Eduardo de Gortari

 

La generación de los ochenta fue la primera en ver el internet, ya no como una posible amenaza o como una mágica novedad, sino como un objeto común: Los escritores que nacieron poco antes de la caída del Muro de Berlín y que aún no eran adultos cuando cayeron las Torres Gemelas, encontraron su forma natural de expresión en el internet. Para ellos abrir un blog no significóun pequeña rebeldía o un atrevimiento, sino un paso evidente y casi indispensable para hacer público su trabajo. Hacia el 2006 para un aspirante a escritor abrir una cuenta en blogger era tan importante como lo era abrir una cuenta de MySpace para una joven banda de rock. Blogger perdió protagonismo y MySpace desapareció pero el gestó permanece en proyectos posteriores: las publicaciones periódicas de mi generación han tenido mayor aliento en internet que en medios impresos. Los ánimos catastróficos alegarían ante tal desdén que si mañana desaparecieran las computadoras no quedaría un amplio archivo del trabajo colectivo: adiós blogs, adiós redes sociales, adiós correos, adiós publicaciones en PDF y en EPUB. Muchos de los proyectos más trascendentes de toda una generación han ocurrido en la plataforma fugaz por excelencia; y ese aparente desapego sólo evidencia la fugacidad inherente de la misma literatura. De ahí la invitación a Camila Paz Paredes (subdirectora de Cuadrivio) y a Emmanuel Vizcaya y Daniel Malpica (directores de Radiador) para que hablaran de su trabajo en dos publicaciones que han logrado colocarse como referentes del quehacer literario joven en México.

En el mismo tenor, las listas de lo mejor del año se han convertido en un fenómeno inevitable en un tiempo en donde el exceso de información parece exigir filtros inmediatos: el ejercicio deportivo que empezóen el periodismo musical se ha contagiado al resto de las artes con resultados desiguales. Un peligro evidente de las listas es crear la ilusión de que la importancia o la calidad son medibles, cronometrables; que el ranking de la FIFA o la lista de las canciones del año de la Rolling Stone tienen los mismos criterios, validez y resonancia que una lista de los mejores libros del año. En mi caso, durante cinco años me he dedicado a hacer una muy personal lista anual de las canciones del año. De ahí que entienda los aparentes beneficios y las funciones de una lista cualquiera: en su versión más humilde (al igual que una antología de poesía), una lista no es más que un montón de sugerencias sujetas al variable criterio de quien compendia. Sin embargo, en las listas (y, claro está, las antologías) importa igualmente desde dónde se escriben y hacia dónde se dirigen. En ese sentido, los textos de Roberto Cruz Arzabal y Gerardo Piña buscan hacer una disección rigurosa del fenómeno de las listas poniendo especial atención en el muy hablado pero poco discutido proyecto México 20.

Al último pero no menos importante, contamos con las colaboraciones de Eliud Delgado, Alejandro Baca y Zel Cabrera, poetas de búsquedas y registros diversos que, sin embargo, se cruzan en más de un elemento.

 

 

Eduardo de Gortari (Ciudad de México, 1988) es autor de Singles (RDLPS, 2008) y La radio en el pecho (FETA, 2010). Con un mismo libro, ha estado en listas de lo mejor y lo peor del año.

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