Paredes que hablan, parte I
 
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
01 de marzo, 2015
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Alonso Pérez Fragua

@fraguando |

#LaEternaIncomprendida #graffiti #Puebla

[dropcap]N[/dropcap]o recuerdo en qué momento mis ojos se posaron, por primera vez y de manera consciente, sobre las paredes cubiertas por aerosol de mi ciudad. Seguro fue antes de involucrarme con la cultura del hip hop para mi tesis de Comunicación. Luego, al lado de Abraham Paredes, el fotógrafo con el que hacía mancuerna en la sección de Cultura del periódico La Jornada de Oriente, mi pluma y su lente se concentraron en diversos momentos en algunos de los actores de la escena grafitera poblana.

Juntos buscamos dar cuenta del uso de la pintura en lata más allá del vandalismo y de los esfuerzos de algunos grupos e instituciones públicas por ampliar el panorama de los crews de grafiteros. Ya fuera a través de notas, entrevistas o crónicas sobre festivales, concursos o personajes de este colorido mundo o, sobre todo, en la serie que titulamos Paredes que hablan: Don Abraham tomaba la foto de un mural en cualquier punto de la ciudad y yo escribía un pie para la imagen o entrevistaba al dueño de la pared y/o a los autores de la pieza.

Graffiti_AbrahamParedes

Como todo en el universo, el cielo no ha sido ajeno a los cambios. Antes acostumbrados a sus sencillas túnicas blancas, los ángeles en la actualidad prefieren unos buenos jeans y el colorido que sale de una lata de aerosol – 11 de febrero de 2009. Foto: Abraham Paredes. Tomada del sito web de La Jornada de Oriente.

Flashback: El principio

La pared lo espera. El encuentro del cemento frío con el aerosol es inminente. Un mensaje de amor, un cartón político, una pintura cubista; nada puede contener a la imaginación de un grafitero. Sólo la ley.

Desde su aparición, el graffiti ha sido motivo de admiración y repudio por igual. Arte puro o simple delincuencia, las opiniones se dividen. El periodista y crítico español Guzmán Urrero escribió en su artículo Historia del graffitique éste “ha logrado el estatus de arte cuando, en mi opinión, esta práctica es una fórmula comunicativa que sólo en determinadas circunstancias incluye elementos pictóricos de interés”.

Para el autor de The Cult (antes Cine y Letras), revista electrónica de cultura y tendencias, el catalogar al graffiti como arte de manera inmediata y sin un análisis adecuado “puede conducir al hallazgo de logros artísticos en actividades de escaso mérito estético”. Así, a lo largo de su texto, Guzmán Urrero no deja de destacar el valor comunicativo de esta actividad que considera como un medio de autodefinición y signo de pertenencia grupal entre los jóvenes principalmente.

Foto: Abraham Paredes y tomada del sito web de La Jornada de Oriente.

Paredes que gritan. De dolor. De frustración. Ante la indiferencia. Sentimientos que el aerosol transforma sobre el cemento – 14 de abril de 2009. Foto: Abraham Paredes. Tomada del sito web de La Jornada de Oriente.

De acuerdo al ibérico, el primer grafitero conocido fue un personaje neoyorquino que firmaba como “Kilroy”, quien realizó sus pintas durante la Segunda Guerra Mundial. “Kilroy estuvo aquí” era su único mensaje. Varias décadas más tarde, en los setentas, el graffiti empezó a extenderse por la misma ciudad de Nueva York, en la zona del Bronx. En aquellos años, los vagones del metro y las paredes empezaron a mostrar distintos nombres hechos con aerosol, destacando el de “Taki 183”, joven repartidor de pizzas de origen griego que en sus trayectos en tren colocaba su tag o firma como una forma de ganar notoriedad.

Demetrius, verdadero nombre de “Taki”, simplemente pintaba el número de su calle al lado de su apodo, modelo que seguirían varios de sus colegas del Bronx, según cuenta Jeff Chang en su libro Can’t stop won’t stop. A history of the hip hop generation. El periodista y crítico musical refiere que el desarrollo del graffiti en la Gran Manzana se dio a la par de los otros tres elementos que forman parte de la cultura hip hop: el break dance, el DJ y el MC o cantante de rap.

A pesar de que Chang y muchos otros autores consideran al graffiti como una expresión propia del hip hop, existen datos que ubican a esta expresión dentro de otras culturas urbanas y no únicamente en la antes mencionada. Por ejemplo, los antecedentes musicales de algunos de los pioneros eran el jazz, doo-wop, rock y hasta la música disco y muchos de los artistas del graffiti eran influenciados por portadas de álbumes de rock progresivo y música de Grateful Dead.

