Para preservar la arquitectura es necesario catalogarla
Fernanda Canales presenta libro y curaduría -la exposicion está en el Amparo- sobre la arquitectura mexicana de los últimos 110 años
Por Josué Cantorán @josuedcv
08 de marzo, 2015
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Foto: Mayra Guarneros

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Josué Cantorán

@josuedcv

El patrimonio edificado de México es uno de los más importantes a nivel mundial, pero es, a la vez, también de los peor catalogados y preservados. Eso permite que en muchas ocasiones exista incertidumbre en cuanto a cómo proteger los inmuebles públicos o históricos, lo que en ocasiones conlleva a su destrucción, modificación irresponsable o abandono.

Así lo considera la arquitecta Fernanda Canales, quien, en un trabajo de más de una década, ha buscado documentar y catalogar las etapas más relevantes de la arquitectura mexicana de los siglos XX y XXI, así como sus obras y proyectos más relevantes y la relación de esta disciplina con otras como el diseño, el urbanismo y las artes plásticas.

Para la especialista en arquitectura mexicana, cuyo trabajo se concreta en la publicación del libro Arquitectura en México 1900-2010: la construcción de la modernidad (2013), y más recientemente en una exposición donde se muestran maquetas, fotografías y documentos sobre los inmuebles más importantes de los últimos 110 años en México, en nuestro país se le da poca importancia a las obras arquitectónicas que datan de este periodo.

Foto: Mayra Guarneros

Foto: Mayra Guarneros

Eso conlleva a que su preservación sea descuidada, bajo el prejuicio de que la arquitectura moderna carece de valor artístico o histórico.

En Puebla, por ejemplo, se ha conocido el caso de la renovación del auditorio Siglo XXI, ahora llamado Auditorio Metropolitano, diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, uno de los nombres más importantes de la historia de la arquitectura en México. La remodelación, que corrió a cargo del gobierno estatal, modificó por completo la fachada de mosaicos con diseños en forma de X que el finado arquitecto había ideado, y en su lugar se puso una cortina de cristal.

Recientemente, al responder una solicitud de información que le hizo el portal Con los ojos abiertos, especializado en temas de transparencia, donde cuestionaba el destino que se le había dado a dichos mosaicos, la Secretaría de Infraestructura estatal respondió que “no eran talavera auténtica, por lo que no tenían valor artístico (sic)”.

Situaciones similares podrían evitarse, explica la especialista, si existiera un mayor interés por documentar y catalogar el patrimonio arquitectónico del país, aun cuando su creación sea reciente.

–Esta exhibición –cuenta Fernanda Canales durante una rueda de prensa para presentar la muestra– surge del deseo y la convicción de que uno no puede conservar lo que no conoce. Difícilmente vamos a poder valorar, cuidar, restaurar un patrimonio que no se tiene catalogado, que no se conoce o se ha divulgado su relevancia.

La arquitecta señala que es vital conocer cuáles son las piezas arquitectónicas más importantes, entenderlas en su contexto y época, y dejar de concebirlas como objetos que forman parte del paisaje urbano pero que no tienen valor alguno.

–Esta publicación –continúa explicando al respecto de su libro– hace precisamente eso: ponerle nombre a las cosas (…), explicar estas piezas, que dejen de ser un telón de fondo que quien sea puede demoler, transformar, transgredir sin ninguna piedad y ningún conocimiento. En el momento en que lo contextualizas o le pones nombre y lo entiendes en su contexto, surge otra forma de relacionarse con nuestro entorno.

Foto:  Mayra Guarneros

Foto: Mayra Guarneros

Para la especialista, la falta de estudios arquitectónicos sobre este tema ha propiciado que algunas instituciones públicas prefieran no tocar los inmuebles de valor, dejándolos tal como están. Sin embargo, ello tampoco es una solución idónea, pues todos los edificios deben ser restaurados en algún momento, siempre respetando su valor y al mismo tiempo teniendo en cuenta las necesidades actuales para las que se les dará uso.

–Su mejor solución (de las instituciones) –dice– es decir “no se toca”, y cuando las cosas no se tocan, se caen.

Presenta exhibición de la arquitectura mexicana de 1900 a 2010

El trabajo que esta historiadora de la arquitectura ha desarrollado durante más de una década ha sido plasmado en un libro, pero, como un proyecto paralelo, ahora también puede verse en la exposición «Arquitectura en México 1900-2010», que podrá verse en el Museo Amparo (2 Sur 708) hasta junio de 2015.

En esta muestra, curada por la propia Fernanda Canales, se exhiben maquetas, fotografías de época y otros documentos que permiten conocer la historia de la arquitectura mexicana de los últimos 110 años y, en parte, también del mismo país, pues la arquitectura no puede perder de vista las necesidades de una nación que en 1900 tenía cerca de 13 millones de habitantes y hoy cuenta con casi 120.

La importancia de esta exhibición es que no se centra en los nombres más reconocidos de los arquitectos de quienes siempre se habla, sino que muestra un panorama de 160 autores distribuidos a lo largo de seis etapas históricas.

La primera es la que abarca de 1900 a 1924, donde comienza la modernización de las ciudades, con la introducción de servicios como pavimento y alumbrado, y la utilización de nuevos materiales como el acero y el concreto. En la segunda etapa, que va de 1925 a 1939, destacan los nombres de José Villagrán y Juan O’Gorman.

Foto: Mayra Guarneros

Foto: Mayra Guarneros

En el tercer periodo (1940-1968) destaca la creación del Proyecto Olímpico, así como inmuebles como Ciudad Universitaria, donde trabajaron más de diez arquitectos. Para la cuarta etapa, que culmina en 1989, se tienen los nombres de Pedro Ramírez Vázquez, Ricardo Legorreta y Teodoro González de León, y entre los inmuebles más destacados están el Museo Tamayo y el Colegio Nacional.

La década de los 90, que es la quinta etapa, se define por la apertura al neoliberalismo y a nuevas técnicas. El edificio más destacado de esta etapa es el Centro Nacional de las Artes y los nombres que suenan con mayor fuerza son Alberto Kalach y Enrique Norten. La última etapa estudiada por Fernanda Canales es la que abarca los años entre 2000 y 2010.

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Josué Cantorán