«La Maldad», la historia de realidad y ficción de un cineasta poblano

«La Maldad», la historia de realidad y ficción de un cineasta poblano

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Ámbar Barrera

@Dra_Caos

Amanece. Ahí afuera, en el campo, se siente un poco de frío y puede olerse humedad en el aire. El aire sopla lento, como adormecido. El cielo se va pintando de un leve naranja por aquella esquina en el horizonte. Al fondo del paisaje nos observa el Popocatépetl, y a lo lejos, inicia un incendio.

El fuego contrasta la escena aún oscura y demasiado azul. Su luz y su fuerza rompen el silencio y aquel primer suspiro de la mañana. El fuego crece a lo largo y a lo ancho, pareciera una puerta al infierno que se abrió de repente, interrumpiendo la paz del alba.

Durante 9 minutos, el espectador se pierde en el fuego y tal vez, percibe también una angustia, el presentimiento sobre un futuro trágico o cruel. Así se experimentan los primeros 9 minutos de la película de La Maldad.

La Maldad, ópera prima del director y guionista poblano Joshua Gil, busca con esta introducción preparar a su público para todo lo que podrá encontrar en la historia y las imágenes de la película.

Se cuenta la historia (entre documental y ficción) de Rafael, un campesino que está desahuciado y su mayor deseo es viajar a la Ciudad de México para conseguir 10 millones de pesos a cambio de un guion para hacer una película. El guion relata la historia de su vida y una historia de amor y traición a través de 12 canciones.

La Maldad fue la cinta que inauguró la Gira FICUNAM en Puebla, un simbólico evento para Joshua al ser la ciudad que lo vio crecer y el lugar donde encontró la primera historia que contar a través de su lente.

El espectador como cómplice

El Teatro de la Ciudad estaba abarrotado. Antes y después de la proyección de la película, los asistentes tuvieron la oportunidad de conversar con Joshua Gil, César Salgado (fotógrafo) y otros miembros de la producción del largometraje.

–La Maldad es una alegoría a algo que no está visible pero lo puedes escuchar y casi la puedes sentir –dice Joshua al hablar del título de la película–, La Maldad es un llamamiento o un pensamiento de algo que va a ocurrir en la película o una energía que está moviendo cosas por ahí. Tiene mucho que ver con la naturaleza humana y con la maldad que estamos viviendo en el país.

El rodaje de la película se hizo en 2012, año de elecciones y cuando se vivió una de las convulsiones sociales más fuerte del México contemporáneo. Al principio del filme, el contexto es casi secundario.

Rafael vive en Izúcar de Matamoros, en medio del campo. La fragilidad del personaje es evidente, aunque al mismo tiempo irradia fuerza y determinación. Raymundo, otro de los personajes principales, es su mejor amigo. Le preocupa la muerte, el dolor y su situación económica. En Raymundo los silencios son primordiales, su expresión es de tristeza profunda, su mente se transparenta con los paisajes que lo rodean, melancólicos, solitarios y azules.

Joshua siempre tuvo claras sus intenciones estéticas y expresivas para la película. El director buscó plantar al espectador en cada paisaje para que experimentara un sentimiento concreto, por eso la producción esperaba el clima y la hora adecuada para grabar. Toda la iluminación fue con luz natural, a excepción de una sola escena, que no puede identificarse tan fácilmente, pues cuidaron mucho la edición.

Las escenas fueron grabadas en Puebla, Veracruz, Tlaxcala y el Distrito Federal. Las imágenes y los ambientes resultaron en temperaturas y sensaciones gracias a la sincronía de ideas entre Joshua y César, el fotógrafo de La Maldad.

Joshua sabía muy bien lo que quería lograr, los sentimientos que quería transmitir y el cómo hacerlo fue, en parte, trabajado sobre la marcha

–Todos los días hacíamos como un corte de caja de las cosas que se habían logrado, las cosas que no se estaban logrando o que iba en contra de la naturaleza de la película y del personaje principal.

Fueron 6 semanas de grabación distribuidas a lo largo de 8 meses, un ritmo de tiempo adecuado para la recaudación de fondos y también para la salud de Rafael, quien en verdad lidiaba con un cáncer terminal.

Docu-ficción: realidad filtrada

La Maldad es un docu-ficción, es decir, una película que es en parte documental y en parte ficción.

Efectivamente, Rafael contaba con un guion sobre su vida, donde se interpretaba a sí mismo como un caballero en un caballo blanco, que se enamora de una bella doncella y se casan, pero ella lo traiciona a él. Toda esa historia contada a través de 12 canciones que él mismo compuso.

La idea de don Rafael era que los actores fueran interpretados por Alejandro Fernández y Patricia Manterola, y que necesitaría para su producción 10 millones de pesos.

En una de sus anécdotas, Rafael le contó a Joshua que hace años había viajado al DF para pedir ese dinero y alguien le había dicho que sí le darían el dinero. En su presente, Rafael tenía todos los días la idea de regresar a la gran ciudad para reencontrarse con la persona que le había hecho esa promesa.

Una de las primeras preguntas que pueden asaltar a alguien que mira La Maldad, e incluso una pregunta que le hicieron a Joshua después de su presentación en un festival de Berlín, al igual que en su presentación en Puebla, es: ¿cómo conoció a don Rafael y Raymundo y cómo pudo acercarse de manera tan íntima a la vida de los personajes?

