Zacapoaxtla: el Estado devora a sus hijos

Zacapoaxtla: el Estado devora a sus hijos

Ociel Mora

@ocielmora

Tenemos a Oscar Aguilar Gonzáles compitiendo por segunda vez por el distrito de Zacapoaxtla. Región de indios por entre las que haya, sin embargo, el postulante a representarlo no conoce ni una palabra en el idioma de los primeros habitantes que se establecieron en las cañadas de aquellos cerros, hace unos cinco mil años.

Para sobrevivir tuvieron primero que domar su fauna y flora silvestres, y milenios  después introducir la agricultura. Subieron pues la civilización a los montes, hasta que llegaron los españoles encomenderos y su retahíla de frailes, y les quitaron todo, hasta su manera de hablar y pensar.

Tres siglos después aparecieron y se regaron las ideas de la Ilustración europea. En libros que circularon a trasmano, porque estaba prohibido leer. Los criollos atrás y los indios por delante crearon el nuevo estado nacional mexicano en una guerra contra la metrópoli.

Pero he aquí la gran paradoja, ese mismo estado que pregonó libertad e igual y muerte a las castas, fue el mismo que se encargó de barrer con los escasos rudimentos culturales del pasado remoto que sobrevivieron a tres siglos de Colonia, y de nuevo postró a los indios en un estado de miseria sistemática y exclusión social, hasta dejarlos en la indefensión de hoy. Porque los indios no son mexicanos, son desamparo.

Pero es muy posible que Oscar Aguilar Gonzáles conozca algunas palabras de los indios. Pues su familia se dedicó por años a la venta de alcohol y otras bebida embriagantes en el pueblo de Zautla. Pero el hecho de ser o no ser indígena no es garantía de nada ni explica el problema de la ausencia de representación política que padecen los indios, y principal razón de su miseria secular.

Mientras los indios no ejerzan con pleno derecho sus libertades, el mexicano seguirá siendo una contrahechura de estado, y no un estado con con todas las de la ley, y mucho menos un estado democrático y liberal, como aparece en sus papeles fundacionales.

Ahora mismo la señorita Josefina Hernández representa a ese mismo distrito, es hablante de náhuatl, conoce sus ritos paganos, no se siente impedida sin los cubiertos de mesa, sin embargo, tampoco ha hecho nada por los suyos, salvo hacer ostensible ese sentimiento tan propio de los indios amestizados de resentimiento y odio.

Mientras los indios no ejerzan con pleno derecho sus libertades, el mexicano seguirá siendo una contrahechura de estado, y no un estado con con todas las de la ley

No se siente una de los suyos, o de quienes en otro momento fueron los suyos. Incluso, me dicen, le genera problemas decirse representar a los de color cobrizo, salvo claro cuando se trata de las minorías blancas de las cabeceras. Con esos sí se entiende. Ella quiere ser del grupo del partido Verde, en el que sólo se admiten muchachas y muchachos bonitos.

Aguilar González y Hernández, cada uno en su momento, han participado en la secretaría de la Comisión de Asuntos Indígenas. Sin embargo, ni al uno ni a la otra les ha parecido pertinente pronunciarse sobre los llamados proyectos de muerte que las multinacionales tienen en curso en el distrito de Zacapoaxtla.

Los cuales quebrantan los derechos constitucionales más elementales de los indios, tanto en la legislación nacional como internacional. Pero ya se sabe que a la Cámara no se va a defender intereses de minorías y derechos, y menos de indios, se va a hacer dinero y a defender a quienes lo dejan. Haciendo leyes del tamaño de sus intereses. ¿O hacen otra cosa los miembros del mal llamados Partido Verde?

Ante tanto rechazo que acecha a los representantes del poder legislativo, en el caso de Aguilar González y Hernández, no se les puede escamotear el mérito de ser nacidos en ese distrito y de tener relaciones parentales en él. Lo cual ya es mucho.

Lo decimos porque se están presentando casos en los que el postulado –sea del partido que sea– literalmente no conocen a nadie en el distrito que se propone representar o al que ha sido enviado a representar. No tiene ninguna relación de afecto, y mucho menos relaciones políticas. Llegan como en la Colonia llegaban a México los virreyes y visitadores generales. Envidos por Su Majestad el Rey.

¿Y la representación política,  y el liderazgo, y la legitimidad de la cercanía con la gente, el conocimiento de primera mano, los problemas, y la representación de la gente, y el contrapeso, y la sacrosanta división de poderes, y las nuevas leyes, y el cambio de las que ya no sirven?

Los grandes males de México se empezaran a resolver cuando tengamos un poder legislativo que haga las veces de poder legislativo, y no de oficialía de partes del Ejecutivo.

También se dice que la de allá es una plaza vendida. Arreglada en los techos del poder, en donde se realiza la verdadera disputa electoral. Las elecciones solamente sirven para legitimar lo previamente decidido.

Sea como sea, gane quien gane, y sea del partido que sea, los indios seguirán igual que ahora. Devorados por un Estado nacional que devora a sus hijos.

ocielmora@gmail.com

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