¿Cuál paz en Guerrero?
En Tlapa gana el PRI las elecciones y, a pocas horas del triunfo, el activista Antonio Vivar cae muerto de un balazo en el corazón
Por Lado B @ladobemx
10 de junio, 2015
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En Tlapa gana el PRI las elecciones y, a las primeras horas del triunfo, un activista social cae muerto de un balazo en el corazón

Foto: Jade Ramírez

Foto: Jade Ramírez

Jade Ramírez

@jadercv

Tlapa, Guerrero a 8 de junio. “¿Cuál Guerrero de paz?”, se pregunta la señora Iris a propósito de las declaraciones que Rogelio Ortega Martínez, gobernador del estado, lanzó cinco días atrás al visitar Tlapa de Comonfort en la región Montaña.

Llegó para garantizar “seguridad” en la jornada electoral, por lo que felicitó a Victor Wences, presidente municipal del PT, al recuperar el control del zócalo y las instalaciones del ayuntamiento, donde el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) desde octubre de 2014, bajo la exigencia de la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala se instaló en forma de protesta.

“Yo siempre apoyo al magisterio, mis hijos fueron a la escuela, los maestros son mis vecinos, uno entiende su lucha y lo que nos hicieron hoy los policías, ya fue demasiado”, exclamó con coraje Iris, mientras su hija nos repartía un café cargado cuando ya eran las 7.30 de la mañana del 8 de junio.

Estábamos en el patio de su casa que se convirtió en refugio de 27 personas la noche del domingo y hasta el amanecer del lunes, cuando escapamos de los toletazos y gases lacrimógenos lanzados por los policías federales contra los habitantes que improvisaron barricadas en defensa de su colonia.

Eran las 20.30 horas cuando estalló la confusión después de un largo día de tensión y negociaciones en la colonia donde la votación y el ejercicio democrático en las urnas no fue lo relevante, sino defenderse de los ataques del gobierno federal.

Foto: Jade Ramírez

Foto: Jade Ramírez

Era el domingo de la fiesta llamada democracia pero por la Tepeyac lo único que pasó fue violencia de militares y antimotines al ingresar a sus calles; primero al medio día para detener arbitrariamente a 9 adultos y un menor en reacción a la quema de una camioneta en el puente Jale cerca de la carretera, de la cual señalaban como culpables a los maestros del MPG y, segundo, para recuperar a 35 de sus compañeros que fueron detenidos por los vecinos, en tanto no eran devueltas con vida las personas sacadas de sus casas sólo por afirmar que eran maestros. En Tlapa serlo ya resulta una tentativa de delito o sujeto de criminalización.

Hacia las 14.30 horas sobrevoló en Tlapa un helicóptero de la Marina donde se llevaron a los nueve hasta Acapulco. Los exhibieron ante el gobernador, narró Juan Sánchez Escobar uno de los detenidos y hasta Ortega se tomó una foto con ellos para evidenciar que estaban con vida. Sólo les preguntó si se conocían entre sí a lo que respondieron que no. El gobernador de Guerrero confirmó que eran maestros y dijo “Muy bien”.

Mientras la confusión marcó el pulso en la colonia donde se encuentra la sede de la Coordinadora a Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), una de las agrupaciones que integran el MPG además de normalistas, movimientos sociales, campesinos y damnificados. Para los vecinos y maestros, la extracción al azar de personas era una forma de continuar con el asecho y de vengarse por la posición firme de los últimos meses.

“La Tepeyac es territorio de los habitantes, no de la autoridad que ni viene ni se asoma para nada acá”, lanzó en medio de torva de vecinos y policías federales que argumentaron entraron a colonia para “remolcar camionetas robadas”. El delegado de la colonia, Juan Salmerón, minutos antes de que 35 elementos fueran despojados de sus armas y llevados a la capilla de la colonia, en calidad de moneda de cambio hasta que devolvieran a los 9 adultos extraídos de sus domicilios sin orden de cateo o aprehensión así como a un menor acusados, aparentemente, de quemar una camioneta en el puente Jale, la mañana del 7 de junio.

La negociación duró más de ocho horas, el único mediador fue Abel Barrera del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan. En ningún momento la autoridad municipal, regidor o representante del presidente de Tlapa llegó a la colonia para apoyar, dialogar y facilitar la conciliación en su demarcación, contrario al discurso expuesto el sábado 6 de junio en rueda de prensa en voz del Cabildo, el síndico y le secretario del ayuntamiento quienes repitieron una y otra vez “estamos a favor del diálogo y la paz”. Aunque para la crisis fue necesaria su presencia sencillamente no aparecieron.

