«Nuestro objetivo no es hacer reír, es acompañar»

«Nuestro objetivo no es hacer reír, es acompañar»

Tomada de facebook.com/dres.apapachos
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Josué Cantorán

@josuedcv

Es miércoles y Emmanuelle, como todos los miércoles, irá al hospital que le fue asignado, en turno matutino o vespertino. En compañía de alguno de sus once compañeros o sola, como a veces ocurre, entrará, se alistará, se pondrá la bata blanca, se lavará las manos, revisará con la enfermera o el médico del turno la lista de niños y niñas internadas, hará cuidadosamente el rol de visita para no arriesgar a nadie: primero los pequeños que tienen las defensas más bajas y al final los que tienen padecimientos contagiosos. Luego entrará a cada habitación y atenderá a los más pequeños y a sus padres. Dejará dormir a las niñas que duermen, preguntará si puede ingresar a las habitaciones de los niños en aislamiento, se pondrá cubrebocas de ser necesario.

Emmanuelle no es cualquier doctora; de hecho, cuando se pone la bata cambia de nombre: la doctora Fulgencia, “lista para la emergencia”. Es una Doctora Apapacho.

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A principios de 2009 Guadalupe Maurer conoció en España a Néstor Muzo, un actor con una década de experiencia haciendo espectáculos de clown en hospitales y formador de la Fundación Theodora, la organización europea de payasos de hospital más grande. Tras ser invitada a presenciar el trabajo del histrión, Lupe quedó impresionada y se convenció de inmediato en trasladar el espíritu de esa labor a Puebla, su ciudad de origen.

Para marzo de ese año Lupe Maurer ya había organizado todo para ofrecer el primer curso introductorio del que egresaría la primera generación de Doctores Apapachos, y para octubre estarían trabajando formalmente en el primero de los hospitales que recibieron la propuesta: el Hospital del Niño Poblano.

En 2010 se hizo una segunda formación y se incluyó en la agenda de la organización al Hospital San Alejandro –que depende del IMSS–, al norte de la ciudad. Para 2011 una tercera formación integró a más doctores y los hospitales de Traumatología y Ortopedia –también del IMSS– y del ISSSTE. Cada año se irían integrando más Doctores y centros de salud: primero el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT), después el Hospital de San José, ubicado en el céntrico y antiguo barrio del mismo nombre, y finalmente, en agosto de 2014, el Hospital General del Sur.

Actualmente, los doce Doctores Apapachos brindan atención todos los miércoles del año, sin tomarse días festivos, “pues en los hospitales no los hay”, a cinco centros de salud (actualmente el Hospital del Niño Poblano se encuentra en rehabilitación y, por lo tanto, los Doctores han tenido que suspender sus actividades en el primer hospital que los recibió).

Su trabajo consiste, sencillamente, aunque más adelante veremos que no es tan sencillo, en pasearse por los pasillos de pediatría de los hospitales mencionados y recorrer las habitaciones de los pequeños y pequeñas internadas por cualquier padecimiento –enfermedades terminales, degenerativas, infecciosas– para ofrecerles un breve acompañamiento con show de comedia, contarles un cuento, hacerlos reír o que se relajen un rato.

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Los Doctores Apapacho no tienen empacho en presumir las cualidades que los distinguen de otros grupos de voluntariado o beneficencia que también realizan labor de acompañamiento con niñas y niños hospitalizados o de risoterapia.

Es que no es fácil ser un Doctor Apapacho. Quien quiera serlo, antes debe pasar un filtro largo y especializado que pocos logran sortear. En primer lugar, cada vez que se abre una nueva convocatoria para formar parte del grupo, el aspirante debe demostrar en su currículum una experiencia escénica en teatro o alguna otra disciplina relacionada. Sólo se eligen, al año, en ese primer filtro, unos 15 perfiles.

–Después se pasa a la siguiente etapa que es el curso introductorio –explica Marina Rojo, coordinadora operativa de los Doctores Apapacho–. Es un curso presencial de todo un día. Ahí Néstor los ve y se hace la elección. De esos 15 nunca hemos elegido a más de seis porque vamos creciendo poquito a poquito. La formación es el siguiente paso y consta de un mes, más o menos.

