Cárcel contra el graffiti: ejemplo de la insensatez

Cárcel contra el graffiti: ejemplo de la insensatez

Armando Pliego Ishikawa

@dobbyloca

La semana pasada el diputado del PAN Eukid Castañón presentó en el congreso del estado de Puebla una iniciativa de reforma al código penal de nuestro estado que criminaliza las pintas en el espacio público. La iniciativa básicamente contempla penas de hasta 12 años de prisión por pintar en las calles.

Si bien respeta las penas máximas, endurece las mínimas, pues de aprobarse, la mínima por daño a propiedad privada pasa de ser de 30 días a un año de prisión, y en propiedad pública de 40 días a 2 años de prisión como mínimo.

Elevar las penas de manera tan ridícula no sólo rompe con un principio de proporcionalidad, sino que revela la pobreza del análisis de la realidad que hacen los diputados que actualmente tenemos en el congreso, pues esta medida no corrige ninguna conducta; es más bien represiva y contribuye a perpetuar el círculo de autoritarismo – violencia que se vive en nuestro estado actualmente.

Para mucha gente que no encuentra eco a sus reclamos en los espacios legales, ésta es la forma de expresar su descontento: las paredes hablan; ayudan a visibilizar las fallas y contradicciones del actual régimen, pues el graffiti no es en la mayoría de los casos vandalismo, sino una forma de manifestación de ideas que llena el vacío que deja la falta de espacios institucionales para expresarse.

Pintar en propiedad ajena sin permiso ya es ilegal y ya tiene consecuencias establecidas en la ley, y el endurecimiento de estas penas sólo servirá para enviar a jóvenes que no son delincuentes a las cárceles. Una medida como esta equipara a quien interviene el espacio público con pintura a quien atropella a alguien y huye; a quien usurpa funciones de un servidor público; a quien roba; a quien maltrata animales; a quien acosa sexualmente o a quien agrede físicamente a otra persona.

Pintar en propiedad ajena sin permiso ya es ilegal y ya tiene consecuencias establecidas en la ley, y el endurecimiento de estas penas sólo servirá para enviar a jóvenes que no son delincuentes a las cárceles. 

Incluso estando de acuerdo con estas formas de expresión reconozco que debe existir una medida punitiva por los daños a terceros que pudieran ocasionarse, pero tratar como delincuente a quien no lo es puede ser contraproducente al contribuir a llenar las cárceles de gente que no lo merece; existen muchas otras sanciones estipuladas en nuestro código penal, tales como multas, amonestaciones y trabajo comunitario, que pueden funcionar más para fortalecer a nuestra comunidad que enviar a prisión a quienes pintan, en su mayoría jóvenes a los que el Estado les ha dado la espalda.

Aumentar las penas como instrumento para combatir este tipo de faltas es una medida populista que cada vez se reproduce más, y sólo fortalece la simulación, mientras que no brinda soluciones reales a los factores que la incentivan, ni tampoco ayuda a la reformación de quien resultase culpable de cometer dicha falta, en caso de que dicha reformación fuese necesaria en lo absoluto.

Los legisladores deben superar la falsa tesis de que aumentar la población de las cárceles y endurecer las penas disminuye el delito, pues mientras su juicio siga nublado con una lógica tan insensata como esa no podrán coadyuvar en el esfuerzo por construir una verdadera cultura de la legalidad, ni mucho menos en restablecer el tejido social tan dañado por el clima de violencia, inseguridad e impunidad que impera en nuestro país.

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