En Guatemala, también los ancianos mueren de hambre

En Guatemala, también los ancianos mueren de hambre

La desnutrición desencadenó la muerte de 9,261 personas mayores de 60 años entre 2008 y 2014. Según información del Registro Nacional de Personas (RENAP), una media de 1,300 ancianos fallecidos en los que el hambre aparece como una de las principales causas de su muerte. Entre los principales motivos están las reducidas pensiones por vejez o jubilación, que alcanzan igualmente a una reducida proporción de ancianos; la pobreza, la poca atención del Estado y, también, el abandono y la soledad. 

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Carolina Gamazo | Daniel Villatoro García | Plaza Pública

@PlazaPublicaGT

El 5 de diciembre de 2014, a las 8.50 horas falleció una mujer de 89 años en San José Pinula, departamento de Guatemala. En su acta de defunción, como primera causa de muerte se lee: desnutrición crónica. Un día más tarde, el 6 de diciembre, en la aldea San Luis Puerta Negra, también en San José Pinula, falleció otra mujer de 76 años. La causa, otra vez, la desnutrición. Una semana más tarde, el 15 de diciembre, en el lote 37 de la colonia Linda Vista, Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, murió un hombre de 79 años, una vez más, debido a la desnutrición. El 27 de este mismo mes, a las 9.00 horas, fue un hombre de 89 años, en el caserío La Puerta, San Lucas Tolimán, Sololá, al que  le mató la inanición.

Estos casos son sólo de diciembre de 2014, y son los que la desnutrición figura como desencadenante de la muerte. Pero si se siguieran enumerando, y se agregaran las actas en las que la desnutrición figura como segunda, tercera o cuarta causa, se llenarían decenas de páginas, hasta completar los 1,030 casos de adultos mayores de 60 años que murieron por desnutrición o inanición en 2014. Desde el 2008, cuando el Registro Nacional de Personas (RENAP) comenzó a funcionar, figuran un total de 9,261 ancianos con desnutrición o inanición como uno de los motivos registrados de su muerte.

En 2014, en base a las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), hay 1,038,501 personas mayores de 60 años —de un total de 15,806,675 personas—, lo que supone un 6.5% de la población guatemalteca.

En el caso de las personas mayores, a diferencia de los niños menores de cinco años, la desnutrición no figura como la causa directa o desencadenante de la muerte, sino que en la mayoría de los casos se presenta como una causa asociada. Así, según el registro de las causas recogidas por el RENAP, la desnutrición fue la causa directa de muerte en un 17% de las defunciones contabilizadas  en 2014, mientras que el 83% restante está registrado como una de las causas asociadas que derivaron en la muerte.  Esto quiere decir que la falta de nutrientes en el organismo de los ancianos, —ya sea por falta de alimentos o por su incapacidad de asimilarlos— hace que estos sean más susceptibles de contraer infecciones, y también aumenta su tiempo de recuperación de otras enfermedades. Esto  provoca que en muchos casos se produzcan muertes que no tendrían lugar, o se retrasarían, en el caso de no existir el condicionante de la desnutrición.

En la comparativa por años, tampoco es posible establecer conclusiones. A excepción de un pico de muertes asociadas  a la desnutrición en 2009, donde la sequía incrementó de forma considerable el número de muertes por desnutrición, también en niños; ésta ha mantenido un ritmo constante. Y, teniendo en cuenta que las actas de defunción muchas veces se rellenan por personal inexperto: líderes comunitarios, policías, enfermeras o médicos que no tienen experiencia en el tema y en el proceso burocrático, sólo se puede establecer que la desnutrición, en todo caso, figura como causa de muerte.


Desnutrición, una causa silenciada

En Guatemala, y en general en el resto del mundo, es difícil establecer una conclusión sobre la desnutrición en este sector de población, debido a la falta de estudios socioeconómicos o análisis de la inseguridad alimentaria divididos por franjas de edad. La desnutrición en ancianos se convierte un problema silenciado, tal como indica la doctora Aida Barreda Pérez, epidemióloga y experta en nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos. La médica explica que los casos de ancianos que llegan a los hospitales nacionales son altos, pero como llegan con otras comorbilidades, el estado nutricional es lo que menos se evalúa.

