A diez minutos del centro de San Andrés Cholula está la Casa del Diablo, un lugar que por sus características pudo ser un templo de adoración satánica en un pueblo que hoy se asume piadoso y que trata, con poco éxito, de sacudirse la fama que trae consigo esa casa que sigue siendo leyenda    

Aranzazú Ayala 
@aranhera

De un lado el cielo está abierto, brilla el sol y las nubes resplandecen sobre el azul de fondo. Del otro, el que cubre la Casa del Diablo, las nubes gordas y oscuras amenazan con explotar.

La naturaleza le juega en contra a los habitantes de San Luis Tehuiloyocan, quienes se esfuerzan por sacudirse la fama de la casa que esta tarde, vista en la semi oscuridad, es la escena perfecta de una película de terror.

San Luis Tehuiloyocan es una localidad de San Andrés Cholula, ubicada a diez minutos del centro de la ancestral ciudad. Y ahí, pese a los deseos de la población, lo único que atrae al escaso turismo es la Casa del Diablo, llamada así por su muro lleno de grabados hechos con pequeñas piedras incrustadas, que forman imágenes medievales relacionadas con Satanás: monos con gorros papales con el pene erecto; una cortina coronando la pared, que simboliza lo oculto; dos ventanas con forma de iglesia invertida y una serie de textos escritos en latín en forma inversa.

Todo en ese muro es una representación del diablo, pero si uno no lo sabe podría pensar que es sólo una pared extraña en el patio trasero de una casa antiquísima, que ahora funciona como la casa de cultura.

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Llegamos la primera vez al pueblo por la única avenida que conecta con Cholula. En el camino que serpentea por los barrios de San Luis pasamos por debajo de los 9 arcos que se habían colocado para recibir la bajada de la Virgen de los Remedios, la muestra más potente del catolicismo del que se ha cubierto el pueblo para sacudirse la imagen de satanismo y brujería, que tanto le pesa.

Aunque no hay ningún letrero o señalamiento, la casa se localiza al instante. Casi llegando a la plaza central hay una bifurcación y a mano derecha un parque de adoquín, justo detrás un muro rectangular, blanco y alargado: la casa. Apenas atravesando la puerta se ve el misterioso mural cuyas imágenes resaltan bajo un cielo negro que amenaza tormenta.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Dentro de la casa, hoy biblioteca, hay un par de niños y otros más juegan por ahí. A la bibliotecaria nunca la han espantado, pero Rosario, la encargada y actual regidora de Cultura, dice que sí hay una presencia extraña, que se siente.

El baño, la parte más oscura del lugar, es como un congelador de piedra y al entrar se tiene la sensación de que te puede atrapar para siempre.

La casa permanece en un silencio perpetuo y el patio, donde a veces los niños juegan futbol, pareciera único remanso de la extraña energía que ésta emana, hasta que se cae en cuenta que ahí está el pozo donde dicen que aventaban a los niños que sacrificaban en rituales satánicos.

Al fondo del mural se ve la lluvia que viene pronta y más atrás apenas se dibujan los volcanes.

Cerca de las siete de la noche empieza a llover. Desde la oficina de Rosario, un espacio que también hace las veces de salón de clases, sólo se ve una franja de cielo gris, precedido del negro de la inminente noche. Mientras ella cuenta la historia del lugar, un pájaro se acerca a la altísima puerta y obligado por una mano invisible abre sus alas, se detiene y da la vuelta, espantado.

Conforme se acerca la noche la casa se convierte en una sombra tenebrosa aunque el mural resalta más, como si la oscuridad lo iluminara o las figuras reflejaran la poca luz que queda en el cielo. Y los niños, ajenos al pasado, se sientan en el pozo a esperar que sus padres pasen por ellos.

