Desaparición forzada: el miedo desde el Estado
Guerrero es el estado que concentra el mayor número de desapariciones desde los 70s, cuando se impuso una política de terror
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
23 de abril, 2015
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Foto: Prensa Ibero Puebla

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

“¿De qué tamaño son las fosas en este país? ¿Cuántos más caben en ellas?” Con estas preguntas, la directora el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (Idhie), Galilea Cariño, presentó la conferencia “Violencia de Estado y desaparición forzada en América Latina: el caso de Ayotzinapa”, que sirvió como inauguración del Diplomado Interuniversitario en Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana Campus Puebla.

La doctora e investigadora Pilar Calveiro, quien dictó la conferencia, explicó que la desaparición forzada –lo que implica la participación y complicidad directa de elementos del Estado– comenzó a finales de  1960 como una práctica esporádica que poco a poco aumentó de frecuencia, convirtiéndose en un instrumento usual de control para el gobierno. 

Calveiro habló primero sobre el Estado, el Derecho y la violencia, explicando que todo Estado decide entre la violencia legitimada por la ley y  la considerada ilegal. La violencia que se presenta ante la sociedad como legítima, que pretende no constituir un delito, es la que ejerce el gobierno, y en este marco se inscribe la práctica de desaparición forzada que va de la mano con el miedo que se siembra para paralizar la lucha social.

En toda América Latina esta práctica fue instrumentada desde las instituciones en el marco de las llamadas “guerras sucias”, durante las cuales se orquestaron escenarios bélicos para construir supuestos enemigos y así justificar prácticas de excepción. Calveiro dijo que esto era “una forma de exterminar una disidencia política que no se sentían capaces de controlar por otros medios. Era una forma de violentar la ley sin asumir los costos políticos o legales.”

Pero el contexto ya no es el mismo. Ahora hay un nuevo orden mundial, ya no en dos polos, sino de una concentración de recursos, poder y enriquecimiento. El Estado se ha reconfigurado a nivel global, y los Estados-nación se han alineado o subordinado. “Las violencias se ejercen en circuitos que conectan lo ilegal con lo legal (…), responden  a intereses económicos y políticos”, dijo Calveiro, explicando que los circuitos ilegales y legales, en este nuevo orden mundial basado en la acumulación, se sostienen mutuamente. Añadió que en esta fase actual del capitalismo, el Estado ya no es la estructura vertical y homogénea de los 70, sino que funciona como una suerte de aparato fragmentado y discontinuo, con la autonomía de ciertas de sus partes, sustentado en acuerdos y pactos dentro del modelo neoliberal.

[quote_box_left]Calveiro dijo que esto era “una forma de exterminar una disidencia política que no se sentían capaces de controlar por otros medios. Era una forma de violentar la ley sin asumir los costos políticos o legales.”[/quote_box_left]

Aunque la investigadora apuntó que lo que pasa en la actualidad no puede considerarse una mera continuidad de lo que pasó durante la guerra sucia, de todas las denuncias de desapariciones durante ese periodo en México, 82% de éstas ocurrieron en Guerrero. Ahí, en el mismo estado donde el 26 de septiembre de 2014 fueron desaparecidos los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.

La política se sostuvo, aunque disminuyó a alrededor de diez casos “oficiales” por año. Se mantuvo de manera selectiva por décadas, y se fue naturalizando en el escenario político mexicano. A partir del año 2000 y particularmente del 2006, de la mano con la “guerra contra el narcotráfico” del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, esta práctica se ha multiplicado. 

Lo que ocurrió con los estudiantes de Ayotzinapa, explicó la doctora, saca a la luz la asociación de grupos delictivos con las autoridades, demuestra el aparato descompuesto, penetrado y fragmentado del Estado de hoy en día. Por eso, dijo, “Ayotzinapa no es sólo Ayotzinapa, y Guerrero no es sólo Guerrero.”

Calveiro aclaró que las víctimas de las desapariciones de hoy en día ya no son necesariamente los disidentes políticos, sino los miembros periféricos de las redes criminales, personas utilizadas como mano de obra desechable. Ellos, y los activistas que luchan contra estas prácticas. Las autoridades y el Poder Judicial operan, dijo, en colusión, como en los 70, borrando así  las responsabilidad del Estado. Pese a que hay instancias internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Human Rights Watch (HRW) que han documentado y denunciado cientos de casos de desaparición forzada en México, las narración oficial sigue ignorándolo.

¿Y por qué algunos prefieren ignorar lo que pasa? En palabras de la investigadora argentina, porque siempre cuesta mirar lo que duele. Por la impotencia de no poder hacer nada, sentimos una posición de cierta complicidad, “y ser cómplice es muy incómodo”. Pero el olvido es una parte del mecanismo del Estado y de la desaparición, de un dispositivo que intenta silenciar un fenómeno, “que se olvide, que no quede en la memoria”. Y por eso, dijo, es fundamental ejercer prácticas de la memoria. Lo que pasó durante la guerra sucia se basó en el no hablar hasta el punto de naturalizar la violencia de Estado. 

Ante la pregunta de qué sigue ahora para la sociedad civil, Calveiro puntualizó primero una distinción importante entre miedo y terror. El segundo se usa “de manera más focalizada, en ciertos lugares”. Y de manera generalizada, “lo que tenemos son estas políticas de miedo. No estamos todos bajo un régimen de terror, pero hay prácticas de terror en algunos momentos puntuales. Si lo que identificamos son políticas de miedo, no hay que dejarnos atemorizar, ser presa fácil de miedo.”

[quote_box_right]Pero el olvido es una parte del mecanismo del Estado y de la desaparición, de un dispositivo que intenta silenciar un fenómeno, “que se olvide, que no quede en la memoria”. Y por eso, dijo, es fundamental ejercer prácticas de la memoria. Lo que pasó durante la guerra sucia se basó en el no hablar hasta el punto de naturalizar la violencia de Estado. [/quote_box_right]

El miedo se combate con la compañía, dijo, poniendo como ejemplo a los familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa quienes junto con decenas de ciudadanos han iniciado la búsqueda de sus desaparecidos en los montes y cerros: “no es casualidad que estas respuestas aparezcan desde un ámbito comunitario. (…) Lo local tiene la posibilidad de encontrar fisuras, generar resistencias y transformaciones muy significativas a esta organización de carácter global que por sus propias características, hay mucho que se le sale de control.” Esta inoperancia del Estado ha resultado en formas autogestivas, de autoorganización por parte de la sociedad civil, dijo la especialista. Calveiro citó las palabras de una de las madres de los normalistas desaparecidos, quien dijo que “al llevarse a nuestros hijos, también se llevaron nuestro miedo”. 

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Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”