecer intelectual, existencial y espiritualmente.

Pero esta relación no es solamente la de un individuo aislado frente a una serie de bienes inagotables sino la de muchos seres humanos frente a una cantidad limitada de bienes y a la necesidad de organizar la distribución sistemática y más o menos equitativa de estos.

El hombre –la humanidad- es un sujeto inacabado, un ser que se tiene que ir haciendo a sí mismo en interacción permanente con lo otro, con los otros y con el misterio que lo trasciende. El ser humano no nace ya hecho y tiene el reto fundamental de construir su propio drama, el drama de su propia existencia en la presencia y la interacción de los otros, el drama primordial que el teatro solamente imita, afirma Lonergan.

La relación implica necesariamente organización adecuada de la operación social para la producción de nuevos bienes que garanticen la calidad de vida de todos: estamos aquí frente a la necesidad de construir el “bien de orden”. En esta organización para la construcción del bien de orden existe también de manera implícita o explícita una priorización y una visión concreta de la relación con los bienes en función de los que se considera valioso o conveniente o bueno para cada persona, para cada grupo, para cada sociedad, para cada momento histórico: este es el campo de los valores.

Un bien particular puede ser una cosa, un acontecimiento, una satisfacción o una operación que satisface una necesidad particular (en el sentido amplio del término) de una persona o grupo de personas en concreto. El bien de orden en cambio es la estructura o instalación, es ese sistema organizado de operaciones que pretenden garantizar la recurrencia de los bienes particulares para todos los seres humanos de manera constante. El bien de orden no es un bien particular sino un flujo constante de bienes particulares. Yo necesito desayunar hoy y ese es un bien particular pero lo que puede garantizar que yo -y todos los miembros de la sociedad- pueda desayunar diariamente es un determinado bien de orden. Es así que un sistema económico es parte de un bien de orden, así como lo son un sistema político, un sistema educativo, o una estructura familiar.

Pero la relación con los bienes particulares y con el bien de orden debe estar orientada hacia el proceso de humanización personal y al proceso colectivo realización de la humanidad. Eso es lo que constituye un valor o valores: el conjunto de relaciones genuinas con genuinos bienes particulares y el compromiso sostenido con la construcción de un auténtico bien de orden que garantice la humanización de todos.

En la construcción de la persona humana y de la persona humanidad se va experimentando con diversas maneras de estructurar el bien de orden: diversos sistemas económicos, políticos y sociales, diversas instituciones y modos de funcionamiento institucionales, etc. Lo que determina su mayor o menor pertinencia es precisamente el criterio de los valores en que se sustenta y si estos valores favorecen la humanización individual y colectiva. Pero desgraciadamente lo que determina su vigencia o su olvido va siendo muchas veces el poder que tengan el grupo o los grupos que dirigen o sostienen este sistema y que se benefician de él.

El modelo educativo nacional que está aún pendiente deberá ser un modelo que ponga en el centro al ser humano y sus necesidades de realización a partir de ciertos bienes particulares –no solamente materiales sino también estéticos, espirituales, intelectuales, morales, afectivos, ecológicos, etc.- que necesitan ser garantizados por un auténtico bien de orden que genere condiciones e instituciones que promuevan el flujo continuo, sistemático y equitativo de toda la gama de bienes particulares para todos los miembros de la sociedad.

El país necesita un modelo educativo que a partir de una valoración adecuada ponga en perspectiva el sistema económico y político vigente como una forma de bien de orden necesitada de transformación y no se convierta en un instrumento de este sistema para la producción de meros productores-consumidores acríticos que sean funcionales para su permanencia.


[1] Lo hago retomando una parte de una Ponencia que presenté en el 5º. ENCUENTRO ACADÉMICO DEL CENTRO DE FORMACIÓN HUMANISTA dentro del panel: “Humanismo y Neoliberalismo (La persona humana en el neoliberalismo)” en la Ibero cd. de México hace ya un buen número de años, que está publicado en las memorias del encuentro. El texto completo puede consultarse en mi blog.

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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