How to get away with murder

How to get away with murder

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Foto: 2014 American Broadcasting Companies, Inc
Amira George

Hay que aceptarlo. Ya es vomitiva la cantidad se series de televisión de abogados, las hay de todos los colores y sabores del arco iris, no digo que sean malas, sólo que ya son tantas que no hay forma de que se pueda ver algo original.

Y no empecemos con las series de detectives, que siendo honesta es uno de mis géneros favoritos, pero también reconozco que luego son tantos que ya ni a cual irle.

Ahora ¿qué pasa si estos dos géneros los mezclamos en una sola trama? ¿Si en episodios de una hora le damos a las audiencias un programa no sólo en el que se presentan casos legaloides que a cualquiera nos hacen pensar que ya nos graduamos de la licenciatura de derecho (o al menos de los primeros dos semestres) y a la vez les damos un pequeño misterio que resolver a lo largo de la temporada? ¡Ah, ahí la cosa se pone interesante!

En el aburrimiento de las últimas semanas del año pasado, cuando todo muere y no hay nada muy interesante que hacer decidí darle una oportunidad a una serie que era promocionada como uno de los mejores programas nuevos de televisión: How to get away with murder.

La verdad desde lo largo del nombre ya como que da un poco de flojera, pero pues a falta de algo mejor dije, por qué no. Meses después mi único arrepentimiento es que la primera temporada sólo tiene 15 capítulos.

Siendo completamente honestos la trama no es del todo original: un grupo de estudiantes de derecho son elegidos por la maestra más exigente para ser sus internos, y con el paso del tiempo ellos se ven involucrados en un crimen y necesitan de todo el apoyo posible. Eso es en menos de 200 caracteres una pequeña sinopsis la cual no representa grandes spoilers porque todo lo que puse se descubre sólo en el primer capítulo.

La trama es simple, pero la presentación es lo que le ayuda mucho. Durante la primera mitad de la temporada se presentan brincos en el tiempo, se escoge a uno de los personajes principales para hilar la historia con lo que sucede el día de la Fogata, por identificarlo de alguna manera. Los brincos hacia adelante y hacia atrás ayudan para ir conociendo un poco más a fondo a cada uno de los personajes principales, cómo piensan y cuál es su punto de quiebre.

Repito, no digo que sea la mejor serie en la historia, es simplemente una serie que entretiene, que atrapa, que te hace querer más y que cumple: te distrae, te agarra y no te suelta a lo largo de 15 horas.

Para que una trama ya conocida pueda ser más absorbente no sólo es necesario una buena presentación, sino un buen casting y aquí cumple.

Empecemos con la maestra de los jóvenes, Annalise Keating, interpretada por Viola Davis, una mujer que de por si desde hace muchos años ha demostrado la madera de actriz que es y aquí lo vuelve a dejar claro: puede pasar de ser una hijadesuchingadamadre a mostrar una vulnerabilidad disfrazada de dureza en un parpadeo. Incluso si los demás actores fueran malos, la serie descansa en los hombros de este mujerón y sobrevive. Pero claro, no es así.

Si esta serie sirvió de algo más fue para regresarnos al mundo a Alfred Enoch; sí, su nombre no dice mucho, pero ya que se le agrega “Dean Thomas” los fanáticos de la saga de Harry Potter lo ubicarán fácil, principalmente por ser uno de los pocos magos negros que caminaron en los pasillos de Hogwarts -y que tuvieron algún dialogo-. Aquí vemos al joven Enoch, ya crecidito -y bien crecidito-, en el papel de Wes Gibbins, un joven estudiante de Derecho quien destaca en su clase al ser el de origen más humilde, todos sus compañeros derrochan dinero, mientras que él vive en un pequeño departamento y las sufre para vivir.

Para que una trama ya conocida pueda ser más absorbente no sólo es necesario una buena presentación, sino un buen casting y aquí cumple.

Una sorpresa -al menos para mí- fue el personaje de Laurel Castillo. Desde que empecé a ver la serie ella fue una de mis favoritas, al demostrar a ratos ser una badass. No sé si abonó a que me gustará cuando me di cuenta -porque sí, tardé en darme cuenta-, que la actriz es la mexicana Karla Souza, esa que se volvió famosa con Nosotros los Nobles. Su personaje es igual una estudiante de Derecho de dinero, pero lo mejor fue que no era la latina que medio mastica el inglés. No, ella es una más, sí, su familia es latina, pero es sobresaliente y su raza latina no la hace destacar ni ser menos. Ya hacía falta algo así.

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Así podría seguir con cada uno de los personajes, todos tienen un cierto algo que los hace queribles -menos Asher-, y fomentan a que la serie entretenga y cumpla, y cumpla bien.

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