En Ixtaca, mineras hacen el trabajo del Estado

En Ixtaca, mineras hacen el trabajo del Estado

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

¿Qué pasa cuando a un pueblo lleno de necesidades, donde escasea el empleo y abunda la pobreza, llega una empresa minera que da trabajo, pinta las casas, organiza cursos de verano para los niños y viajes para que los adultos se convenzan de los beneficios de la minería?

Pasa que hay un desvío de poder y ante la ausencia del Estado, hay carta abierta para seducir.

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Apenas y a lo lejos en un muro desgastado apenas se alcanza a leer que en Santa María Sotoltepec sí hay gente en contra de la mina, pero las letras se desvanecen entre los colores brillantes de la pintura del resto de las casas del pueblo, pintura donada por la empresa Almaden Minerals y su filial mexicana Minera Gorrión que llegaron hace 13 años a la comunidad de alrededor de 500 habitantes, en el municipio de Ixtacamaxtitlán en la Sierra Norte de Puebla.

Almaden posee tres concesiones en la zona, donde encontró enormes yacimientos de oro y plata en los cerros que van de Santa María hacia Zacatepec. Por ahora están todavía en la fase de exploración.

Daniel y Rusbelt, trabajadores de la minera, aseguran a Lado B que las condiciones ya no son como antes, que el cianuro no va a contaminar el agua potable, que todo se va a reforestar y a regenerar, que hay procesos cuidadosos para evitar la contaminación y que las explosiones para abrir hoyos no van a derrumbar casas ni a desmoronar los cerros.

Ahí, en el mero centro de Sotoltepec, una comunidad silenciosa donde apenas se ven dos o tres personas en la calle, la minera abrió un módulo de información en septiembre de 2014. En donde pudo haber sido la presidencia, ahora es una oficina con una sala y una pantalla donde se reproduce una presentación sobre la minería e Ixtacamaxtitlán. Cuando la minera se vaya ese lugar será una biblioteca pública.

Foto: Marlene Martínez
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Daniel dice que ellos no quieren convencer a nadie, sino “formar criterio”. Que al principio muchas personas estaban en contra pero después de llevarles de viaje a distintas minas en Guanajuato, Zacatecas, Oaxaca y otros estados, han visto que la minería no es como lo pensaban, que ahora con la modernización es segura y entonces cambian de parecer. La empresa minera ha hecho seis juntas informativas públicas, reuniendo a casi 600 personas, y ha llevado de viaje a más de 280 personas. “No tenemos nada que esconder”, asegura Daniel.

Además de pintar el pueblo, organizar un curso de verano para niños que incluye salidas a Puebla, la Ciudad de México y Tlaxcala, y regalar mochilas, la empresa donó un ultrasonido a la clínica de Santa María, cinco monitores de signos vitales, sillas de ruedas al DIF estatal, que fueron entregadas en un evento en el que estuvo presente Martha Erika Alonso, esposa del gobernador Rafael Moreno Valle.

Lo que también dice Daniel, sentado en el módulo de información mientras pasa las diapositivas que explican todo el proyecto y el trabajo en la comunidad, es que hay una gran desinformación en torno a la minería. Y que el programa de integración en Santa María empezó cinco años atrás, de manera distinta a otras empresas que lo inician al mismo tiempo que la explotación.

Aquí apenas están explorando –por lo que aún no hay un Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) presentado ante la Semarnat– pero efectivamente ya hay un trabajo directo con la comunidad.

Daniel reconoce que no es obligación de la empresa dar ciertos apoyos, porque no son gobierno, pero asegura que lo hace por responsabilidad social.

“Cuando haya mina no va a envenenar a las personas, ni va a destruir las comunidades. Sí va a desaparecer un cerro, sí se van a talar árboles, pero nada que no tenga remedio”, dice Daniel, convencido de los beneficios de la minería. Después de todo, fue él quien encontró la veta de oro en los cerros de Ixtacamaxtitlán.

Foto: Marlene Martínez
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Temor e indecisión

En Sotoltepec casi nadie quiere hablar de la mina. Una señora accede a hacerlo sin dar su nombre y explica que la mina está dando empleo, así que quienes trabajan ahí o tienen familiares trabajando ahí temen hablar, pero tampoco están seguros de que la empresa esté diciendo la verdad.