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En San Luis sí hay rastro de las prácticas de adoración a Satanás y magia negra. Rosario dice que todo fruto deja una semilla, y esa semilla sigue presente de cierto modo. Lo que hoy en día se rumora en la comunidad, que a finales de agosto tiene 9 arcos de flores, semillas y frutos para recibir y despedir los días 11 y 27 del mes a la Virgen de los Remedios, es que ahí vive un nahual, este ser capaz de tomar la forma de un animal y de una persona.

La leyenda dicta que en el Camino Real, una calle donde abundan los accidentes, a veces se aparece un perro enorme y un hombre misterioso caminando. Puede ser, dice Rosario, que el nahual que vive en el pueblo, que nadie sabe quién es –ni quieren saber– sea lo que queda de las prácticas de hace siglos. Puede ser.

El doctor en Historia del Arte, José Antonio Terán Bonilla, en su libro La Guarida del Diablo, reeditado en 2013, confirma que la casa fue un templo satánico del siglo XVIII probablemente construido por un religioso, que por sus características es además un monumento histórico único en el mundo.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Además de esta casa, se dice que había otras dos donde se realizaban cultos satánicos y se practicaba magia y hechicería. Cuando a raíz de un conflicto entre la dueña original, que enviudó, y sus cuñados, la casa y su contenido fueron descubiertos y la propiedad fue expropiada por el gobierno estatal, los dueños de las otras dos casas revocaron los murales, ocultando cualquier rastro. A la fecha no se sabe cuáles son esas otras dos casas.

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Blanca es la bibliotecaria, una mujer callada cuyos bisabuelos alguna vez tuvieron posesión del inmueble que desde 2005 es la Casa de Cultura Amoxcalli y biblioteca.

De niña nunca la visitó y no recuerda que se hablara de ésta: aún no la habían descubierto. Era una casa más, que incluso estuvo habitada, y después un lugar abandonado donde hacían bailes sonideros hasta que “un valiente”, dice la encargada de Amoxcalli, decidió tomar las riendas y arreglarla para albergar círculos de lectura, talleres y actividades culturales.

Cada mes Blanca tiene que entregar un reporte al Conaculta, a quien pertenece la biblioteca, de las personas que van y los eventos que se realizan. Y si no llegara una cantidad suficiente de niños, entonces Conaculta podría tomar sus libros y llevarse la biblioteca a otra comunidad “que sí lo necesite”. Pero el flujo de gente en Amoxcalli es constante.

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San Luis tiene apenas 6 mil 300 habitantes. Sus límites se desvanecen en la mancha entre urbana y rural de San Andrés Cholula, ciudad milenaria cobijada por la Gran Pirámide.

Desde que en 1952 llegó por primera vez la Virgen de los Remedios, en San Luis hubo un cambio. En ese entonces, cuenta Rosario, había mucha matanza. Después de las seis o siete de la noche nadie salía. Y un sacerdote, preocupado por la situación, fue a hablar a Cholula para que se hiciera algo. Fue cuando la Virgen de los Remedios bajó por primera vez del cerrito, encima de la Gran Pirámide de Cholula, y llegó hasta el pueblo. A partir de esa visita la comunidad empezó a interesarse por la religión. Rosario dice que conocieron el amor a María, se volvieron piadosos, y desde ese entonces San Luis Tehuiloyocan es un pueblo muy religioso.

Ahora en San Luis ya no hay magia negra, ni brujería, ni culto al diablo. La gente es tan piadosa que ahora viven ahí cinco sacerdotes, tres seminaristas, alrededor de 50 religiosas y el 99 por ciento de la población es católica.

Pero lo que atrae a los visitantes al pueblo sigue siendo la Casa del Diablo. Que a lo lejos no da miedo, sí destaca, como si tuviera una fuerza magnética que hace que la voltees a ver, pero por fuera no se adivina que dentro hay una historia que hoy es, y seguirá siendo, leyenda.

Periodista en constante formación, interesada en cobertura de Derechos Humanos y movimientos sociales. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014

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