De la misma manera, la defensora de la vejez de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), Teresa Maldonado Mérida, indica que esa institución no cuenta con ninguna denuncia por desnutrición de personas mayores, como sí sucede en el caso de niños. Aunque añade que en la PDH sí han observado situaciones de desnutrición en muchos ancianos.

“Si en una familia hay un niño desnutrido, igual hay una persona mayor desnutrida. Porque si no hay comida para darle al niño de 0 a 6 años, tampoco hay dinero para que consuma una persona de 60 años y más. Eso es así. Sin embargo, a diferencia de los niños, no se ha implementado ningún programa como el Pacto Hambre Cero”, explica Maldonado. La defensora resalta que hasta el momento Guatemala ha sido un país con predominancia de jóvenes, pero que a partir de 2020 se prevé que la situación comience a cambiar. “Guatemala no está preparada como país”.

Depresión, pérdida del gusto, falta de recursos

La desnutrición en personas mayores va asociada a un conjunto de características, que según las expertas consultadas van más allá de los índices de pobreza. Muchas de estas causas son biológicas, como la pérdida de la capacidad de autocuidado —derivado del deterioro fisiológico y a otras enfermedades que limitan la energía y dificultan el movimiento —. La desnutrición está relacionada también a la pérdida de los sentidos, del gusto y también de la dentadura. Además, tal como explica Aida Villagrán, nutricionista del Hospital General San Juan de Dios, la dificultad de muchas personas mayores para preparar su comida hace que desistan del almuerzo o de la cena, y que el café con pan dulce sea la principal salida nutricional de los ancianos.

“El hecho de que viva solo o acompañado determina mucho su estado nutricional. Si trabaja o no trabaja, porque de ahí depende también su poder adquisitivo. Si está solito muchas veces su dieta va adecuada a lo que va pellizcando o consiguiendo, si él o ella prepara sus alimentos…”, cuenta esta nutricionista quien explica que la desnutrición según los casos atendidos en el hospital va muchas veces asociado a la diabetes o hipertensión.

Otro de los factores, tal como explica la médica Aida Barreda, de la Universidad de San Carlos, es la depresión en la que se encuentran sumidos muchos ancianos: “El aislamiento, la muerte de familiares y amigos de la misma generación, el permanecer solos todo el día, el sentirse rechazados por su familia, el sentirse ’inútiles’ y el maltrato físico y/o verbal, pueden provocar depresión. Se ha observado que 90% de los ancianos deprimidos pierden peso pues dejan de comer o comen muy poco”.

 

En todo caso, aunque la desnutrición en personas mayores no está directamente relacionada con la pobreza, la realidad es que los altos índices de pobreza y de pobreza extrema que prevalecen, en especial, en las zonas rurales de Guatemala, se relacionan con las muertes por desnutrición de ancianos.

De esta manera, Alta Verapaz, con un 89.6%de pobreza rural, en base a un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2011, es también el departamento con mayor tasa de muertes por desnutrición en mayores de 60 años, donde 30 de cada 10 mil ancianos fallecieron por desnutrición como una de las cuatro causas que registra esta base. Mientras que Sololá, con un índice de pobreza rural del 84.5%, (segundo lugar en pobreza rural), es el tercer departamento en la lista de personas mayores de 60 años que murieron de desnutrición como causa, con una tasa de 16.28 muertos por desnutrición de cada 10 mil.

Desnutrición y pobreza, unidos en Guatemala

El departamento de Guatemala, sin embargo, ofrece la nota discordante en esta comparación. En base al estudio del INE, tiene un menor índice de pobreza, pero es el cuarto departamento en tasa de muertes por desnutrición en ancianos, con 12.82 por cada 10 mil ancianos. Ciudad de Guatemala, que aparece en último lugar en pobreza y pobreza extrema, con un 0.4 de pobreza extrema según un informe de SEGEPLAN de 2009, está situado entre los 30 primeros municipios con mayores tasas de muertos por desnutrición, con 248 personas mayores de 60 años muertas por desnutrición de los 80,076 ; una tasa 30.21 por cada 10,000 ancianos fallecidos en 2014.