Otra señora cree que “los de la mina” no han hecho nada malo, pero no sabe qué vaya a pasar en un futuro, en muchos años. Y agrega que como la empresa “no va a soltar ahora sí que su mina de oro”, al menos deben vigilar y sacarle provecho, que no vayan a llevarse todo, porque el dinero iría directo para la empresa, o para la cabecera municipal, “pero algo tiene que quedarse en Santa María”.

Ella y su hija, sentadas afuera del único restaurante del pueblo, sugieren que no hay oposición ni aceptación, sino que el pueblo está indeciso pero no lo dice abiertamente porque han recibido apoyos de la empresa, y más de 70 personas trabajan directamente para Minera Gorrión.

Pese al ambiente de recelo y desconfianza, el pequeño grupo opositor a la minera sigue. En la barda de una casa, desvanecida y desdibujada, la leyenda “En Santa María sí hay gente en contra de la mina”. Hace más de un año esa leyenda resaltaba entre las pocas casas de la comunidad, y ahora ni se nota con la nueva carretera y los colores brillantes de los muros del silencioso pueblo. Los que desde el principio se oponen no han aceptado nada de la minera. Incluso han tenido problemas en el pueblo. Cuando uno de ellos salió en un reportaje opinando contra el proyecto minero, los de la empresa les prohibieron a los trabajadores que le dirigieran la palabra.

Foto: Marlene Martínez
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El hueco del Estado

En Zacatepec, el pueblo que está entre Santa María Sotoltepec y Tulugtic –otra comunidad de Ixtacamaxtitlán, que inicialmente le dio nombre al proyecto minero– parece que hay un apoyo más marcado a la minera. La dueña de la tienda que está a la entrada de la comunidad ve con buenos ojos que la empresa haya dado trabajo a varias personas con jornadas menos pesadas y mejor sueldo, y asegura que la gente que está en contra no sabe la verdad, “son puros rumores de las supuestas cosas malas”.

Pero es en Sotoltepec donde está asentada la minera.

Según los datos que maneja Minera Gorrión en la presentación del proyecto Ixtaca: 55 por ciento de la población es económicamente no activa y 82 por ciento depende económicamente de manera directa de Programas Sociales como Prospera y Procampo. A nivel municipal, Ixtacamaxtitlán es 100 por ciento dependiente de los apoyos del Estado, y las cifras del Inegi de 2011 lo catalogan con un grado de marginación alta, donde la mayoría de los empleos son de comercio informal. La minera ha abierto durante los últimos cinco años 74 plazas de trabajo formal, con prestaciones, capacitación, entrenamiento y regulados dentro del marco legal.

El presidente municipal no quiso otorgar una entrevista para hablar del tema, y refirió que se buscara a la empresa para tal efecto.

Cuando las autoridades no hacen su trabajo se forma un hueco, y ése hueco es llenado por las empresas mineras, creándose un desvío de poder, una práctica recurrente de varias compañías en diferentes lugares del país, explica el maestro Eduardo Morales, del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (Idhie) de la Universidad Iberoamericana Puebla

Foto: Marlene Martínez
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Dentro del marco legal del Estado no existe ninguna forma de regular este tipo de prácticas, tanto así que una de las resoluciones de la Mesa 6 del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) fue que el Estado tiene que limitar y vigilar el actuar de las empresas que entran a las comunidades para construir megaproyectos.

Muchas veces las empresas actúan mediante el desgaste, dice el investigador y tal es el caso de Ixtacamaxtitlán, que si bien logró detener temporalmente los trabajos de minería mediante un amparo ganado en abril, hay una lucha permanente pero no de toda la comunidad. Ahí es cuando la minera, mediante apoyos y regalos, empieza a dividir a la población y a utilizar el desgaste y la incertidumbre para que la gente deje de resistirse.

Hay distintas formas con las cuales las comunidades resisten a este tipo de apoyos que comprometen a la aceptación de los proyectos extractivos. Morales explica que la primera es no recibirlos, ni siquiera las del propio gobierno a través de los programas sociales. O recibirlos, pero estando en contra. Sin embargo, lo que ocurre en Ixtacamaxtitlán es que la gente recibe aparentando estar a favor del proyecto, aunque en realidad tiene sus reservas.

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