Foto:

Foto: Sergio Ferrer

Quien sostuvo las conversaciones telefónicas y el intercambio de acuerdos con el gobierno del estado a través del secretario de gobierno, mientras los vecinos replegaban por las calles con consignas y entonando el himno nacional, a los cien policías federales que los rodearon, expuso la posición final del gobierno:

“Ya están en Acapulco, los van a entregar en Chilpancingo y de ahí se los traen por carretera”. Pero la exigencia era sucinta “se los llevaron en helicóptero que los devuelvan aquí a la Tepeyac en helicóptero también”. Lo que no sucedió. El gobierno federal entregó a los detenidos al gobierno de Guerrero a la misma hora que los antimotines regresaron a la Tepeyac cuando el diálogo se interrumpió y la dilación extinguió la luz del día.

“Vamos a entregar a diez policías en cuanto nos digan que ya nos devolvieron a nuestros compañeros”, gritaba ante mujeres, niños, jóvenes y señores armados con palos, piedras y varillas afuera de la miscelánea 3 Hermanos, el encargado de esa zona. “Carguen sus lámparas porque nos van a cortar la luz, cayendo la noche van a intentar amedrentarnos, permanezcamos juntos, ya vienen de la Zapata a apoyarnos y nos avisan que también Comunitarios”, eran las indicaciones.

La embestida

Agua, un monster, vela y de cena una maruchan, compré en la miscelánea. Después subí rumbo a la capilla para encontrar al otro compañero reportero fotógrafo que quedaba en la zona. Los demás habían bajado a cenar. A los quince minutos corrieron varios de los apostados sobre la Lázaro Cárdenas y mi compañero bajó a alcanzarlos, ya venían los policías federales en embestida contra las barricadas.

Desde ese punto focal, veíamos cómo comenzó la recia de los antimotines contra los colonos. Las campanas de la capilla llamaban a salir y mandar más refuerzos.

“¡Están disparando los militares por detrás de la capilla!”

“¡Ya vienen, ya vienen!”

Entonces cayó un gas lacrimógeno a los pies de quienes estábamos afuera de la 3 Hermanos. Llegaron 40 policías más y comenzaron a golpear a destajo. “Métanse”, nos dijo Iris, se bajó la cortina y nos llevó al patio. Era difícil respirar.

En la colonia Tepeyac no se durmió de domingo a lunes. Se rezó, se charló en susurro, se escondió el que pudo, se peleó y defendió el territorio como la dignidad contra los policías federales les permitió: piedras, varilla, palos, machetes.

“Mi hijo no sé dónde se quedó”, sollozaba la primera señora en hincarse ante la virgen de Guadalupe que tenía la propietaria de la tienda atrás del mostrador. Nos empezamos a preguntar nombres y de dónde éramos. Afuera los gritos, los golpes de los federales a la cortina, lanzaron otro gas al interior de la casa y cayó en el patio. Querían hacernos salir. Jesús apagó todas las luces para mirar por un resquicio de la ventana: logramos ver que Protección Civil levantó un herido de la colonia. Otra ambulancia subió hasta la esquina para retirar a un segundo caído. Los hombres de la Tepeyac que quedaron afuera resistieron a base de piedras y palos.

Los cerca de cien efectivos que ingresaron subieron hacia la capilla. Desconocían el sentido y a dónde llevaba cada calle, pero los militares trazaron a la perfección el ataque. Su base militar reposó un tiempo en donde ahora es el kínder de la colonia, por lo que deducen los vecinos que ellos colaboraron para cercar a la población. Arriba las campanas se dejaron de repicar. Cayó un silencio interrumpido por detonaciones y disparos, gritos, motos y autos.

Foto: Jade Ramírez

Foto: Jade Ramírez

El grupo mayoritariamente de mujeres que cuidaba el ingreso a la capilla donde sentaron desarmados a los 35 policías federales, se tuvo que dispersar ante la llegada de los antimotines en rescate de sus elementos.

Desde adentro salió un disparo hacia la explanada. El choque narrado por quienes lo vivieron se dibuja directo. “Venía corriendo Antonio cuando un policía le disparó directo al corazón y cayó el compañero”, explicó al día siguiente en la recapitulación de hechos una de esas mujeres vecinas de la colonia con pañuelo al rostro, que vigilaban nada les pasara a los policías retenidos. Se reunieron los vecinos para esclarecer dudas y seguir tomando decisiones. Sobrevoló otra vez un helicóptero de la Marina la zona.

Las fotografías de la ejecución extrajudicial de Antonio Vivar Díaz de 29 años, egresado de la Universidad Pedagógica Nacional en la carrera de Desarrollo Integral, exhiben que fue atendido de inmediato y vendado a la altura del tórax. Se lo llevaron a la clínica del Issste, pero no resistió.

Pasamos la noche sentados, con temor, rabia e incertidumbre, a oscuras, en silencio, ocultando la luz de los teléfonos celulares por temor que los antimotines, el ejército o los motociclistas que hacían rondines en las calles de la colonia Tepeyac, se percataran de que allí nos escondíamos dos reporteros, mujeres, niños, señores y Esmeralda, la hermana de Antonio a quien le tuve que contar lo que las redes sociales decían sobre el fallecimiento de su hermano.

