¿Todos los periodistas querrán ser Carmen Aristegui?

¿Todos los periodistas querrán ser Carmen Aristegui?

Susana Sánchez Sánchez

Lo interesante del periodismo radica en comprender cómo es practicado. Hablar del periodismo en general es peligroso porque en la práctica no es exactamente una profesión que busca y revela los hechos aunque resulten incómodos para algunos círculos de poder, para hablar de la práctica periodística hay que estar situado en un contexto social, político, económico y geográfico. Por ejemplo, los despidos de dos periodistas del equipo de noticias de Carmen Aristegui y de la misma Aristegui de la empresa MVS, son secuelas de un periodismo crítico que sufre censuras desde el porfiriato. El control de la información que será pública es una vieja práctica de la esfera política que hinchada de poder desde o con el apoyo de medios de comunicación, iglesia, empresarios o universidades, marca el ritmo de los discursos públicos. Con ello no quiero decir que no se deba hacer nada en materia de libertad de expresión, pero resulta complicado frenar ese monstruo respaldado por las estructuras institucionales que llevan las riendas del país.

Si bien el despido de Carmen Aristegui de MVS representa un retroceso en materia de libertad de expresión, pues todo apunta a que los temas que investigaba su equipo resultaban incómodos para los lazos de MVS-Gobierno en turno; también es prueba de que las audiencias necesitan de un respaldo institucional o de un personaje para creer que el periodismo es periodismo. En México para creer en los practicantes de una profesión, necesitamos idealizar gente al grado de hacerlas íconos o representantes supremos y opinar que como él o ella no hay igual. Entonces nos convertimos en fans y nos olvidamos de que el periodismo crítico y de investigación no depende de un personaje o de unos cuantos periodistas, curiosamente concentrados en la capital del país.

¿Todos los periodistas querrán ser Aristegui? Afortunadamente y seguramente no. Hay periodistas que, por ejemplo, nacieron con el periodismo digital y una manera más dinámica de narrar las cosas y con otra visión de las audiencias y sus modos de consumo. La desventaja de estos nuevos periodistas es que no tienen la trayectoria de Carmen Aristegui ni el respaldo simbólico de las esferas intelectual y política más críticas del Estado. Quizás estos nuevos periodistas son como aquella Aristegui a sus 20 años de edad, una más, sin fama y tampoco sin el respaldo que bien o mal le han dado las instituciones o empresas periodísticas por las que ha pasado.

¿Todos los periodistas querrán ser Aristegui? Afortunadamente y seguramente no. Hay periodistas que, por ejemplo, nacieron con el periodismo digital y una manera más dinámica de narrar las cosas y con otra visión de las audiencias y sus modos de consumo. La desventaja de estos nuevos periodistas es que no tienen la trayectoria de Carmen Aristegui ni el respaldo simbólico de las esferas intelectual y política más críticas del Estado. 

Carmen Aristegui está tan bien posicionada dentro del periodismo crítico que no le faltará el apoyo moral y económico para seguir vigente. La lucha contra MVS es de carácter político y eso hay que aplaudirlo, no siempre los periodistas señalan públicamente las alianzas entre el poder político y la prensa.

Si alguien quiere aspirar a ser Carmen Aristegui, ojalá sean los jefes de información, porque en este país donde las empresas periodísticas tienen fuertes alianzas tácitas con esferas del poder, es más fácil que los jefes de información se laven las manos y no digan ni pío al momento de los azotes contra sus equipos de trabajo. No todos los jefes de información contratados por una empresa periodística se juegan la chamba por sus periodistas. Carmen Aristegui es grande porque ha demostrado que a los primeros monstruos violentos a los que se ha enfrentado son a los dueños de sus casas editoriales.

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