Atentados en Jalisco: crónica de un viaje familiar

Atentados en Jalisco: crónica de un viaje familiar

Foto: Noticiero Tamazula
Foto: Noticiero Tamazula
Karen de la Torre

@karelampia

Partiendo de Puebla, es necesaria toda una noche para llegar a mi pueblo: toda una noche con la boca cerrada por falta de compañía y posiblemente una noche fría por el clima manipulado del autobús. Terrible, simplemente terrible para alguien a quien le duelen los dientes si no habla durante 30 minutos.

Esta vez no sufriría de esa noche entera: el jueves 30 de abril caminé altiva y triunfal por las calles de la capital mexicana y sentí que mi suerte desbordaba de mis caderas que se desbarataban poco a poco como siempre que ando así de presuntuosa. Tenía mucho sentido entonces, porque una tía que vive en Celaya, Guanajuato me daría un aventón a Guadalajara y así, ahorrando unos pesos y coleando una cena y un desayuno llegaría con hambre a casa de mis papás, ubicada en Tamazula de Gordiano, un pueblo -en realidad es Ciudad por el número de sus habitantes- del super-poderoso Sur de Jalisco (inserte aquí una cuádrupla de corazoncitos rosas <3).

De la Ciudad de México tomé un Primera Plus a Celaya y allá llegué a deshoras de la noche por tremendo tráfico en Querétaro, como siempre. Saludé a mis tíos empijamados y en cuestión de minutos dormía una pequeña siesta en cuarto del menor de mis primos, pequeña siesta porque había que madrugar para irnos a Guadalajara (¡!).

***

Hasta ese momento llevaba 2 días de viaje y una mochila llena de ropa sucia, hasta las 9 horas del día del 1 de mayo mi estómago había acogido un delicioso jugo de naranja, por lo que el olor de los taquitos de asada, carnaza, bistec y barbacoa de un mercadito de paso en Ayotlán, Jalisco lo llamaron profundamente y junto con mis tíos tomamos un agradable desayuno.

Habíamos pasado Atotonilco y estábamos por llegar a Zapotlanejo cuando una llamada nos alertó de un narco-bloqueo en la entrada de Guadalajara, una entrada equis que no nos afectaba para nada, según. Desconfié, y me alarmé un poco, le pregunté a mi hermano sobre las noticias en Jalisco y comenzó a mandarme por Whatsapp un listado interminable (a mi ver) de entradas bloqueadas, y el calificativo terrible, regresó a mi vocabulario: Hola narco-bloqueo en la carretera Libre de Zapotlanejo.

received_1431906797111529Pasé la noticia a mis tíos pero la Van siguió avanzando hacia el punto de ebullición, ya habíamos recorrido muchos kilómetros para regresar, supongo, era eso o la incredulidad del conductor. La cosa es que en Tateposco nos encontramos frente a una humareda negra y creciente, y de un vehículo rojo avanzando hacia atrás por el otro carril, asomó la cabeza una señora para decirnos, gritarnos “¡Son balazos!” casi cayéndose por la ventana.

Digo, terrible, un conductor muy amable nos dijo que ahí adelante, donde se veía el humo, los narcos habían incendiado unos carros y que había balazos, que no nos dejarían pasar, que debíamos rodear toda la zona por Tepatitlán e incorporarnos a la autopista, porque estaba libre. Sí, sí estaba, me los dijeron mis fuentes al Whatsapp.

La señal estaba buenísima para dedicarle la de “vienes y te vas” con los Askis, y cuando en un despoblado agarró unas rayas mi celular, seguí leyendo la lista interminable de los narco-bloqueos… mi querida Tamazula estaba entre ellos ( L, </3 ). Me dolió, todo me dolió y especialmente habérmela creído, esa de ser una chica con suerte.

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Pudimos entrar a Guadalajara y ahí me quedé para alargar todo a tres días de viaje, todavía en la tarde leí una nota sobre la limpieza de la carretera de Tamazula. En mi pueblo la situación había sido: bombas molotov en las tres sucursales bancarias (fallaron, los daños fueron leves), una balacera en la carretera Jiquilpan-Manzanillo a la altura de nuestro panteón municipal, y un tráiler, un urbano y dos camionetas pickup incendiados.

En ambiente de luto, antes de comer, nos reunimos en la sala de la casa de un tío y vimos el comunicado preliminar del gober, Aristóteles Sandoval. Abrumados guardamos silencio, y escuchamos todas las repeticiones de las cifras oficiales, que hasta ese momento referían 29 bloqueos y no 39; 20 municipios afectados, y no 25; 15 personas lesionadas; 3 desaparecidos, y 3  muertos, y no 7. Sabemos del narco en casa, pero jamás pensamos que salieran a manifestarse. Qué increíble todo.

