Los límites de la ficción: La Danza del Hipocampo
Javier Caravantes
Por Javier Caravantes @javicaravantes
25 de septiembre, 2015
Comparte

«La danza del hipocampo» es un largometraje documental poblano que aborda a la memoria y a la creación de recuerdos con datos científicos pero desde una perspectiva personal. La obra fue estrenada en marzo pasado

Javier Caravantes
@javicaravantes

[dropcap type=»3″]E[/dropcap]s la misma sonrisa: Gabriela, de niña, retratada por la cámara familiar, tímida, entre que saluda y se esconde; años después, en el Festival Internacional de Cine de Morelia, frente a los flashes de los fotógrafos, sostiene un premio otorgado a su documental “La danza del hipocampo”; su sonrisa es idéntica: amplia, de comisuras tan desplegadas como una luna creciente.

***

¿Cuál es el primer acercamiento a una obra?, ¿el título?

Sólo quien ha padecido el tormento de no encontrarlo sabe lo difícil de dar con uno bueno. Una palabra o el exacto conjunto de palabras que se disfrute al pronunciar y al mismo tiempo cause un efecto. Gabriela D. Ruvalcaba lo logró.

El vaivén de recuerdos, una sensación de movimientos, cadencia, ir y venir: una danza, “La danza del hipocampo”; desde las primeras palabras, el título, plantea a la metáfora como un recurso fundamental de la película, explorar un discurso verdaderamente poético.

La danza del hipocampo, el sujeto y el verbo, no, al revés, primero el verbo: la acción que siempre da sentido al sustantivo.

Erika Mercado, la productora, no estaba segura, otros colegas le habían dicho que era un título demasiado ambiguo, daba una «idea falsa».

Gabriela lo defendió, todavía recuerda la sensación provocada por la tremenda certeza, pero no halla por completo el momento en que a su mente saltaron las dos palabras; aunque durante el rodaje las dudas serían una parte fundamental del desarrollo del proyecto, esa certeza no la cuestionó, su película se llamaría La danza del hipocampo.

El documental arranca con un despertar, el despertar de Gabriela ante la historia familiar, el deseo de reconstruirla, «la herencia de los míos»; una obsesión que no tenía se hizo consiente en ella. Con la premisa de que la memoria a corto plazo sólo retiene siete elementos antes de olvidar, el carril narrativo se perfila entre la reconstrucción a partir del Found footage (películas construidas a partir de otras), el análisis de la memoria, la búsqueda de la identidad a través de la imagen y el recuerdo. La protagonista se manifiesta mediante una voz en off que emprende un discurso en búsqueda de aquello de lo que no ha olvidado y la construye como persona.

En “La danza del hipocampo” lo mismo se recurre a la descripción científica: «el recuerdo es entonces una acción, la excitación de una célula que flota por el hipocampo»; que a fragmentos de videos donde vemos a cariñosos padres, en los «eternos días de campo». A las cintas familiares, a las fotos viejas, a los diarios, Gabriela les llama, «la cartografía del pasado». También hay imágenes acuáticas que empatan con el efecto como de “ensoñación” que los realizadores querían imprimirle.

***—El tiempo y la memoria son dos teman importantes en mis trabajos, en general en mis cuestionamientos.

Gabriela, la joven licenciada en Comunicación por la Udlap, graduada de un máster en Documental de Creación en la Universidad Autónoma de Barcelona y fundadora del colectivo Bosque Negro, está sentada en el sillón más cómodo de su casa, ha dispuesto los cojines de tal manera que la suave tela acolchona el contacto con casi cada parte de su cuerpo.

—Las obras nos transforman, nos atraviesan…

De pronto rompe la postura. Un gato ha comenzado a jugar con sus calcetines. A pesar de que Gabriela lo aleja el gato vuelve, se sube a sus muslos, se talla eufórico contra su pecho, casi no la deja hablar.

Estrenada en el festival de cine de Guadalajara, la pieza de «cine-ensayo», como a Gabriela le gusta llamarla, recibió reconocimientos desde esa primera proyección, repitiéndose en casi todos los festivales en que se va presentando.

En un taller organizado por Carlo Corea, quien se convertiría en guionista de la película, fue que la historia que venía elaborando Gabriela comenzó a transformarse y perfilarse. Ella intentaba elaborar un guión a partir de las experiencias de su amigo «El rojo», que sufrió un accidente y durante algún tiempo perdió la memoria. Pasaron meses de trabajo, el personaje fue derivándose en otro, ahora ficticio, de nombre Amalia.

