Los superhéroes de Dulce Pinzón

Los superhéroes de Dulce Pinzón

Josué Cantorán

@josuedcv

Minerva Valencia es poblana, la hija menor de una familia de varios hermanos y, hace algunos años, cuando aún vivía en Nueva York trabajando como niñera, enviaba a la semana 400 dólares a sus padres con la esperanza de que hicieran mejoras en su casa. Ernesto Méndez, de la ciudad de México, mandaba, también a principios de la década pasada, unos 200 dólares semanales que obtenía como trabajador sexual en Times Square, la zona más turística de la ciudad que jamás descansa.

Minerva y Ernesto son dos de los 13 millones de mexicanos que han emigrado a Estados Unidos, de acuerdo con datos de 2013 de la Organización de las Naciones Unidos. Son dos mexicanos que aportan su granito de arena entre los 2 mil millones de dólares en promedio que México recibe mensualmente como remesas obtenidas del trabajo de los nacionales emigrados en el país del norte.

Finalmente, Minerva y Ernesto son, también, dos de los 19 mexicanos radicados en Nueva York que la artista Dulce Pinzón retrató entre 2001 y 2005 como parte de su proyecto Superhéroes, una serie fotográfica que ha dado la vuelta al mundo en más de 200 exposiciones individuales y colectivas.

Minerva Valencia, originaria de Puebla, trabaja como niñera en Nueva York. Manda 400 dólares a la semana.
Minerva Valencia, originaria de Puebla, trabaja como niñera en Nueva York. Manda 400 dólares a la semana.

La serie, tan simple y tan compleja a la vez, consta de 19 retratos de migrantes mexicanos disfrazados de superhéroes y realizando el trabajo que desempeñan en la gran ciudad: niñera, taxista, vendedor de helados, cocinero, repartidor, lavandera, trabajador sexual.

Una vigésima fotografía, que cierra la serie cuya realización llevó cinco años de trabajo, muestra a Dulce Pinzón en un atuendo de superheroína sentada en una especie de fábrica textil.

Y el éxito de la serie, explica su autora, radica en que abordó desde una perspectiva novedosa un tema ya conocido y ampliamente documentado desde diferentes disciplinas.

–El tema migratorio –dice Dulce Pinzón en entrevista con Lado B– siempre se había abordado a partir de una óptica del extranjero al migrante, del documentista a la muchedumbre, de lo académico al tema de estudio, pero nunca había habido una aproximación pop.

Dulce Pinzón, quien radicó en Nueva York durante 15 años, donde se desempeñó como activista social acompañando a migrantes latinos y dándoles lecciones de inglés y derechos humanos, comenzó a concebir Superhéroes, la primera serie fotográfica de la que ahora es una fructífera carrera en el arte contemporáneo, en 2001, poco después del atentado terrorista en las torres gemelas.

En diciembre de ese año, cuando visitó a sus padres en Puebla, una de las tantas tiendas de disfraces que abundan en el centro histórico mostraba un atuendo del hombre araña.

–Esa imagen detonó todo el concepto –dice Dulce– y regresé a hacer la serie.

Animada por su labor comunitaria, en un periodo donde la situación de los migrantes ocupaba un lugar importante de la agenda política de los Estados Unidos, la artista ya buscaba cómo plasmar esas inquietudes desde el ámbito del arte, a través de un trabajo “en el que pudiera emancipar la figura de los trabajadores y darle un cierto tributo”.

Así que finalmente se animó a retratar a uno de sus alumnos de inglés, quien trabajaba como empleado de construcción, y le pidió retratarlo como el Chapulín Colorado. Después siguieron los retratos de la mujer maravilla-lavandera y flash-cocinero.

Fueron sus primeros tres retratos y Dulce comenzó a moverlos en exposiciones. Después, cuando vio el éxito, e incluso algunos premios, se animó a dedicarse por completo a finalizar la serie gestionando becas y estímulos.