Fue extraño porque, sin hacer caso al código rojo, nos sumamos a las centenas de personas que pasaron el día festivo en el centro de Guadalajara; mi primo y yo, escamados, casi gritábamos “pecho-tierra” cuando veíamos patrullas de la policía federal por el mero corazón de la perla tapatía, y también hicimos ese gesto al ver a los francotiradores en la azotea del Palacio de Gobierno en la Plaza de la Constitución (mejor conocida como Plaza de Armas).

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No tan temprano como para prevenir cualquier situación similar a los narco-bloqueos, tomé un autobús a Ciudad Guzmán, desde la central nueva de Guadalajara. Tomé el Sur de Jalisco de la 1.30 pm, cosa que recuerdo perfectamente bien porque lo posteé en mi muro de Facebook junto con esta foto que no me deja mentir, al decir que yo era la única pasajera.

Foto: Karen de la Torre
Foto: Karen de la Torre

Al pasar Tlaquepaque, se subieron 15 personas y nada más. Los pasajeros a mi costado eran una familia: mamá, papá y un par de pequeñitos. Recordé el miedo cuando vi que se tomaron muy en serio el persignar a los niños y rezar un “dulce madre” tomados de las manos. No queríamos hablarlo porque creíamos que como la ley del universo: si lo pensábamos fuertemente, lo atraeríamos, pero ¿qué va?, seguro que los dueños de los carros (33) incendiados el día anterior ni se lo esperaban.

Luego de las horas y las lagañas entre mis ojos, sentí el viento azotador de mi ciudad natal al bajar del autobús. La central estaba casi muerta. Me compré un helado y fui a desparramarlo a la sala de espera (el vaso que sostenía mi tentempié era muy pequeño). No se hablaba de otra cosa: los bancos incendiados de Zapotiltic y Guzmán, habían quedado en cenizas. La señora que más me hablaba me decía que esperaba que se hubiera dañado la Caja Popular (una institución de ahorros y de impuestos), para que le perdonaran sus deudas o algo.

“Tamazula estuvo todo el día muerto, la gente no salió de sus casas, todos se encerraron, ni trabajaron”, me comentó Josué, un compañero de la secundaria que acababa de regresar de los Estados Unidos de Norteamérica y que tenía algunos 10 años que no veía.

***

“Capitán, ¿Es un hecho sin precedentes?”, pregunté a José Francisco Martín del Campo, yo ya sabía que sí, pero quería que el Director de Seguridad Pública del municipio donde viví mi dulce infancia me lo confirmara: “Sí, jamás en Tamazula había pasado algo así”.

Foto: Noticiero Tamazula
Foto: Noticiero Tamazula

Digamos que estamos todos los primos en casa de los abuelos, y los abuelos ya están algo grandes para corretearnos, e incluso para reprendernos; digamos que por eso, de rato en rato, nuestros papás y los tíos vienen a dar vueltas a la casa de los abuelos para ver cómo nos estamos portando. Pensemos en una gran travesura que traman un par de primos que vendrá a afectar a todos: a nosotros, a nuestros padres, tíos y a nuestros abuelos, y dependerá de que un tío o alguien esté para detenerlos.

Así pasa con este tema: los abuelos son la policía municipal, los primos somos los habitantes de Tamazula y los padres o tíos son las fuerzas federales que podrían hacerle frente a los primos y sus atentados en contra de todos. Es la mala noticia, el Cartel de Jalisco Nueva Generación vive entre nosotros, y es posible que muchos de sus integrantes sean nuestros vecinos, conocidos o familiares, por eso nunca pensamos que algo así pasaría.

-¿Jamás ha habido un enfrentamiento directo de la policía municipal contra el Cartel de Jalisco Nueva Generación?,le pregunté al capitán.

-No, hasta el momento no hemos tenido ningún tipo de enfrentamiento con el Cartel Jalisco.

-¿La policía municipal está capacitada para enfrentar al CJNG?

-Sí, no, definitivamente la policía municipal de Tamazula está atravesando por un momento crítico: el estado de fuerza que tenemos, pues, no es suficiente como para enfrentar este tipo de situaciones, entendiendo que la policía municipal, de los delitos de los que toma conocimiento y dada la seguridad que le corresponde… no, vaya, no está involucrada en este tipo de acontecimientos. Nosotros sí necesitamos forzosamente del apoyo de fuerzas federales.

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