Reflejos
 
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
10 de diciembre, 2014
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Alonso Pérez Fragua

@fraguando | #LaEternaIncomprendida

I: El regreso a Santa Mónica

El año, quizá, 1992 o 1993… no recuerdo. Cualquiera que sea la fecha, cerca de dos décadas separan mi primera de mi segunda visita al ex convento de Santa Mónica. Y fue hasta que platiqué con distintos conocedores del barroco poblano que pude corroborar que, efectivamente, antes de la noche del 2 de diciembre pasado, ya había estado en ese edificio de la 18 Poniente 103, en el Centro de la ciudad de Puebla, cuyo patio central adornado con azulejos de talavera recibía al público asistente a la inauguración de la muestra de arte Reflejos, del novohispano al contemporáneo.

Lo que me permitió rastrear mi paso por ese lugar fue una anécdota que guardaba en la memoria: durante una visita a un ex convento al que fui de pequeño con mis papás y algunos parientes que nos visitaban, nos contaron de la familia que vivía en la casa contigua y que pasaba comida a las religiosas a través de un pasaje oculto en su cocina. Por diversas razones, un detective irrumpe en la casa, se da cuenta de unos platos extrañamente colocados en el piso y da así con el pasaje secreto.

Resulta entonces que el detective era Valente Quintana y el hecho tuvo lugar en mayo de 1934, momento de la última exclaustración de las monjas agustinas recoletas de Santa Mónica que habitaban ahí desde 1688.[1]

De no ser por mi interés en la mencionada exposición Reflejos, quizá nunca hubiera regresado al ahora Museo de Arte Religioso Santa Mónica ni dado sentido a ese recuerdo. Y es por esto, entre otras cosas, que esta exposición de los alumnos de la maestría en Estética y Arte de la BUAP (MEyA) me parece tan interesante y digna de comentar.

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Patio de Santa Mónica. Foto tomada del Flickr de E. López-Tamayo B.

II: Catolicismo, Amy Winehouse y los públicos

De manera tangencial, la sensibilidad de las autoridades de este museo del INAH ante el ejercicio de la clase de Instituciones del Arte II de la MEyA se convierte, en mi opinión, en una forma de atraer a públicos que, como yo, tenemos un vínculo débil con el arte sacro y/o los recintos religiosos. Una oportunidad que se nos da de llegar a ver una cosa y quedar fascinados por lo que el lugar ofrece: una historia rica y una arquitectura exquisita.

Desde la idea básica, Reflejos había captado mi atención: hacer un eco entre obras del acervo de Santa Mónica con piezas de artistas contemporáneos poblanos o radicados en Puebla. Un equilibrio perfecto, si me preguntan, entre el pasado, el presente y el futuro del arte y del entorno general en el que nos desenvolvemos como habitantes de esta Angelópolis.

Durante la inauguración esa noche del 2 de diciembre, la prueba de que esta muestra tiene un gran potencial entre el público poblano me la dio Televisa. Dudo que su reportero haya sido atraído por las múltiples lecturas que tiene el diálogo entre la imagen de Sor Magdalena de Cristo, en su lecho final en el año de nuestro Señor de 1732, y Amy Winehouse (QEPD), convertida -por obra y gracia del pincel de Antonio Álvarez Morán– en “Sor Amy Winehouse”. Sin embargo, lo que me queda claro es que el reportero, su jefe de información y sus televidentes en general tiene un profundo interés en el vínculo entre el catolicismo y esta Ciudad de los Ángeles; vínculo que, seamos devotos, ateos o budistas no podemos obviar.

Habrá que estar pendientes de lo que pase hasta el 4 de enero de 2015 que termine Reflejos, pero, como ya apunté líneas arriba, tengo la certeza de que tanto académicos, gestores culturales, ávidos de exposiciones de arte (contemporáneo) y público poco acostumbrado a vivir experiencias de este tipo serán atraídos por uno u otro de los mundos entre los que se mueve de forma graciosa y atinada.

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Imagen oficial de la exposición: Toño Álvarez y “la hermana Amy”, en diálogo con el pasado

III: Lo barroco, lo novohispano y lo poblano

Todo mundo se refiere a Puebla y lo poblano como “barrocos”. Barroco por aquí, neo-barroco por acá pero, ¿qué significa esto exactamente? Las piezas que Santa Mónica comparte en Reflejos, que van del siglo XVII al XX,no son, en estricto sentido, barrocas, me cuentan Alejandra Calleja y Laetitia Vigneron, dos de las curadoras de la exposición. Barroco, me recuerdan, se refiere a un periodo específico en la historia del arte que abarcó del siglo XVII a principios del siglo XVIII. Entonces, ¿reflejos barrocos o no?

En el boletín de prensa, los estudiantes de la MEyA aclaraban el asunto, aunque, a decir de Manuel Alejandro Moreno, tercer miembro del equipo curatorial, la gran mayoría de los medios poblanos, previo a la apertura de la exposición, se concentraron en otras cosas: “hablaban de todo y de todos, exhibían fotografías de personalidades de las instituciones gubernamentales locales, pero nunca conocieron a fondo el proyecto, jamás hablaron de la esencia crítica”:

Recientemente se han promovido en el entorno cultural discursos que buscan establecer el concepto de una ciudad con una identidad académicamente poco aceptable: una Puebla barroca. Si tratamos de entender los fines específicos de esta designaciónn, podemos ver que estos son de tinte político y que definen un momento muy específico de la historia contemporánea; sin embargo, son poco convenientes para el buen entendimiento de una sociedad diversificada.