No fue fácil. Hubo miles de obstáculos: muchas de las sesiones ni siquiera se lograron, era difícil que los trabajadores accedieran a ser retratados en sus lugares de trabajo por el temor a que se pusiera en evidencia, ante sus patrones, que su situación migratoria no era regular.

Y el esfuerzo no se acababa en convencerlos. Las sesiones eran difíciles, en ocasiones se debían hacer de manera exprés, en la hora de descanso de los retratados o cuando sus jefes salían del establecimiento de trabajo.

De manera que muchas sesiones se hicieron de manera casi improvisada, sin un estudio previo de luz, con apenas una persona que hiciera de asistente de la fotógrafa e incluso sorteando factores externos como los niños que se acercaban a pedir autógrafos a los superhéroes en plena sesión.

Sin embargo, todo ello contribuyó a que las puestas en escena tuvieran un aire más documental, en contraste con el trabajo posterior de la fotógrafa, donde se percibe un trabajo cien por ciento ficcional.

Para Dulce Pinzón era importante que la serie tuviera un impacto político, pues justo en esos años el movimiento de migrantes latinos alcanzaba nuevamente momentos de gran efervescencia.

–Para mi era importante –explica Dulce– que ese proyecto de alguna manera contribuyera a que los trabajadores pudieran verle el lado poositivo de la migración, que mi proyecto pudiera contribuir.

Los errores de las primeras sesiones fotográficas dieron lecciones a Dulce, quien después fue planeando una metodología y se sintió cada vez más cómoda como fotógrafa. Sin en un principio no sabía cómo dirigir a su retratado, después se dio cuenta que hablarles, hacerles preguntas sobre su familia o sobre su trabajo, daba un aire de mayor naturalidad a la toma.

Finalmente, tras cinco años de trabajo, la serie Superhéroes fue finalizada y desde entonces ha sido expuesta por todo el mundo. Tan sólo en Puebla acaba de ser retirada de la Galería de Palacio Municipal y hace un año algunas de sus fotos estuvieron presentes en ese mismo espacio como parte de una exposición colectiva de retrato.

Acompañando a cada foto se encuentra siempre una ficha donde se dice el nombre del retratado, la ocupación que desempeñaban en Estados Unidos al momento de la sesión y la cantidad monetaria que enviaban a su familia cada semana. Eso, explica la artista, era fundamental para acotar la interpretación de la obra.

–Esa parte –explica– es tan importante como la fotografía porque esa información es lo que le da sentido. No puede estar aislada porque se convertiría en una fotografía que puedes leer de muchas maneras, desde lo cómico hasta la ficción, hasta lo ridículo.

De esa forma, Minerva no es una mujer disfrazada de Gatúbela cargando un bebé. Es una superheroína que, con base en un gran esfuerzo, envía a su familia el dinero necesario para subsistir. Lo mismo Ernesto, esperando en su traje de Robin al próximo cliente mientras se recarga contra un poste.

Ernesto Méndez, originario de México DF, trabaja como sexoservidor en Times Square, Nueva York. Manda 200 dólares a la semana.
Ernesto Méndez, originario de México DF, trabaja como sexoservidor en Times Square, Nueva York. Manda 200 dólares a la semana.

–Esa gente tiene un nombre, un apellido y además manda lana –continúa la artista–. Para mí era muy importante hacer hincapié en el dinero que mandan porque muchas veces es increíble (la cantidad).

Y agrega, en alusión a los puentes, escuelas e iglesias que suelen construirse en todos los rincones del país gracias a los financiamientos de estas remesas:

–Nosotros, como país receptor de dinero, esas cifras nos las dan anualmente en un reporte pero no tenemos conciencia de que estas personas, expulsados económicos de nuestra nación, están haciendo que nosotros podamos tener infraestructuras, porque si no tuviéramos esa entrada de dinero, imagínate cómo estaría el país.

Por eso hay que darles crédito, enfatiza Dulce, porque “hay un gran agradecimiento de ellos hacia su país cuando el país mismo los ha expulsado, de alguna manera”.

La serie completa está editada en un libro, publicado por la editorial SM, y puede verse en línea, en la página oficial de Dulce Pinzón.

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