Por su parte, “Zephyr”, otro reconocido personaje de los inicios del graffiti, se describía como aspirante a hippie y creció en Yorkville, cerca de Manhattan, y no en el Bronx, área que vio el auge del hip hop a finales de la década de 1970.

Puebla, siglo XXI

Hip hop o no, la presencia del graffiti en las sociedades contemporáneas es innegable, ya sea como expresión estética o simple vandalismo. La paradoja del grafitero es muy clara para académicos y para los mismos involucrados: intentan que su actividad sea reconocida como arte pero en todo momento están conscientes del carácter criminal de la misma. El neoyorquino “Pink” le contaba a Chang que cuando entrenaba a otros grafiteros no estaba enseñando a un artista a exhibir en un museo sino que estaba entrando criminales que quieren obtener fama.

Aunque no sea arte, la descalificación automática del graffiti tampoco es el camino a recorrer. Puebla, como cualquier centro urbano actual, no es ajena a este fenómeno social y con cada administración, los grafiteros saben perfectamente desde el principio si su camino estará pavimentado con rocas afiladas o si habrá una mano que los ayudará a atravesarlo.

Tonatiuh Martínez, activista de derechos juveniles consideraba en 2008 que los jóvenes que realizan pintas en la ciudad de Puebla simplemente expresan su repudio ante una sociedad que no los escucha y que los reprime desde las instituciones educativas. En lugar de que las autoridades intenten comprender las condiciones familiares y sociales que rodean a estos jóvenes para proponer una solución, éstas se dedican a atacarlos.

“El problema es que en las calles existe cada vez más represión y todo lo que pasa en las calles se le achaca a los jóvenes”, continuaba Martínez. Sin estar de acuerdo con que en la ciudad proliferen las paredes cubiertas por tags, afirmaba que las acciones puestas en marcha por la policía municipal eran similares a las razias. El camino, decía, es la comunicación directa con los jóvenes. Preguntarles por qué lo hacen. “No queremos represión sino diálogo”, concluía.

No obstante, en julio de 2008 este acercamiento entre autoridades y grafiteros tuvo un momento de quiebre, como el que tuvo lugar en este2015 con la modificación al Código Penal del estado de Puebla que presentó Eukid Castañón Herrera, diputado panista, y la cual agudiza las penas contra las pintas.

En ese mes de 2008, el jefe de la unidad Anti Graffiti de Tijuana, Pastor Marín Villaseñor, visitaba la entidad poblana para capacitar sobre el tema a elementos de las policías de Puebla, San Andrés y San Pedro Cholula y Atlixco, así como a miembros de la Policía Judicial, Dirección de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (DIEDO), Policía Metropolitana y Seguridad Estatal.

Baja California Norte fue de los primeros estados en legislar en contra de esta actividad. De acuerdo al fotógrafo e investigador radicado en Tijuana, Jorge Sánchez “Jofras”, la unidad Anti Graffiti de esa ciudad tenía un expediente con obras y fotografías de identificación de varios grafiteros. Parte de su labor era blanquear las bardas pintadas, sin importar que se tratara de tags, letras o murales. Desde 2002 “Jofras” empezó a documentar la labor de varios grupos juveniles que practican el graffiti, como el grupo HEM. Asimismo ha sido académico del Departamento de Arte, Comunicación y Diseño, así como del Centro de Integración Universitaria en la UIA, Tijuana, de donde es egresado.

“Para los murales legales”, contaba “Jofras”, “se recomienda contar con permiso escrito. Aun con ello conozco casos en que grafiteros han sido levantados bajo el supuesto de que su firma en el mural los relaciona con pintas anteriores”.

Paredes-que-hablan

La cara y su mirada son elocuentes; mayor explicación no es necesaria quizá. Tristeza, añoranza o felicidad; cada quien hará su interpretación. ¿Qué hay de esas letras, sin embargo? ¿Dicen? ¿Comunican? ¿Qué secretos mensajes ocultan, si es que los hay? Foto: Abraham Paredes. Tomada del sito web de La Jornada de Oriente.

Murales, sí; no como los de Rivera, Siqueiros u Orozco. Estos son diferentes pero iguales. ¿Qué nos platican entonces estos trazos nacidos de aerosol? Muchas veces, las palabras sobran cuando las acciones hablan… (Archivo Abraham Paredes).

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.