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De lo evidente a lo oculto: cómo leer los «mensajes secretos» de las campañas electorales

¿Qué tratan de comunicarnos los candidatos? La académica Ivonne Acuña Murillo, especialista en opinión pública y analista política del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, ofrece una lista de indicadores a los cuales los votantes deben poner atención al encontrarse con un mensaje de un candidato, ya sea por radio, televisión, prensa escrita o web.

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Imagen tomada de este sitio.
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Analizar los perfiles de los candidatos propuestos por los diferentes  partidos políticos permite no sólo constatar trayectorias políticas, experiencia o falta de ella, idoneidad para el puesto o no, carreras intachables o relaciones inconfesables con el narco, la delincuencia organizada, malhechores de cuello blanco, etcétera, sino lo que los partidos políticos piensan de los votantes.

Si se preguntara públicamente a los miembros de los diferentes partidos lo que piensan de la gente que vota o podría votar por ellos, con toda seguridad la respuesta sería positiva y se encaminaría a ensalzar sus cualidades, muy al estilo del spot en el que uno de los tres principales partidos “aplaude” a los mexicanos que son solidarios, cálidos y trabajadores.

Sin embargo, lo que la propaganda política muestra es el vivo interés de los diversos institutos políticos por ganar votos en periodos electorales, pero no aporta muchos datos sobre la forma en que estos conciben a los diversos grupos sociales que podrían favorecerlos. Dado lo anterior, la búsqueda de indicadores debe dirigirse a la observación de procesos que estando, en parte, a la vista de todos envían un mensaje indirecto, pero claro, a quien tiene la disposición de profundizar en aquello que los partidos comunican sin hablar.

Es así que las listas de candidatos y candidatas se convierten en el objeto idóneo para extraer de ellas aquello que los partidos piensan de los votantes. Vayan aquí algunos ejemplos.

Primero, cuando en las listas se incluye a personajes con claros nexos con determinados grupos de poder político, a los hijos de conocidos políticos, tengan o no trayectoria política o la preparación suficiente para el cargo, así como a personas ligadas a grupos fácticos como las fuerzas armadas, las dos grandes televisoras, redes empresariales y otros miembros de las élites política y económica, se está informado a quien vota que no tiene el peso suficiente, o en su defecto, que es “poca cosa” para formar parte de la camarilla que toma las decisiones que afectan al país entero.

Segundo, cuando se incluye a personas relacionadas con aquellos que están por dejar sus cargos y proponen para suplirlos a gente cercana por lazos familiares, de amistad, noviazgo, matrimonio, trabajo, etcétera, nuevamente sin importar que tengan o no experiencia para ocupar dichos cargos, se dice a los votantes que el ser unos “don nadie” por su falta de nexos con quien ocupa puestos de elección popular los deja fuera del juego político.

En una democracia consolidada la existencia de familias en las que varios de sus miembros se dedican a la política ni es novedad ni tendría por qué llamar a sospecha, pero en el caso de la democracia “alla messicana”, se ha hecho costumbre llenar las listas con quien se tiene a la mano con tal de no soltar el hueso, en especial, familiares, esposas, amantes, empleados, por lo que los candidatos de los diferentes partidos reiteran a los ciudadanos la conseja popular según la cual si no se tienen palancas no se puede participar en política.

Tercero, cuando en las listas aparecen sujetos ligados a la estructura corporativa del partido gobernante se señala a quien pudiera tener aspiraciones políticas que las viejas formas de reclutamiento todavía operan y que los “sin partido” no tienen oportunidad.

Cuarto, cuando en las listas se favorece a gente cuya base social se ha consolidado a partir de prácticas corruptas, violentas y facciosas, incluyendo la conformación de una red de prostitución, en la que son enlistadas mujeres jóvenes, incluso menores de edad, destinadas a brindar servicios sexuales a determinados líderes partidistas, se comunica claramente el desprecio que ciertos grupos políticos sienten por las mujeres, a quienes consideran y tratan como seres de segunda, y por los trabajadores a quienes explotan e intimidan al no reconocerles derechos laborales ni un trato digno.

Quinto, cuando las listas consideran a sujetos acusados de estar ligados a grupos del narco y la delincuencia organizada, se dice claramente a los votantes que su seguridad no importa y que la colusión entre autoridades gubernamentales y delincuentes bien puede volverse una práctica común de control sobre la población.

Sexto, cuando en las listas se incluyen personas “conocidas” como actores, actrices, payasos, médicos que recetan por la Tv, futbolistas, etcétera, se llama “ingenuos” o “incautos” a los votantes que pondrán su confianza en alguien cuyas virtudes políticas se reducen a salir en “la caja chica”.

Sirvan estos pocos ejemplos para afirmar que los partidos políticos que así han conformado sus listas de candidatos piensan que sus votantes no merecen ser representados, que su falta de relaciones con quien ya ocupa cargos de elección popular los deja fuera de toda posibilidad de participar, que si de algo han de servir será de escalón para quien sí puede llegar, operando como base social o como votantes, duros o independientes, o, en caso de ser mujeres, brindando servicios sexuales que permitan no sólo satisfacer las necesidades de quien las recluta sino aceitando las relaciones políticas de quien se sirve de ellas para intercambiar favores.

Igualmente, piensan estos partidos que la seguridad e integridad de sus votantes no importa y que su ingenuidad y falta de información los llevará a votar por “cualquiera” sin importar su trayectoria, experiencia, capacidad o valores morales.

Es ésta una de las posibles interpretaciones a que puede conducir lo que los distintos partidos políticos mexicanos comunican sin hablar cuando proponen a los ciudadanos sus listas de candidatos.

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