El motivo del repunte de muertes por desnutrición en ancianos en la capital está asociado, según explicó la defensora del adulto mayor de la PDH, al abandono de las personas mayores, propio no solo de Ciudad de Guatemala sino del resto de núcleos urbanos del resto del mundo. Aunque en Guatemala está agravado por la escasa o nula cobertura estatal para la vejez.

Menos de un 20 por ciento de los ancianos cuentan con una pensión

En Guatemala no existe ninguna instancia del Gobierno que vele por el estado nutricional de las personas mayores o, más simple, que vele por el bienestar de este sector de población. Mientras la Secretaría de Seguridad Alimentaria y  Nutricional (SESAN) está focalizada en los niños de 0 a 5 años; el Comité  Nacional  de  Protección  a la  Vejez (CONAPROV), coordinado por la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP), e integrado por representantes del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS),  Ministerios  de  Salud  y de Trabajo,  PDH  y  Procuraduría General de la Nacional (PGN), lleva sin reunirse dos años.

La SOSEP dirige un programa para ancianos llamado “Mis Años Dorados”, que solo gestiona centros de atención diurna para personas mayores de 65 años. Se trató de obtener informes de actividades y cifras sobre este programa, pero después de dos semanas la SOSEP sólo envió un trifoliar informativo. Tampoco ofrecieron ninguna respuesta cuando se solicitó una entrevista o reacción sobre las cifras de muertes por desnutrición en ancianos.

Mientras en España, por ejemplo, la cobertura de pensiones de jubilación alcanza al 70% de las personas mayores de 65 años, y el promedio latinoamericano llega al 42% de cobertura, en Guatemala, con datos poco exactos, sólo un 17% de las personas mayores de 60 años están cubiertas por algún tipo de pensión, según un estudio de CEPAL de 2013. El 83% restante dependen de su familia o deben seguir trabajando para poder alimentarse.

El departamento de Guatemala, sin embargo, ofrece la nota discordante en esta comparación. En base al estudio del INE, tiene un menor índice de pobreza, pero es el cuarto departamento en tasa de muertes por desnutrición en ancianos, con 12.82 por cada 10 mil ancianos. Ciudad de Guatemala, que aparece en último lugar en pobreza y pobreza extrema, con un 0.4 de pobreza extrema según un informe de SEGEPLAN de 2009, está situado entre los 30 primeros municipios con mayores tasas de muertos por desnutrición, con 248 personas mayores de 60 años muertas por desnutrición de los 80,076 ; una tasa 30.21 por cada 10,000 ancianos fallecidos en 2014.

El motivo del repunte de muertes por desnutrición en ancianos en la capital está asociado, según explicó la defensora del adulto mayor de la PDH, al abandono de las personas mayores, propio no solo de Ciudad de Guatemala sino del resto de núcleos urbanos del resto del mundo. Aunque en Guatemala está agravado por la escasa o nula cobertura estatal para la vejez.

Actualmente, en Guatemala se encuentran cubiertos por algún tipo de pensión por vejez o jubilación los trabajadores que cuentan con seguro del Instituto Guatemalteco de la Seguridad Social (IGSS), los funcionarios públicos, y otros trabajadores cubiertos por fondos privados de jubilación, como los militares a través del Instituto de Previsión Militar, los trabajadores del Crédito Hipotecario Nacional, los de la Universidad de San Carlos, y algunos colegios profesionales. Además, desde 2008, el Ministerio de Trabajo gestiona un fondo para personas mayores en situaciones de pobreza extrema hasta entonces descubiertas por cualquier tipo de pensión.

En el caso de las pensiones de vejez otorgadas por el IGSS, en 2013 fue recibida por 74,269 personas, lo que supone un 7.3% del total de los 1,3 millones de personas mayores de 60 años en base a las proyecciones del INE. Aunque hay una gran brecha entre las personas que más y las que menos reciben, con base en los años trabajados y salario percibido, el promedio mensual en 2013 fue de Q1,240. (Q92,153,284 millones mensuales erogados para pensiones por vejez en 2013, con base a información recopilada por el último informe público del IGSS). De estos, 61,328 son hombres y 12,941 mujeres.

