Paredes que hablan, parte II
Unos días después de que los diputados aprobaran la modificación al Código Penal del estado de Puebla que presentó Eukid Castañón Herrera en el congreso local, el parque de mi colonia amaneció tagueado con aerosol rosa: un par de troncos, el tablero de basquetbol, los postes de la portería de futbol y parte del cemento de las canchas muestran aún caracteres extraños que gritan vandalismo.
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
17 de marzo, 2015
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Alonso Pérez Fragua

@fraguando

[dropcap]U[/dropcap]nos días después de que los diputados aprobaran la modificación al Código Penal del estado de Puebla que presentó Eukid Castañón Herrera en el congreso local, el parque de mi colonia amaneció tagueado con aerosol rosa: un par de troncos, el tablero de basquetbol, los postes de la portería de futbol y parte del cemento de las canchas muestran aún caracteres extraños que gritan vandalismo.

Que quede claro: cuando el aerosol es usado para atacar fachadas de edificios públicos o privados con garabatos, la palabra es, irremediablemente, vandalismo. Cuando esa misma lata de pintura sirve para dar vida a un mural –quede “bonito” o no- podemos hablar de graffiti y de una intención artística, que no arte forzosamente. En cualquier de los dos casos, sin embargo, surge una pregunta que es vital contestar: ¿por qué?

¿Por qué esas personas atacan espacios que, muchas veces, también les pertenecen? ¿Por qué la necesidad de hacerse “visibles” a través de un acto que, además, saben ilegal? Y aquí la segunda aclaración: creo que debe haber un castigo –como por ejemplo, la reparación del daño- pero cualquier acción punitiva debe ir acompañada de un seguimiento y, sobre todo, de un ataque a las causas –este famoso por qué- y no solo a las consecuencias –la acción de vandalizar.

Como escribí en la primera parte de esta entrega, mi aportación a este tema fue a través de una serie de notas, entrevistas y fotografías comentadas que Abraham Paredes y yo titulamos Paredes que hablan y que publicábamos cada vez que era posible en La Jornada de Oriente, ya fuera en donde nos correspondía dentro de la sección de Cultura y, en ocasiones, en la contraportada del periódico. Así, entre finales de 2008 e inicio de 2010, realizamos una cartografía del graffiti poblano, una especie de mapeo de los muros intervenidos legalmente con aerosol, ya fuera con el permiso de los dueños de los inmuebles o con el apoyo del programa correspondiente del Instituto Municipal de la Juventud (IMJ) o de alguna asociación local.

Ignacio Zaragoza

Agosto de 2008

Cerca del reloj de la junta auxiliar Ignacio Zaragoza, sobre la calle 5 de mayo, Soledad Villegas tiene una de las fachadas más observadas y observadoras.

El tono lila original de la pared ha emprendido un viaje acompañado del rojo, el verde, el café, el azul, el blanco y el negro. Colores salidos de las latas de Christian, “Kraz” y “Lethal7” y que dieron voz al cemento. “Ese día estaban unos cuates con nosotros y uno de ellos, en su viaje, drogado, empezó a platicar la historia que se ve en el graffiti”, me contaba “Kraz”, extrañado en un principio de que alguien tuviera interés en su historia y hasta registrara su voz con una grabadora.

Viaje pop en una nave del futuro. Visita al pasado, a las estrellas, donde el abuelo del viajero aguarda. Una plantilla y pintura negra que dieron vida al rostro del viejo que ahora observaba a su nieto y a los paseantes debajo de una gorra. Hoy, los viajes de ese viajero, amigo de “Kraz”, ya no inician con drogas sino con el poder de la imaginación y el graffiti.

Foto: Alonso Pérez Fragua

Foto: Abraham Paredes

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Foto: Abraham Paredes

 

Centro Histórico

Septiembre de 2008.

“Si las paredes hablaran…”. Ésta lo hace, como muchas en nuestra ciudad. Ahí, en la 10 oriente, entre la 4 y 6 Norte, un pedazo de cemento susurra “tolerancia”. Desde hace cerca de un año, el negocio Merkamuebles, propietario de este espacio, determinó poner un letrero que reza “Área de graffiti”.

Aproximadamente cada mes, las imágenes sobre esta pared se transforman ante los ojos de los peatones. Un mes o lo que tarde en llegar el siguiente grupo de grafiteros con una propuesta interesante, relatan Laura López y Víctor Manuel Silva, empleados de la mueblería. Hace una semana, un insecto, una creación marciana y otro rostro soñador invitaban a la gente a bailar y gozar con la combinación de colores que salió de las latas de aerosol. “Baila nena”, decía el DJ.

Hoy, encima de ese baile irreal, el peatón puede ver a una joven de cabellos azules engendrada en Tehuacán, quien tranquilamente escucha música junto al otro mural de un artista de esa misma ciudad y aquél otro de autoría poblana.