Reflejos: del novohispano al contemporáneo, surge de esta inquietud, buscando mostrar el arte que ha surgido en esta ciudad durante los últimos cuatro siglos, conformado por sincretismos y eclecticismos propios de su época, ya que cada tiempo ha tenido sus propios discursos, desprendiéndose de ahí las prácticas creativas.

El trabajo de este proyecto es exponer las disonancias, armonías y reflejos que se dieron y que son producto de los medios de cada época para producir, consumir y asumir el arte.

Lo que sí atinaron a captar varios de los medios y que da cuenta, otra vez, de la importancia de esta exhibición, es que Reflejos significa la primera vez que su sede, vista como ex convento o como museo, abre sus puertas al arte contemporáneo. Y esto es importante no porque lo digan sus promotores sino por diversas causas que vale la pena repasar de manera breve para dejar registro aquí.

En primer lugar, el INAH, institución a la que pertenece el museo, está dedicada a asuntos de antropología e historia, como su propio nombre lo dice, no a exponer arte y proyectos vinculados con el aquí y el ahora: ese vínculo entre el pasado y el presente es, entonces, sumamente relevante y debería explotarse más por este instituto, aunque ese es tema para otro debate. En segundo lugar, y a reserva de repetirme, el potencial de atraer a varios tipos de públicos es sin duda para celebrarse.

Y aunque, como los propios alumnos de la MEyA nos indican, la exposición no habla de una Puebla barroca sino de la construcción de una ciudad novohispana y la instauración de la fe católica en ésta y su continuidad, de una u otra forma, hasta nuestros días, existe algo de barroco en los artistas contemporáneos que dialogan con el pasado. Al menos como etiqueta identitaria, encontraremos en Reflejos artistas que se definen como “barroco-punks” o, en el caso de Carlos Flores Rom,  “barroco-urbano”.

Sin importar la etiqueta, un par de cosas me quedaron claras tras visitar esta exposición. La primera, que objetos y experiencias tan lejanas en el tiempo y aparentemente propias de una comunidad apartada del grueso, como lo puede ser la de un convento, pueden encontrar una continuidad, un espejo, en la sociedad actual. O, como nos presenta la ficha de sala, esas miradas del pasado, “al exponerlas junto a creaciones contemporáneas” nos muestran “la relación que guardan aún los artistas con la identidad actual de la ciudad de Puebla”.

La segunda, que es posible y deseable construir proyectos expositivos que se salgan de las convenciones establecidas y que apelen de forma natural a dos mundos o grupos distantes y distintos. (Sí, lo sé, ya lo he dicho en repetidas ocasiones, pero en verdad que no me cansaré de decirlo).

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Liliana Amezcua junto a su ensamblaje

Reflejos en nombres, números, fechas y horarios
  • 14 estudiantes de la MEyA involucrados en todos los aspectos del proyecto, desde la gestión y la curaduría y montaje, hasta los patrocinios y difusión.
  • 11 de diciembre de 2014: Mesa redonda “El Barroco: Una visión desde la academia” / “El barroco. Política de la imagen y el patrimonio imaginado”, con Dra. Isabel Fraile Martín y Dr. Jesús Márquez, de la MEyA.
  • 12 organismos o instancias involucradas en el proyecto.
  • 10 a 17 horas, de martes a domingo: horario de apertura.
  • 10 obras de arte contemporáneas y 9 piezas de arte u objetos novohispanos – pinturas, misales, bordados, puertas.
  • 8 artistas contemporáneos poblanos o radicados en Puebla:
    • Antonio Álvarez Morán: pintura y ensamblaje.
    • Carlos Flores Rom: linóleo sobre mantel.
    • Flor de María Rico: fotografía.
    • Liliana Amezcua: libro de artista y ensamblaje.
    • Marco Moreno: escultura policromada.
    • Mario Martínez: gráfica.
    • Santo Miguelito (Miguel Pérez): textil bordado.
    • Rosa Belloso: registro de instalación con collage.
  • 4 meses aproximadamente de gestión de parte de los organizadores con la sede, los artistas y otras instituciones que apoyaron con material de montaje, cédulas de obra, coctel inaugural, etc.
  • 4 de enero de 2014: último día de la exposición.
  • 1 grupo para amenizar la inauguración: Cuarteto Androide
  • 0 pesos: el costo de entrada a la exposición.

 

Para mayores detalles, los interesados pueden visitar la página FB de la exposición.

Foto: Colectivo Los Subterráneos

Santo Miguelito frente a su obra textil montada en este año en la galería del edificio del IMACP. Foto: Colectivo Los Subterráneos

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[1] Para más detalles, consultar las páginas 19 y 20 de la tesis de maestría Los patrimonios artísticos regionales reclaman ser estudiados. El caso del Museo de Arte religioso del ex convento de Santa Mónica en Puebla Pue. de María Cecilia de la Paz Vázquez Ahumada, disponible aquí.

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.