EL DIABLO Y EL CINE
Ana Paula Rumualdo
Por Lado B @ladobemx
17 de abril, 2015
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Ana Paula Rumualdo

@DognaDiabla 

 

El exorcista, El bebé de Rosemary y La profecía son, tal vez, los ejemplos más famosos de las representaciones del diablo en el cine. Los tres filmes, rodados en E.U., han gozado de amplísima difusión y, por si fuera poco, son hijas de la generación setentera que, en Hollywood, se encargó de cambiar las reglas y hacer películas enormes e inolvidables.

También tenemos Sospechosos comunes de Bryan Singer y El día de la bestia de Álex de la Iglesia, que abordaron el tema con excelentes resultados.

¿Quieren más?

Aquí tres ejemplos de mi arbitrario gusto:

El estudiante de Praga (Der student von Prag, Stellan Rye y Paul Wegener, Alemania, 1913) narra la historia de Balduin, un pobre estudiante que, enamorado de una condesa, es embaucado por Scapinelli, un astuto comprador que hace las veces de Mefistófeles para que le venda su reflejo: nada más y nada menos que a su doppelgänger.

En 1926 se hizo un remake, pero esa primera versión, aun con su bajo presupuesto, sentó un precedente para el cine de terror alemán que, de mano del expresionismo,  protagonizó una de las páginas más interesantes de la historia del cine.

Por cierto, el director y actor protagónico de la película, Paul Wegener, también protagonizó El golem, cinta indispensable para todo cine adicto.

En 1943, La séptima víctima (The Seventh Victim, E.U.), ópera prima de Mark Robson, vio la luz.

El filme abre con una cita de John Donne: “I run from death and death metes me fast. And all my pleasures are like yesterday”, y cuenta la historia de Mary Gibson, estudiante de un internado quien se ve obligada a dejar la escuela y viajar a Nueva York para buscar a su hermana desaparecida, cuya vida está en riesgo a raíz de que reveló la existencia de una secta satánica.

La secta ahí retratada hace guiños al “Sendero de la mano izquierda”, una agrupación cuyos principios Laveyanos podrían ser descritos, muy brevemente, como budismo revanchista, cosa que se encuentra muy lejos del estereotipado concepto que implica sacrificios humanos y pura maldad.

El infierno (Jigoku, Nabou Nakagawa, Japón, 1960) cuenta la historia de un estudiante que una noche, en compañía de un amigo, atropella a un Yakuza, fugándose inmediatamente. A partir de ese momento, su vida cae en un espiral donde la culpa, el sufrimiento y la muerte juegan el papel principal.

Con una visión del infierno deslumbrante y repleta de símbolos que hacen las delicias de cualquier clavado en el tema, la película es uno de esos referentes imprescindibles del género, precursora de la sanguinolencia de los filmes asiáticos que no les dejará levantarse del asiento sin sentirse, de algún modo, inmerso en sus imágenes.

 

Ana Paula Rumualdo. Abogada especialista en contrataciones públicas que gusta de analizar las intersecciones entre leyes y Ciencia Ficción. Cursó el diplomado de “Literatura fantástica y ciencia ficción” en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Cinéfila y cofundadora de Penumbria, revista fantástica para leer en el ocaso.

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