Un viaje por la historia del arte mexicano
La exposición “Los condenados de la tierra / El mundo otro” incluye obras de Orozco, Siqueiros, Rivera y Gerzso
Por Josué Cantorán @josuedcv
05 de febrero, 2015
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Foto: Mayra Guarneros

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Josué Cantorán

@josuedcv

La exposición “Los condenados de la tierra / El mundo otro”, a inaugurarse este sábado 7 de febrero en el Museo Amparo, es una pequeña muestra de la gran Colección Carillo Gil, una de las más importantes en México, pues no sólo integra obra de los artistas nacionales más representativos del siglo XX, sino que fue pionera en el país en erigirse como una colección viajera que se ha expuesto alrededor del mundo.

La muestra, que podrá verse en Puebla hasta junio de este año, está compuesta de 50 piezas de los mexicanos José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y Gunther Gerzso.

En la primera sala del Museo Amparo se podrán ver dibujos y estampas de la serie de Orozco intitulada “Horrores de la revolución”, donde se representan imágenes del periodo posrevolucionario en México, así como imágenes de la misma temática producidas por Siqueiros.

La obra de esos mismos autores continuará por la segunda sala, pero esta vez con grabados y pinturas dedicados al paisaje geográfico y arquitectónico, donde ya se puede observar menor preocupación por los temas sociales y mayor interés por experimentar con las técnicas de las vanguardias abstractas.

Finalmente, la tercera sala estará dedicada a Rivera, pero no en su periodo de muralista, sino cubista, en el que el pintor, recién llegado de París a México, aún se interesaba más por la abstracción estética, pintando cuerpos humanos en interpretaciones geométricas, y menos en los temas marxistas que plasmaría más tarde ya como uno de los muralistas más renombrados. En esta sala se presentarán también las obras cubistas de Gerzso.

De esa forma, explica el curador Carlos Palacios, se aprovecha la distribución espacial del Museo Amparo, recinto que ha brindado tres salas dispuestas en el mismo número de pisos para la exposición: a ras del suelo se encuentra lo más terrenal y arriba lo etéreo y abstracto.

Más aún, considera el curador, el Museo Amparo es en sí mismo un viaje por la historia del arte mexicano, pues su colección permanente está integrada por piezas prehispánicas, luego se puede dar paso por la exposición de Carillo Gil, y finalmente está el arte “hecho apenas ayer”, con las exposiciones temporales de Abraham Cruzvillegas y Gabriel de la Mora, aún presentes.

Foto: Mayra Guarneros

Foto: Mayra Guarneros

Una de las más colecciones de arte más importantes

Lo que se verá en el Museo Amparo es apenas una pequeña muestra de la gran Colección Carrillo Gil, una de las más importantes en México, dedicada a la obra de artistas mexicanos del siglo XX y que tiene entre sus más importantes autores justamente a José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

Álvar Carrillo Gil, coleccionista que eventualmente produciría arte él mismo, inició en 1938 su colección, misma que alcanzó al menos 1200 obras que en 1974 serían resguardadas por el museo del mismo nombre, ubicado en el Distrito Federal, recinto que ahora se encarga de conservar, preservar y difundir la gran colección.

En vida, a Carillo Gil le interesó la difusión del arte mexicano, de ahí que no guardara su colección privada en casa, sino que buscara las gestiones necesarias para que se exhibiera en todo el mundo y participara incluso de bienales internacionales, brindando difusión y ayudando a que los artistas mexicanos adquirieran mayor renombre en otros países.

Además, Carrillo Gil integró una colección no de piezas aleatorias, sino que desde el inicio buscó clasificarlas y ordenerlas de manera que la colección misma tuviera una narrativa intrínseca, en este caso, la historia del arte mexicano.

Eso es algo, afirmó Vania Rojas, directora del Museo Carrillo Gil, en lo que ningún otro coleccionista mexicano de la época había pensado.

Y en eso, agregó, se asemejan dicha pinacoteca y el Museo Amparo: en que parten de una colección privada pero con el espíritu de no guardarla en anaqueles confidenciales sino de mostrarla a todo aquel que quiera visitarla.

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Josué Cantorán