Las tentaciones populistas de la cultura

Las tentaciones populistas de la cultura

Ociel Mora

@ocielmora

Octavio Paz fue el primero en insistir en sus diversos ensayos en que la cultura o es ejercicio crítico o no es.

Ese espíritu libertario ha permeado en diverso grado en las políticas culturales gubernamentales.

Empezando por el federal, algunos pocos estados del norte, y un par de ayuntamientos de los más de 1500 en que se divide el país, entre los que podemos citar la administración de Blanca Alcalá en Puebla.

A diferencia de otras áreas de la administración pública, la cultura como política se caracteriza por su carácter de “par”.

Con lo que quiero decir que las burocracias no dirigen ni juzgan a los creadores. Su función es de facilitadores y de financiamiento. El juicio es entre pares.

Carlos Salinas de Gortari fue el primero que entendió que la modernización no prosperaría sino contaba con el apoyo de los intelectuales y de la comunidad cultural en general.

Pero no solo fue cosa de legitimidad política del presidente en funciones, sino que a partir de entonces se reconoció que la cultura contribuye a la riqueza nacional con varios puntos porcentuales del PIB.

En el comentario anterior hacíamos notar acerca del riesgo latente de que el ayuntamiento de Puebla retorne a los años setenta en el área de actividades culturales y promoción artística.

En el que prive la frivolidad y el populismo clientelar y hasta electorero, como puede constatarlo quien cruce por el zócalo.

Un mes atrás la artista María Fernanda López Jaramillo, vinculada con la UDLAP, difundió una carta entre la comunidad artística en la que anunció su decepción y hasta malos tratos por parte de quienes atienden en el IMACP.

Afirma que le dieron trato no de artista sino de “proveedora de servicios”, y que “trabajar para la comunidad” no cuadra entre esos señores funcionarios de la cultura, y que incluso llegó un momento en que de plano le echaron lo que en el argot burocrático llaman la aburridora, y comenzaron a cambiarle las condiciones inicialmente tratadas y acordadas. Hasta llevarla a un punto en el que, por dignidad, le fue imposible seguir el juego de engaños.

Esos mismos funcionarios han anunciado en los medios, ¡qué fastidio!, su negativa a tratar con dependencias federales para sacar licencias y permisos.

Eso, ciertamente, no es para ellos.

¿Qué hicieron el señor Pedro Ocejo y su equipo de trabajo durante dos administraciones municipales atrás, que pusieron a Puebla como el municipio con la mejor política cultural del país?

Primero que nada diseñaron una verdadera política cultural, con las aportaciones de la comunidad, luego contaron (gestionaron) con una base jurídica, mediante un decreto de creación y un reglamento interior. Enseguida se conformó un Consejo Ciudadano Interno de Cultura para el periodo de los tres años.

Incluso la capital poblana sigue siendo el primer ayuntamiento que cuenta con un estudio especializado sobre la contribución de la cultura al desarrollo.

La investigación corrió a cuenta de Ernesto Piedras y apareció con el título de Gran Visión Cultural. Análisis de la contribución económica de la cultura y la creatividad en la zona metropolitana de la ciudad de Puebla, y se publicó en 2009.

Se trata de un libro de consulta obligada. Posteriormente el CONACULTA le encargó que esa misma investigación se hiciera a nivel nacional.

En fin… el lunes haremos una breve reseña de los logros de aquella administración.

Tiene estudios en antropología social. Es autor de varios ensayos de interés académico, y de un par de libritos sobre el impacto de las políticas liberales en los pueblos indios en el XIX. Ha trabajado en el INAH y Culturas Populares en diferentes momentos y estados de la República. En el sector social, es parte de Perspectivas Interdisciplinarias A.C. En el privado, se desempeña como consultor para el desarrollo y combate a la pobreza en áreas indígenas. Ha publicado cerca de cinco mil artículos de opinión dispersos en diarios nacionales y revistas como El Universal, Excelsior, y Plural. En Puebla se arrogó el inmerecido título de columnista por varios años en Intolerancia y El Sol de Puebla. En un acto fugaz animo la publicación Barbarie. La ciudad letrada.

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