Huye del gato: Gabriela se levanta del sillón, toma la computadora y se esconde en su recámara. Imagino que acomoda la laptop en su escritorio, frente a la pantalla continúa:

—Rojo en un principio inspiró la historia de Amalia, que a su vez me permite zafarme de la responsabilidad de hablar en primera persona. Eso ayuda al desarrollo. Al final regreso al germen de la película, la idea de cine-ensayo, explorar una mirada íntima, personal.

Gabriela continúo trabajando el guión con Carlo Corea, lo reescribieron completamente seis veces; la estructura no fue fija, el guión les sirvió como una guía pero intentaban, asegura, que no hubiera limitaciones:

—Una mezcla entra la ficción y la realidad. Fue muy intuitivo. Artesanal. De prueba y error.

***La danza del hipocampo en sus peores momentos es aburrida y no debería. Creo que fue por una defensa purista del género, innecesaria, no hay necesidad de defender la película como documental. La ambivalencia de la voz la mete en otros terrenos —con los brazos, las manos, los dedos, con cada parte del cuerpo Carlo Corea intenta enfatizar las palabras que ocupa.

El largometraje de 86 minutos es «100 por ciento poblano», asegura el coguionista y coeditor. En casa de sus suegros fue donde el taller se organizaba:

—El personaje era Gabriela pero para que tuviera alguna dimensión dramática había que hacerlo que no fuera Gabriela, y fue donde terminé entrando. A mí me gusta escribir desde la voz femenina, como que me sale mejor, es un fetiche

De las seis versiones que escribieron del guión, el quinto fue el que a Carlo le gustó más, pero Gabriela, apoyada por la productora le pidieron que elaborara otro guión más, el que sería el definitivo:

—Pudo haber sido más corta, más ágil, más entretenida. Pero por otro lado estoy muy orgulloso haber respetado las intenciones de Gabriela. El corte final del director. Hay un respeto raro entre los documentalistas por su género, puristas. La frontera para mí es difusa e impertinente. Cuando quiero molestar a Gabriela en la borrachera le digo que su película es de ficción.

***Erika Mercado productora creativa, como ella de inmediato se apresura a precisar, conoció el trabajo de Gabriela por un documental sobre la llegada de musulmanes a San Cristóbal de las Casas, desde ahí la «fichó». También coincidieron en el taller de Corea y fue que los tres formaron un equipo que tardaría seis años en ver terminado el resultado de su trabajo.

—El documental también es importante porque una cierta generación de personas en Puebla interesada por hacer cine demostraron que es posible, lograron de la nada construir una película con un montón de reconocimiento nacional.

La tesis de licenciatura con la que Erika se tituló fue un documental que ganó en el 2003 la categoría de mejor cortometraje documental en el Festival de Cine de Guadalajara. Realizó un máster en Francia en Producción Creativa, La danza del hipocampo fue poner en práctica los más de diez años que llevaba haciendo cine, «fue nuestra tesis práctica de maestría». Sólo hasta el final de la charla se anima a encontrarle algún inconveniente:

—No me imagino estar viendo La danza del hipocampo leyendo, por eso no ha tenido éxito en el mercado internacional. La voz permite una especie de trance que rompe con los subtítulos. Le dije a Gaby que podía ser una voz gringa con acento mexicano para que fuera natural. No quiso.

***A partir del documental generar otro tipo de diálogos sobre lo que es un documental; cuestionar la forma; generar una manera particular de hacer una película: Gabriela está segura de los objetivos que perseguía al realizar su primer largometraje:

—Para ser una ópera prima de alguien que no estudió en el CUEC, o en el CCC, que tiene una forma poco convencional, que retrata una historia personal, riesgosa, el resultado sobrepasó mis expectativas.

Gabriela está consciente de que algunas de las decisiones que tomó para la película seguirán siendo cuestionadas, por ejemplo, la participación de la voz en off, un recurso que para Carlo Corea y Erika Mercado fue utilizado en exceso.

A la fecha Gabriela no está convencida, «puede haber dos versiones» y su sonrisa vuelve a ser la misma que de niña, esa niña que disfrutaba ser filmada por su tío y que tiempo después con ese mismo material logró crea algo nuevo, distinto:

—Un documenta habla sobre lo real y ya los recursos que uno ocupe para hacerlo son tan diversos como la ficción, la apropiación de material o el performance. A mí las preguntas me encantan, es algo con lo que gusta trabajar. Espero que la película lance más preguntas. El proceso es la película.

Lado B. Periodismo 3.0

Comparte
Javier Caravantes