Además, el IGSS erogó el año pasado Q351.6 millones, para 80,192 personas en concepto de pensiones de sobrevivencia para familiares de afiliados al IGSS fallecidos, principalmente viudas, que percibieron una media de Q365 mensuales. En este caso, la desigualdad de género se revierte. La pensión fue recibida por 68,192 mujeres y 12,941 hombres. Con base a la información obtenida del IGSS, no es posible establecer qué porcentaje de estas pensiones fueron otorgadas por supervivencia para personas mayores de 60 años.

El otro fondo de pensiones es el otorgado a los funcionarios públicos, a través del sistema de clases pasivas del Estado. En 2012, según la última información de oficio publicada por la Oficina Nacional de Servicio Civil (ONSEC), se encontraban dentro de este sistema de pensiones 90,458 personas. De estas 70,334 era por vejez, y 16,117 por viudedad. En el caso de que estas pensiones fueran únicamente dirigidas a población mayor de 60 años, significaría un 8.7% más de ancianos cubiertos. Sin embargo, en Guatemala se puede jubilar una persona después de 20 años de servicio prestado al Estado, por lo que no es posible calcular el número de personas de la tercera edad que se acogen a estas pensiones. En 2012 fueron erogados  Q3,735,970,000 para este fondo, una media mensual de Q2,548 por persona.

El programa para los más pobres que no atiende a los más pobres

Para incrementar una cobertura que no llegaría al 15% del total de la población, en un país donde el 85% de las personas en el interior del país cuenta con empleos informales, desde el año 2008 el Gobierno implementó el Programa del Aporte Económico del Adulto Mayor, —cuya Ley fue aprobada en 2005— un programa de pensiones para personas que hasta ese momento no recibían ninguna prestación por vejez. Según información del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, el ente encargado de gestionar este fondo, el mismo está dirigido a personas en pobreza o extrema pobreza que no reciben ninguna otra pensión y se otorga con base a un estudio socioeconómico.

En 2014 fueron 108,915 personas beneficiadas, teniendo en cuenta que fueron erogados Q485 millones, el promedio mensual rascaría los Q400 por persona. Con este nuevo apoyo, recibirían una pensión un 10.85% más de los ancianos mayores de 65 años.

“En este caso, no se toman en cuenta donde existe mayor población de personas mayores, que es Huehuetenango y San Marcos. Tampoco hay un enfoque basado en los departamentos donde más necesidades tengan, sino que ha funcionado… tal vez la palabra no sea desordenado sino de una forma no congruente a la realidad de las personas mayores, porque el programa dice que es para personas de pobreza y extrema pobreza”, señala Teresa Maldonado, Defensora de las Personas Mayores de la PDH.

Con base a la información proporcionada por el ministerio de Trabajo, el departamento más beneficiado fue Guatemala, seguido de Petén, Escuintla y Chimaltenango. Ninguno de estos cuatro municipios está catalogado como uno de los más pobres del país y tampoco son los que cuentan con una mayor proporción de adultos mayores.

Tal como informó la Defensora del Adulto Mayor de la PDH, se ofrece a una proporción superior de hombres que de mujeres, repitiendo el patrón de las pensiones del IGSS y de los pasivos del Estado, donde apenas hay mujeres beneficiadas. En el caso de las mujeres, se suman las altas tasas de analfabetismo que de hecho alcanzan a un 58% de la población de más de 60 años en Guatemala, y cuestiones culturales que han propiciado que por muchos años este sector de población no se haya incorporado al mercado laboral formal.

Así pues, más de un 80% de los ancianos en Guatemala no reciben ningún fondo ni apoyo del Estado. Y quienes no tienen familia, en especial  en los núcleos urbanos, deben diariamente seguir buscándose la vida para pagar sus servicios mínimos, para cuidar de sí mismos, poder comer y no morir de hambre.

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