La urgencia de lo importante
Encerrada en el debate sobre lo urgente, atrapada en las respuestas a los problemas del día a día nuestra educación parece haber perdido de vista la urgencia de lo importante, la enorme necesidad de pensar en el largo plazo, en el proyecto de país que queremos los mexicanos y el sistema educativo que esta visión de país requiere.
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
16 de junio, 2015
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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

 

“Cuando nos domina la importancia de lo urgente, podemos perder de vista la urgencia de lo importante”.

Edgar Morin.

 

[dropcap]E[/dropcap]ncerrada en el debate sobre lo urgente, atrapada en las respuestas a los problemas del día a día nuestra educación parece haber perdido de vista la urgencia de lo importante, la enorme necesidad de pensar en el largo plazo, en el proyecto de país que queremos los mexicanos y el sistema educativo que esta visión de país requiere.

Así transcurren los ciclos escolares, uno a uno, de doscientos días en doscientos días –no tan- efectivos de clases, con cursos de actualización previos, planeación, guías de aprendizaje, horas en el aula, días en el aula, semanas en el aula, ceremonias cívicas, concursos, desfiles, actividades extraescolares, juntas burocráticas, consejos técnicos escolares –la novedad de este ciclo-, hasta llegar a estas que hemos llamado en este espacio “semanas de nada”, semanas en que la documentación está entregada y los profesores y estudiantes saben que todo se terminó pero tienen que seguir asistiendo a la escuela para pasar el tiempo, para entretener a los alumnos, para aburrirse lo menos posible, para contar los días y las horas que faltan para que por fin puedan decir que ha terminado el año.

Mientras tanto el gobierno que presume sus reformas estructurales para “mover a México”, se mantiene enfrascado en la batalla por lograr vencer la resistencia al cambio de los poderes fácticos magisteriales que se oponen a la evaluación y a los demás mecanismos para la construcción del sistema profesional de carrera docente, que es nada más –aunque nada menos- la condición necesaria pero no suficiente para poder emprender la reforma educativa de fondo que está pidiendo a gritos la realidad de un sistema que todos –incluyendo a los disidentes y opositores recalcitrantes- sabemos que produce resultados educativos de muy mala calidad.

Y así, gobierno, sindicato y disidentes se mantienen –llevamos ya dos, ¿tres? sexenios sin avanzar- dando vueltas en círculo sobre los mismos temas de coyuntura sin poder dar el paso necesario hacia la reflexión conjunta de lo que completaría el proceso de cambio que tanto necesita nuestra educación para poder aspirar al desarrollo y a la equidad que por décadas nos ha sigo negada.

Lo urgente sigue tercamente siendo prioridad sobre lo importante, cuando lo importante resulta cada vez más y más urgente.

De manera que la definición colectiva de un nuevo modelo educativo pertinente para el futuro que ya nos alcanzó sigue pendiente, la construcción ulterior de las reformas curriculares que pongan las condiciones para hacer operativo ese modelo siguen por tanto también en la lista de los pendientes sin abordar, la reforma radical que requieren las instituciones formadoras de docentes siguen entrampada por la oposición de una cultura normalista que fue muy valiosa en su momento pero ya no responde a la nueva realidad, la construcción de un auténtico sistema de formación permanente para los docentes en servicio es también un tema sin resolver y la profesionalización de la gestión directiva y la reestructuración indispensable del modelo burocrático de la SEP y del modelo corporativo del SNTE siguen también intactos porque las urgencias del presente siguen impidiendo enfrentar las cuestiones de importancia.

Mientras tanto el mundo se mueve, la economía sigue incrementando sus exigencias y produciendo la exclusión de muchos millones de personas a las que se les niega la oportunidad de una vida digna entre otras cosas porque no tienen una educación de calidad que les capacite para enfrentar este mundo demandante y competitivo. Mientras tanto, la sociedad sigue evolucionando, la cultura se transforma y ante todos estos cambios la escuela parece cada vez más anacrónica, inmóvil y atrapada en sus inercias ancestrales.

Cuando necesitamos un sistema educativo que prepare para este mundo pero forme al mismo tiempo la visión crítica para cuestionarlo y trascenderlo, para comprometerse con la edificación de otro mundo posible, seguimos teniendo un sistema educativo encerrado en el pasado, cuestionando toda propuesta de cambio y pretendiendo que todo siga como antes, como si encerrarse en el pasado fuera la forma más eficaz de construir el futuro evitando que el presente economicista nos contamine.

[pull_quote_right]Y aquí seguimos, con una educación encerrada en el debate sobre lo urgente, atrapada en las respuestas a los problemas del día a día, incapaz de ver la urgencia de lo importante, la enorme necesidad de pensar en el largo plazo[/pull_quote_right]

Mientras necesitamos con urgencia profesores contrapunto que sean capaces de brindar a sus alumnos las herramientas cognoscitivas, afectivas, éticas y ciudadanas para enfrentar el mundo de hoy con visión crítica y compromiso de transformación, seguimos teniendo de manera predominante profesores víctimas del sistema, que viven quejándose de un presente que consideran imposible de cambiar y paralizados ante una realidad que consideran se les impone sin remedio.

Profesores condenados a hacer su chamba de manera rutinaria y sin incentivos para mejorar porque la visión dominante en nuestra educación nos impide mirar hacia el futuro, nos encierra en las urgencias del aquí y el ahora, nos moldea como seres prácticos, preocupados por lo útil, incapaces de trascender este horizonte simplificador que nos limita a sobrevivir como meros consumidores cuando estamos llamados a vivir poéticamente como seres humanos.

Mientras necesitamos directores y supervisores creativos, proactivos, con visión de futuro, que promuevan la innovación de las organizaciones escolares y del sistema educativo en su conjunto, seguimos teniendo directores y supervisores que se limitan a cumplir con las tareas burocráticas que se les imponen y a inventar actividades y requisitos que les permitan justificar su trabajo, aunque ese trabajo no aporte ningunos frutos educativamente hablando.

Cuando requerimos de organizaciones gremiales democráticas, horizontales, dinámicas, participativas e innovadoras que promuevan mejores condiciones laborales para todos los maestros seguimos teniendo un sindicato y una coordinadora preocupados por el poder político y por los beneficios económicos para sus líderes. Organizaciones que miran el aquí y el ahora, las urgencias de poder y dinero por encima de las cuestiones de verdadera importancia para buscar el beneficio colectivo de los trabajadores de la educación y a través del mejoramiento de las condiciones laborales y la profesionalización del gremio docente, una transformación real de la sociedad.

Y aquí seguimos, con una educación encerrada en el debate sobre lo urgente, atrapada en las respuestas a los problemas del día a día, incapaz de ver la urgencia de lo importante, la enorme necesidad de pensar en el largo plazo, en el proyecto de país que queremos los mexicanos y el sistema educativo que esta visión de país requiere.

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..