La pirámide acechada

La pirámide acechada

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez/ Emilio Coca

@aranhera/ @cocabron

La gente que va caminando, la que va en sus coches, quienes trabajan cerca de la gran Pirámide de Cholula: todos están ahí, vigilando los terrenos que rodean a la construcción ancestral y al Santuario de la Virgen de los Remedios, en la cima del cerrito que cubre la pirámide, desde que el martes 26 de agosto de 2014 despertaron con letreros anunciando que los campos eran ahora propiedad de las autoridades.

Desde ese día inició una lucha en defensa del territorio, contra las expropiaciones y el proyecto del Parque Intermunicipal o Parque/Plaza de las 7 culturas que –aunque hasta la fecha no está claro–, que hasta el momento ha dejado un saldo de cuatro presos políticos, un desalojo violento, diez órdenes de aprehensión y una incertidumbre del futuro de los campos de la Pirámide.

Como en el movimiento en defensa del territorio cholulteca “unos entran y otros se van”, los habitantes de la ciudad milenaria se preguntaron qué podían hacer para evitar las expropiaciones de parte de los gobiernos municipales de San Andrés y San Pedro Cholula y del estatal, y decidieron vigilar los terrenos.

Jesús, uno de los vigilantes, dice que se creó una organización lejos de la manera tradicional, “la clásica pirámide”, sino que se ha formado un círculo, en el que no hay cabeza, y en su opinión no ha habido líderes. Todo es horizontal, redondo, como el círculo que se hizo el 24 de agosto donde cientos de personas abrazaron a la pirámide en un acto de paz y resistencia. Ese día, los cholultecas originarios y adoptados dijeron al gobernador Rafael Moreno Valle que “Cholula no necesita un Disney”.

Lo que tenían que hacer los gobiernos es buscar el diálogo, no el autoritarismo, en mi punto de vista un presidente, un gobernador, un presidente de la república deben tener diálogo, no imposición, y lo que hicieron aquí en Cholula es una imposición en su esplendor

Cualquier persona puede convertirse en uno de los vigilantes, “igual que en el movimiento, aquí no hay que tú no puedes ingresar» de que tú no puedes informar, por qué, porque si te das cuenta, todo ronda a un fin que es en beneficio de todos, entonces todos son bienvenidos, todos participan en eso, y de alguna manera siempre alguien (dice) oye pasa esto”.

Las guardias son permanentes y las personas que están al pendiente van cambiando con las horas del día. Por ejemplo, durante las mañanas son los corredores los que van a la pirámide, y en la tarde los que están trabajando. Pero también los que están cuidando los milenarios santuarios verifican con los dueños de los terrenos lo que está pasando, para que no se malinterprete la información.

Jesús pone como ejemplo la llegada de camiones del Ejército y la Marina que estuvieron estacionados en uno de los terrenos al costado de la pirámide durante varios días de diciembre, y eso activó la alerta entre los habitantes de las Cholulas. Pero en ese caso, opina, “también el gobierno tuvo la culpa de que, ¿con qué autoridad meted carros a lugares privados?, o ¿qué características hacen que el gobierno meta trailers del ejército en propiedades privadas?”.

El vigilante está convencido de su labor, a pesar de que no ha sido fácil, porque saben que no están preparados para eso, pero están organizándose para defender, pues aunque el gobierno los ha intimidado, reprimido y enviado “gente, policías y todo lo que gustes, pero estamos conscientes de que no estamos haciendo nada malo.”

“Siento que si queremos cambiar el mundo, tenemos que exigirles a nuestras autoridades de manera pacífica, que sean justos, y yo creo que estamos exigiendo de manera pacífica”, dice.

Cuando vigilan ha sido víctima de cierto tipo de intimidación, como vehículos de la policía ministerial y policía “echando carreras”, o la presencia de helicópteros. En un evento del grito de independencia, cuando decenas de ciudadanos se pusieron letreros en contra de las expropiaciones, la policía les decía que se retiraran, que los estaban vigilando constantemente. Pese al miedo y a la tensión que eso puede generar, los vecinos siguen con la labor de cuidar los terrenos.

Jesús quiere hacer un mundo mejor aportando “su granito de arena”, dice, y que haya una vida más justa. “En un periódico leía, qué desearías más, ¿un hijo político o un activista? No pues un hijo político porque ese no corre riesgos, se va a hacer rico de la noche a la mañana y un activista no, ese corre el riesgo de que lo maten, entonces hay que ser conscientes de que la política fue hecha para servir, tiene como principios servir y hoy la política la hacen para servirse.”

En su opinión, los políticos saben que hacen mal, “si no, ¿para qué intimidan a la gente?”. “No ’más es un grupito pequeño, pero saben que este movimiento puede crecer más, entonces por eso los intimidan, en todos lados. Lo que tenían que hacer los gobiernos es buscar el diálogo, no el autoritarismo, en mi punto de vista un presidente, un gobernador, un presidente de la república deben tener diálogo, no imposición, y lo que hicieron aquí en Cholula es una imposición en su esplendor, porque, ¿cuándo hay diálogo?, cuando los presionas, y eso no puede ser, porque hay alguien más arriba, desde su trinchera deben de hacer su lucha y no obedecer.”

Además de los vigilantes, la lucha por la defensa del territorio sagrado continúa. Para este mes los ciudadanos cholultecas tienen planeada una marcha a la Ciudad de México este 14 de enero, exigiendo también la liberación de los cuatro presos políticos de Cholula: Adán y Paul Xicale y Primo y Albino Tlachi.

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