La cabeza del profesor Dowell. Así cuando muere la ciencia ficción…
 
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
08 de mayo, 2015
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LaCabezadelProfesorDowell

Héctor Jesús Cristino Lucas

[dropcap]¿Q[/dropcap]ué nos ha enseñado la ciencia ficción a través de los filtros de su insaciable literatura, de su interminable séptimo arte? ¿Qué nos ha enseñado esa implacable imaginación del hombre al expresar su temor y fascinación ante temas desconocidos que, para la respectiva época de sus autores, no eran más que puras insanias y temas imposibles, utópicos y distópicos que no podrían ocurrir, que jamás podrían suceder? ¿Qué nos ha enseñado? Que ésta, en su debido tiempo, créalo o no… termina cumpliéndose. Julio Verne había mostrado en 1865 aquella novela que para entonces no era más que pura fantasía, una locura de un individuo que soñaba mucho: “De la Tierra a la Luna”.

Posteriormente y en 1902, un señorito de nombre George Melies habría de otorgarle a la humanidad la primer película de ciencia ficción jamás filmada en la historia del cine. La primera que se atrevía a representar en las venas y cartílagos del celuloide los viajes espaciales y los primeros seres del espacio exterior: los Selenitas. Y alejándonos un poco de toda “conspiranoia” iluminati, el 20 de julio de 1969 (Un año después del estreno de “2001 Odisea del espacio”) la noticia que cambiaría el rumbo de la humanidad y le colocaría una nueva e impresionante hoja a los libros de Historia, irrumpiría con gloria y fascinación cuando Neil Armstrong puso un pie en la luna.

H. G. Welles, allá por 1897 también habría de escribir una increíble novela que quedaría para el recuerdo: “El hombre invisible”. Cuya adaptación de la Universal Studios en 1933 lo convertiría en el antagonista y en el monstruo trágico que más de una vez habría de inspirar cintas posteriores tanto para la ciencia ficción como para el horror. Claro ejemplo de “El hombre sin sombra” con Kevin Bacon o para novelas gráficas como “La liga extraordinaria” de Alan Moore. Lo impresionante es que la idea de la invisibilidad jamás se había planteado como algo posible, pero sí deseado por muchos a través de los años.

Actualmente esta premisa es tomada en serio en el campo bélico estadounidense. Realizándose como un proyecto serio cuya finalidad reside en otorgar cierto poder de invisibilidad a tanques de guerra o soldados para la ventaja contra el enemigo. ¿Ciencia ficción? No, creo que ya no…

Podría seguir enumerando miles de autores que han dejado una huella clara en el género y que para nuestros días se han vuelto predicciones casi exactas que hasta resultan inquietantes. Isaac Asimov con sus tres leyes de la robótica, cuyo libro: “Yo Robot”, no es más que un reflejo próximo hacia el mundo automatizado de la tecnología y los avances del hombre con la máquina.

Y allá por 1926, el escritor de ciencia ficción Aleksandr R. Beliáyev, publicaría una obra cumbre que lo bautizaría, según la crítica a través del tiempo, como el Julio Verne ruso: “La cabeza del profesor Dowell”. Una novela que nos cuenta cómo un científico especializado en el trasplante de órganos resulta asesinado por un ambicioso discípulo suyo. El llamado profesor Kern, quien conserva su cabeza con vida obligándole a supervisar sus temibles investigaciones. La novela de Beliáyev se volvería en un verdadero clásico de la ciencia ficción, tanto así que se habría de crear una adaptación cinematográfica en 1985 de nombre: “El legado del profesor Dowell”.

Así es, todo un clásico de la ciencia ficción del que ahora he de decir con la mayor sorpresa de todos… está a punto de dejar de serlo.

[pull_quote_right]Actualmente esta premisa es tomada en serio en el campo bélico estadounidense. Realizándose como un proyecto serio cuya finalidad reside en otorgar cierto poder de invisibilidad a tanques de guerra o soldados para la ventaja contra el enemigo. ¿Ciencia ficción? No, creo que ya no…[/pull_quote_right]

No hace mucho, en abril de 2015 una noticia sacudió las redes sociales y acaparó la atención de muchos medios de comunicación. Se anunciaba que el ruso experto en computación de 30 años, Valeri Spiridónov se sometería a un arriesgado experimento con el fin de cambiarle la vida, si es que este resultase exitoso. El motivo de su asombrosa decisión tiene que ver con el padecimiento de una terrible enfermedad degenerativa incurable llamada Werdnig Hoffman, que consiste en la falta de desarrollo de los músculos del paciente desde su temprana edad. Por lo que el esqueleto, de alguna u otra manera, comienza a deformarse a tal punto de provocarle una muerte lenta pero segura.

Por ende, Valeri ha aceptado la oferta del doctor italiano Sergio Canavero, que consiste en el trasplante de cabeza a un cuerpo sano. Mientras que el donante, a su vez, sufre parálisis cerebral pero mantiene un cuerpo relativamente saludable, por lo que el paciente trasplantará su cabeza a éste.

Las últimas veces que se realizaron experimentos de este tipo fueron las siguientes: La primera, en los años treinta y cincuenta, dirigida nada más y nada menos que por el famoso científico Ruso Vladimir Demikhov (quien de hecho fue el pionero en los temas de trasplantes de órganos) al crear su tan conocido perro de dos cabezas. El animal era un perro completo con la cabeza y las patas frontales de otro can, pero adheridos a su lomo. Y la segunda, en 1970. Con inspiración del trabajo de Demikhov, un grupo de científicos de Ohio dirigidos por Robert J. White, un neurocirujano y profesor de cirugía neurológica, logró trasplantar la cabeza de un mono en el cuerpo de otro, pero sólo logrando mantenerlo con vida por nueve días.

Sin embargo, la única diferencia de ahora con aquellos tan extravagantes sucesos, es que ésta sería la primera vez que se realizaría un experimento tan complejo con un ser humano. Y no hablamos de teorías o proyectos embrionarios cuyos resultados posiblemente veríamos dentro de veinte o treinta años, sino dentro de un par de ellos. Es decir, en el prontísimo 2017 según lo ha confesado el propio Sergio Canavero.

¿Quién iba a decir que en 1926, Aleksandr Beliáyev escribiría una novela de ficción tan visionaria que ya para el 2017 se volvería en una irremediable profecía? Sólo hay que detenerse a pensar. Incluso el paciente Valeri Spiridónov resultó ser ruso como el propio autor.

De ser este experimento exitoso, estaríamos hablando de algo tan inimaginable que sobrepasaría barreras. El trasplante de cabeza se volvería en uno de los más grandes avances de la medicina. ¿Y por qué no? de la humanidad misma. Cuya idea de inmortalidad nos quedaría más cercana que nuestros mitos y cuentos folklóricos de los que tanto hemos soñado a través de las eras. Alargando nuestro período de vida a tal punto en que el hombre entraría en un nuevo nivel de percepción. Y así, la ciencia ficción volvería a morir sólo para renacer como una plena y sobrecogedora realidad.

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com