Llegaron refuerzos de la colonia Zapata ubicada a varios kilómetros de la Tepeyac, que permanece también en resistencia y oposición a la militarización de Tlapa con motivo de las elecciones y, en particular, desde la participación de los taxistas del sitio Juárez y el Señor del Nicho en la represión contra el Movimiento Popular Guerrerense el 5 de junio afuera del mercado, a punto de culminar con una marcha, agresión que dejó herido de la cabeza y el pulmón al profesor Juan Tenorio.

 “No tengo paz en mi corazón ahorita. ¿Cómo es posible que un policía le pegue así a un humano?”, narró una vecina de la colonia Zapata que presenció el ataque del grupo civil armado acompañado de policías estatales contra el MPG el 5 de junio en el centro de Tlapa.

Con ese sentir se sintetiza el reclamo generalizado en la colonia Zapata y motivo por el que se solidarizó con la Tepeyac y llegaron a reforzar la resistencia la noche del domingo 7: un mismo hartazgo, una misma decepción de la autoridad, un similar abandono.

Al visitar la colonia Zapata como la Tepeyac, no es difícil percatarse de las precariedades de servicios públicos municipales que tienen: pavimentación incompleta, poca iluminación, la cancha de básquet la construyeron con recursos propios.

Foto: Sergio Ferrer

Foto: Sergio Ferrer

La maestra de la sección 24, Xóchitl Castro también resultó fuertemente golpeada cuando la incursión del terror en la noche. Mientras se contabilizaban votos en la Tepeyac la refriega incluyó la quema de una motocicleta de un visitante de la colonia, corretizas y que urgiera la salida del sol. Desde la azotea se monitoreaba cómo seguía la batalla, un niño pasó cargando una rejilla de bombas molotov hacia las 23.30 horas.

Los 27 refugiados en el patio de la miscelánea permanecimos en el suelo con algunas cobijas y cubiertas improvisadas. No fluía la información, afuera las redes reportaban parte de la situación y adentro, el pasar en silencio hasta el amanecer era la única forma de estar a salvo ante el rumor de cateos.

Brigada Solidaria público en el Facebook la fotografía de Antonio herido y la confirmación de que había muerto. Tuve que decirle a su hermana menor que se encontraba escondida también allí. Actualicé a las personas de lo que acontecía afuera lo más posible. A las cero horas se fueron acomodando para dormir, mientras afuera tiros y gritos intermitentemente se escuchaban.

No era seguro salir e intentar llegar a otras casas ni salir de la colonia. A las 1.30 de la madrugada entregaron los nueve detenidos a Tlachinollan. Algunos se fueron directo a sus casas otros pasaron las horas antes de amanecer en el seminario.

Salir de la Tepeyac

La luz volvió y uno a uno salieron de la casa cuidadosamente. La familia solidaria levantó su cortina y comenzó a vender sin provocar la más mínima sospecha de nada. Afuera un vehículo golf, taxi del sitio Juárez seguía donde fue estrellado a media cuadra. La cita el 8 de junio era a las 11 de la mañana para hacer el recuento de daños y fijar posiciones.

Un minuto de silencio y aplausos por Antonio en medio del ruido que provoca el helicóptero de la Marina que seguía sobre volando la Tepeyac. “Se demostró que el pueblo es el poder y las órdenes, esa es nuestra intención”, expresó Ubaldo Segura del MPG que deslindó a la organización de la quema de vehículos y responsabilizaron a Javier Morales Prieto, Zurita y Wences de armar todo el operativo de refriega para celebrar la jornada electoral, minimizar la protesta social y reprender al magisterio.

[quote_box_left] “No tengo paz en mi corazón ahorita. ¿Cómo es posible que un policía le pegue así a un humano?”, narró una vecina de la colonia Zapata que presenció el ataque del grupo civil armado acompañado de policías estatales contra el MPG el 5 de junio en el centro de Tlapa.[/quote_box_left]

En Tlapa se amaneció con dolor, confusión y miedo. Al vehículo oficial de la escuela Normal Región Montaña lo quemaron la madrugada del lunes y las integrantes del Comité Estudiantil Lucio Cabañas volvían a advertir que cuando Ortega Martínez quiso entrara a su plantel para inaugurar la obra de ampliación, cuando le negaron el paso dijo: “Cuídense, y a sus familias también”, lo que interpretan como una amenaza de que el acoso y violencia hacia su protesta por exigir además de mínimas condiciones para estudiar y la presentación con vida de los 43, no cesará.

“¿Así es en todos los lugares?”, me preguntó Iris antes de estrecharnos la mano de despedida. “Y peor”, respondí antes de un sentido gracias por resguardarnos, cobijarnos y compartir la noche más dolida en Tlapa.

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Lado B
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