Jugando para aprender, los videojuegos en las aulas

Jugando para aprender, los videojuegos en las aulas

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

A Roberto nunca le gustó la escuela. Confiesa que su mamá lo dejaba faltar a clases en la primaria y después se dio cuenta que le faltaban conocimientos, que fue aprendiendo por su cuenta con la ayuda de las computadoras. Mucho tiempo después, hace tres años, ganó con otros amigos un proyecto con apoyo del Conacyt para desarrollar una plataforma de videojuegos, basada en el popular juego Angry Birds, para explicar la 3ª ley de Newton. Esa fue la semilla para la creación de todo un desarrollo de videojuegos para apoyar la enseñanza a nivel primaria en las áreas de matemáticas, español, geografía y ciencias. 

Roberto Rogel y otros cuatro amigos –Francisco Miguel Macip, David García, Bruno Bautista y Erik García– son los socios de la Fundación Learny, que surgió después de haber ganado el recurso hace tres años, con el que desarrollaron el software de recursos educativos. De ahí salieron las ideas de los módulos de más materias, pero no querían que se quedaran sólo en el mercado o que lo tuvieran sólo las personas con dinero para pagarlos. Los jóvenes querían que estuvieran en las escuelas y funcionaran como una herramienta de apoyo de aprendizaje. 

Durante tres años, el equipo organizado en las áreas de mercadotecnia, programación y desarrollo, diseño y vinculación, del que también forman parte especialistas en innovaciones educativas y psicología, ha desarrollado a lo que Roberto describe como una plataforma educativa, que busca que se pueda replicar en otros lugares, “y no hacer un jueguito más”, dice.

Estos minijuegos están apegados a los programas oficiales de la Secretaría de Educación Pública (SEP), con quien la Fundación (que se creó apenas en 2014 después del Campus Party del año pasado) está próxima a firmar un convenio de colaboración. Los juegos tienen una mascota diferente que guía al usuario a través de la plataforma, dependiendo del área. Para el de matemáticas es un pollito que cuando hay una falla pone una carita triste, que substituye a la equis de “tache” o mal. Por grado hay alrededor de 280 minijuegos en cada materia, que son también un apoyo para los maestros y padres de familia. Cuando un alumno no entiende un tema o se atrasa, el videojuego sirve para apoyar ese conocimiento, para que por si solo lo refuerce. 

Además, la nueva versión tiene un algoritmo que permite monitorear la actividad del niño, analizando los resultados de los ejercicios, si los acaba o no y cuánto tarda para tenerlos correctos, dando gráficos más detallados del perfil de cada uno, con las áreas de oportunidades para que sean trabajadas conjuntamente con los papás y los docentes. 

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

El contenido de los juegos lo crean primero los psicólogos y los encargados de evaluación educativa, que primero analizan el cómo van a aprender los niños y después hacen el diseño de colores, música y elementos, que posteriormente trabajan ya digitalmente los desarrolladores. Hasta el momento el que más éxito ha tenido, y fue durante una prueba en la Universidad Iberoamericana, es un juego de geografía para la localización de los estados. 

Roberto cree que el aprendizaje no está peleado con los videojuegos, como muchas veces se piensa. En su opinión la escuela está mal orientada, los exámenes y las clases no deben ser un suplicio ni una penitencia. Él cree que las calificaciones deben ser como un juego, que sin no puedes pasarlo lo intentes hasta que lo logres, para ir mejorando, encontrando incluso las partes secretas del nivel, como en cualquier videojuego. Se ve como contradictorio, o juegas o estudias, dice, pero al contrario, en esta era tecnológica ambos se deben ir complementando

Para finales de marzo se llevará a cabo la última fase de la prueba piloto, cuando el videojuego del módulo de matemáticas para 6o de primaria se instalará en dos centros escolares del municipio de Puebla, una escuela en San Andrés y otra en San Pedro Cholula, y tres en Huauchinango. En poco tiempo harán también una empresa que funcione a la par con la Fundación, para que puedan trabajar y dar el software de manera gratuita, que tenga mayor alcance. La idea es que crezca poco a poco en Puebla: para el segundo año llegar a 4o y 5o de primaria, y para el tercero abarcar los grados restantes. En cinco años la idea es abarcar todos los municipios de la entidad y paulatinamente ir a los estados vecinos. 

Desde el 8avo piso del edificio donde tienen su oficina, cerca del centro de Puebla, Roberto y Francisco piden el apoyo de todas las personas interesadas en abonar algo al proyecto. La meta es que estas plataformas lleguen a todos, porque hay una brecha enorme entre las escuelas en el centro, en la capital del estado, y las de la Sierra Norte, donde los salones son multigrado y los pisos son de tierra. “Queremos igualar, dar las mismas oportunidades”, dice Roberto.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Otra de las metas del grupo de jóvenes es en el área de innovaciones educativas, creando nuevos contenidos y nuevas materias para las escuelas. Hoy en día, dicen, estamos necesitando nuevos trabajos y perfiles, como en las áreas digitales y financieras, salud, valores y ética, pero no tenemos las materias para la formación. El trabajo no se limita al campo de materias que maneja la SEP: a la fecha han explorado temas como el calentamiento global y el bullying, que también son parte ya del mundo de los niños de primaria. 

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