En alguna ocasión, relata Víctor Manuel, la obra en turno fue la cara de Jaime Maussan, “el de los ovnis”. Pero ya sean terrícolas o extraterrestres, la pared está a disposición de todo aquel que quiera expresarse a través del arte urbano.

Foto:¿?

Foto: Abraham Paredes

Paseo Bravo

Enero de 2009

Los últimos días de 2008, el céntrico Paseo Bravo sufrió un cambio de imagen resultado del graffiti que un grupo de jóvenes compartiera con la ciudadanía en el área que rodea al kiosko. Ambos lados de la muralla que delimitan esta zona del parque fueron adornados con la obra de casi una veintena de grafiteros quienes plasmaron con sus latas de aerosol diversas imágenes de los más variados temas.

Apoyado por el IMJ, las distintas piezas en aerosol suscitaron distintas opiniones entre los paseantes con los que platicaba. Como Mariana Rodríguez, comerciante y madre de familia. “Por lo menos este graffiti se ve un poco más ordenado y limpio que el que se veía antes, descuidado. Ahora le da realce a las bancas del Paseo Bravo. Yo paso continuamente por aquí y antes estaba pintado con groserías, con cosas obscenas. No le daban a uno ganas de pasar por aquí. Parecía zona de vagos, de miedo. Ahora sí vengo con mis hijos y les digo: ‘miren, ahí hay unos conejitos, un perrito’ y damos la vuelta. Tiene otro aspecto definitivamente”.

A cada paseante con el que me cruzo, la pregunta obligada es: “Luego de ver esto, si algún grafitero le pidiera permiso para hacer un mural similar a estos, ¿lo permitiría?”

-Sí. Sí me gusta. A partir de que vi esto. Antes para mí el graffiti eran rayones en las paredes.

Mariana se aleja y Vicente, electricista, me regala unos minutos: “A lo mejor no soy muy bueno para opinar sobre pintura pero no me agrada. ¿Cómo explicártelo? Bueno, algunas imágenes están bonitas. Las que parecen caricaturas. Pero hay otras que no las entiendo. No entiendo ese arte. Aunque estas pinturas se ven mejor porque son como caricaturas. Y las otras, las que ves por las paredes de la ciudad son como unas letras que no les entiende uno. Yo paso a veces por el Paseo Bravo y bueno, pues ahora sí tiene orden, no está rayado. Ahora sí lo hicieron con permiso y antes nada más los grafiteros pintaban a escondidas”.

“Luego de ver esto creo que sí le daría un espacio para que pintaran algo bonito a que me grafitearan toda la barda. Incluso creo que hay estados que permiten que los grafiteros pinten en ciertos lugares”.

Pedro Robles es propietario de un negocio de carpintería. Él y su familia viven en la colonia Chapultepec y sus hijos se dedican eventualmente al graffiti. “Esto que hicieron en el Paseo Bravo es una buena opción, un buen lugar para los chavos en vez de que anden pintando por las calles. Lo que es el graffiti aquí en esta área se ve que está bien hecho porque el graffiti muchas veces son puros rayones en las calles y eso no tiene ningún sentido. Estas áreas se deberían extender por toda la ciudad porque dan una imagen más positiva que las bardas todas pintadas”.

“Mis hijos y otros muchachos han pintado algunas veces en mi casa con permiso. Yo creo que mi casa es una de las únicas de la colonia Chapultepec que lo permite. Las demás no han dejado que grafiten su fachada porque creo que les falta información sobre el tema. Y además algunos vecinos son personas muy posesivas. Dicen ‘es mi casa y por qué vas a pintarla’. Desde antes de que mis hijos entraran a esto del graffiti nosotros en la familia ya teníamos esta mentalidad pues vivimos en los barrios. Entonces ahí es muy común este tipo de actividades. Y como te mencionaba, aquí tienes imágenes con un sentido artístico. No como en otras partes que sólo hacen rayones sin sentido”.

Josué tiene 17 años y ya trabaja. Es grafitero al igual que su hermano Mario Gerardo de 15. Josué no participó en la barda del Paseo Bravo, pero “pero mi hermano sí. Somos de la colonia Aquiles Serdán, aquí cerca del Paseo. A mí me hubiera gustado pintar aquí pero ese día mi hermano no me avisó. La verdad es que está muy padre este graffiti”. Mario Gerardo, por su parte, cuenta que participó a invitación de un amigo que también es grafitero. “El ayuntamiento nos dio las latas y nos asignó el espacio. Mi tema fue una reflexión sobre el graffiti pero también puedes encontrar piezas sobre el mar, por ejemplo. Estuvimos una semana completa pintando. La experiencia de pintar así con tantos grafiteros estuvo chida”.