Foto: lamaldadfilm.com
Foto: lamaldadfilm.com

–Tuve la suerte, realmente es un privilegio… -dice Joshua contestando la pregunta– el señor Rafael, que es el protagonista, es padre de mi padre, lo que lo convierte en mi abuelo.  Y el señor Raymundo es padre de mi madre, lo que lo convierte en mi abuelo también.

Cuenta que Rafael estuvo muchos años peleado con su hijo, lo que mantuvo a abuelo y nieto alejados durante muchos años. Cuando Joshua concluye la carrera de cinematografía que cursó en España, y regresa a México, por ahí de 2004, su hermana lo llamó por teléfono para contarle que su abuelo lo quería conocer. Cuando se encuentra con Rafael, éste llevaba un folder en un morral con el guion de su película.

–Me dijo: yo soy tu abuelo, me dijeron que tú estudiaste cine y yo tengo este guion y quiero que se haga una película.

Ese hecho salvó una parte importante de su historia familiar, pero por desgracia para ese entonces Rafael ya se encontraba en una etapa terminal de cáncer y aunque se realizó la película, él no pudo ver el resultado final, pues murió 5 meses después de la última escena que filmó.

–Fue un proceso muy complicado, muy doloroso… al mismo tiempo le agradezco mucho a la vida que me pude acercar a él, porque estuvimos 20 o 25 años sin vernos y al final logramos pasar tiempo juntos.

Por otro lado, su abuelo Raymundo, con quien siempre ha llevado una relación muy cercana, estuvo presente en la premiere en Puebla acompañando a su nieto. Durante unos minutos estuvo arriba del escenario y también dirigió unas palabras al público.

Con una voz ya muy desgastada, lenta y arrastrando un poco las palabras, Raymundo se miraba muy diferente a su personaje de la película, quien se ve más robusto, sin gafas y de un hablar mucho más fluido.

–Es fabuloso, honorable público, es fabuloso ser novato, sin conocer la técnica de la cinematografía y de que un joven, que es el director y que se llama Joshua Gil, me probó y me invitó, y me dijo que sí se puede, entonces me siento completamente agradecido.

Así fue como Joshua, a partir de un lazo incluso sanguíneo, pudo develar con total franqueza las personalidades y emociones de los personajes.

–En el caso de Ray –dice Joshua–, estaba viviendo un problema personal muy profundo cuando hicimos la película y pasaba mucho tiempo muy pensativo, metido en una tristeza grande. La idea era que la cámara, al estar frente a él, pudiera captar eso.

Por otro lado, el rodaje con Rafael fue un poco más complicado

–Él en su cabeza se estaba orquestando otra película. Él no sabía por qué hacíamos tomas como la de la quema, no sabía por qué estábamos grabando a mi otro abuelo… entonces tenía dudas, porque no sabía qué parte estábamos haciendo de su propia historia. Al final de cuentas, él ponía mucho amor a todo y estaba muy contento de estar viviendo esa situación, pero estaba muy convencido que hacia el final del rodaje, íbamos a tener la oportunidad de trabajar con Pati Manterola su guion. Yo le explicaba: va a ser difícil, pero vas a ver que va a ser una película para contar tu historia.

Los retos del cine contemporáneo

Trabajar con personas que no tienen formación actoral es cada vez más común en la producción cinematográfica. En el caso de La Maldad, además de trabajar bajo esa premisa, la producción entera trabajaba al ritmo de un protagonista con una salud sumamente delicada.

Rafael tenía 89 años entonces. Desde años atrás se había quedado completamente sordo, por lo que todas las instrucciones de dirección las recibía por escrito. Y el hecho que fuera un equipo de trabajo reducido, de entre 6 o 7 personas, los convertía en cómplices de don Rafael.

El equipo de producción buscaba que ambos actores se sintieran tranquilos y cómodos en cada escena para que, efectivamente, no tuvieran que actuar. Rafael, en particular, decidía por sí solo muchas cosas respecto a su comportamiento a lo que tenía que acoplarse el equipo. Por ejemplo, si comenzaba a caminar y lo seguían con la cámara, Rafael no se detenía ni decía nada, tan solo dejaba que la cámara siguiera grabando.

Por otro lado, la producción también se acoplaba al ritmo en que se iban consiguiendo los fondos necesarios. Fueron 8 meses completos siendo una producción independiente, lo que al mismo tiempo, a pesar de considerarlo una carencia, podía convertirse en oportunidades para expresar más libremente lo que el director tenía en mente.

La primera edición del largometraje fue hecha por el mismo Joshua en su laptop. Posteriormente, ganaron una beca en el Riviera Maya Film Fest que les permitió una producción mucho más completa y profesional.

De lo íntimo a lo colectivo

La Maldad ha sido considerada como un largometraje que critica fuertemente una realidad política. Dentro de la cinta, la maldad que puede vivirse desde una situación íntima y personal, algo que compete sólo a dos personajes en un lugar aparentemente aislado, se convierte en la maldad que sufre toda una nación.

El director inserta a su personaje en el zócalo de la Ciudad de México, justamente el primer 16 de septiembre bajo la administración de Peña Nieto. Lo personal se vuelve colectivo.

Joshua Gil logra que el público se conmueva, que se remuevan sentimientos de tristeza, angustia, ira y tal vez, desesperanza. Eso es la maldad.

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