Foto: Abraham Paredes

Foto: Abraham Paredes. Tomada de la página electrónica de La Jornada de Oriente

Pero no sólo gente de Puebla tiene una opinión sobre este proyecto. Mara Reyes, originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, comenta: “la verdad no me gusta porque usaron colores muy opacos. Les falta esencia a las piezas. Aunque definitivamente es otra forma de expresar el arte. Es algo positivo que los muchachos aquí estén desfogando lo que sienten, en lugar de estar en las calles haciendo desmanes. Mejor que vengan acá, más directo y sí, expresando lo que ellos sienten”.

“En Ciudad Juárez y en Chihuahua he visto graffiti de más calidad. El de por allá ha adoptado la forma de EU; la técnica, los temas. Los colores son más brillantes y llamativos que los que veo aquí en el Paseo Bravo. De los que vi acá la verdad no hubo ninguno que me haya impactado. Allá en Juárez si los grafiteros pintan en una sola área, de forma ordenada, no tienen problemas. Es aceptado. A mí nunca me han pedido permiso para pintar mi fachada pero si lo hicieran les diría que sí”.

 

Amalucan

Junio de 2009.

 

La variedad de los colores entre el gris del paisaje urbano. La silueta femenina, sin rostro, en posición meditabunda. La vida que mana de su cuerpo y se conecta con la raíz de su pueblo. La fusión del aerosol, el cemento y la creatividad.

Y ahí, en una esquina, la firma de su autor: “Merk”, parte del colectivo 173. “Desde hace rato estamos explorando el cuerpo humano en nuestros murales, especialmente el cuerpo femenino. Hemos entrado a un proceso de mejora donde retomamos aspectos más íntimos del entorno urbano. Intentamos meter más sensibilidad a nuestras piezas para que la gente no se olvide de la belleza interior que vive en cada uno de nosotros”.

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Foto: Abraham Paredes

Desnudos que no escandalizan, aclara. Desnudos con un sentimiento urbano. Mujeres sin rostro para que el observador dibuje uno en su mente. “Que los tres o cinco segundos que la gente vea el mural decida qué tipo de ojos, nariz y boca tienen esta y las otras diez o 15 mujeres que hemos pintado”.

¿Y el toque prehispánico? Muy fácil, continúa “Merk”. “Ya no queremos ser los típicos chicos urbanos que copian las imágenes de Nueva York, sino representar y crear momentos basados en nuestra propia cultura. Y para eso hay que leer e informarse, que es precisamente lo que hacemos”.

Foto:¿?

Foto: Abraham Paredes

Los colores de las latas que dan luz a los grises de la ciudad. Los elementos de la cultura urbana contemporánea fundiéndose en la búsqueda de identidad de un pueblo en los albores del nuevo siglo.

El Puente de la Juventud

Agosto de 2009

Cuatro días y cerca de 30 grafiteros de distintos colectivos o crews pintaron las paredes del puente del bulevar Atlixco que pasa por encima del bulevar del Niño Poblano. A partir de hoy, la mencionada estructura será conocida oficialmente como Puente de la Juventud, cuando la presidente Blanca Alcalá Ruiz devele la placa correspondiente.

Coordinado por el IMJ, la pinta tiene como temas a Puebla y lo que significa ser joven. Piezas sobre payasos callejeros, el vocalista de Café Tacvba, así como ángeles y motivos prehispánicos y de talavera, adornarán los muros del puente hasta que el tiempo y el clima se lleven el aerosol.

“Yo pinté la campana María, que está en la catedral y que supuestamente subieron los ángeles. Creo que es algo muy representativo de la ciudad. Debajo de la campana, las cadenas rotas por unos puños simbolizan la libertad de expresión que percibo ahora en la ciudad, sobre todo desde que las autoridades empezaron a apoyar el graffiti. El ángel representa la fe de los poblanos; el catolicismo y demás religiones que conviven en Puebla. Y finalmente le metí unos motivos de talavera, que también es muy poblana”, explica “Sirbeck”, miembro del crew FC Spermas.

El payasito que muestra su sonrisa de aerosol observa a la niñita que sopla sus ilusiones al aire en forma de pompas de jabón. Es la pieza de “Rusel”, quien quería pintar a “alguno de los chavos que están aquí limpiando parabrisas, que son jóvenes como nosotros. Como no encontré imágenes que me gustaran me decidí por ésta, de un payasito de la calle. Aunque aquí en este crucero no hay payasos, te los puedes encontrar en cualquier lugar de la ciudad”.

“Rusel” se dedica al graffiti legal desde hace cuatro años y pertenece al colectivo IN, cuyas siglas significan “Invasores nocturnos o Inmunda nación”.

Foto: Abraham Paredes

Foto: Abraham Paredes

[Pie: Foto tomada de la página electrónica de La Jornada de Oriente]

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.