Esa formación tiene tres aristas: lo hospitalario, lo artístico y lo personal.

Mi teoría como procuración de fondos es que vendes intangibles, no es lo mismo vender cualquier cosa que decir “es que con tu donación vas a cambiar una vida”. Porque finalmente las organizaciones sociales eso es lo que buscamos: cambiar vidas.

La formación hospitalaria, por ejemplo, que reciben de las enfermeras del Hospital del Niño Poblano, consiste en aprender todas las normas de seguridad e higiene que deben mantenerse al interior del centro de salud: qué niños deben visitarse antes y cuáles después para no poner más en riesgo su salud, o cómo y cuántas veces deben lavarse las manos al entrar o salir de un área, y cuándo utilizar insumos extras, como cubrebocas o guantes.

Esa preparación y alto grado de profesionalización les ha permitido el acceso, en algunos hospitales, a zonas que son de acceso sumamente restringido y al que otros grupos u organizaciones no pueden ingresar, como es la dedicada a los pequeños con quemaduras.

La formación artística es la que tiene que ver con el desarrollo de sus habilidades escénicas. Además de la constante preparación en el grupo, los Doctores Apapacho cursan al menos dos talleres al año en técnicas de clown, teatro o improvisación, para afinar sus aptitudes y evitar caer en zonas de confort al realizar su trabajo.

Al estar sujetos a las condiciones de cada paciente, los Doctores Apapacho deben improvisar siempre: no pueden llevar un guión preparado o un número montado con rigor, sería imposible llevarlo a cabo. Por eso los actores deben mantener todos sus sentidos en máxima alerta para responder a la situación de cada habitación: si hay un niño sordo, deberán realizar un número especialmente para él, lo mismo si se trata de un pequeño ciego o con cualquier otra discapacidad, o si la niña está pasando por un mal momento porque recién conoció su diagnóstico, o si tiene dificultades para comer o si está haciendo una rabieta.

–De ahí la importancia de la improvisación –apunta Emmanuelle Fuentes, coordinadora de procuración de fondos de la organización y también la Doctora Fulgencia–, porque como no ensayamos, no tenemos nada puesto, es importantísima la habilidad de la improvisación. Cada cuarto para un artista es un público diferente. No cualquiera puede hacerlo, ahí debes dominar los nervios y ahí entra el trabajo personal.

Tomada de facebook.com/dres.apapachos
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Al estar en contacto de manera cotidiana con la muerte y el dolor, en lugares donde personas tan pequeñas sufren enfermedades terminales o tienen un estado de salud deteriorado, los Doctores Apapachos deben mantener un constante trabajo personal de reflexión y terapia.

–Hemos tenido talleres de duelo y muerte que consideramos importantes porque (los Doctores) están todas las semanas en contacto con el dolor –dice Marina Rojo.

Cada dos meses, además, reciben terapia grupal con un profesional para resolver cualquier conflicto que pueda haberles causado una situación dentro o fuera del hospital, o cualquier otra problemática surgida al interior del grupo, con la intención de que puedan comunicarse y trabajar como grupo de manera más eficaz.

Finalmente, los Doctores también son sensibilizados en cómo tratar a los niños, pues si uno de ellos prefiere no recibirlos, quizá porque pueda estar con un ánimo más decaído y prefiera estar a solas, ellos deben estar preparados para reaccionar con respeto y distancia sin salirse, claro está, del personaje.

Y contrario a lo que ocurre con otros grupos cuyo trabajo es similar al de los Doctores Apapacho, ellos se presentan no en shows esporádicos organizados una o dos veces al año, sino que tienen presencia en el hospital semanalmente. Es importante mencionar, finalmente, que no se trata de un voluntariado, pues los Doctores deben ver en esta labor un trabajo profesional y no un hobby o una actividad que realizan en tiempos libres. Por ello son remunerados.

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Los gastos que origina el trabajo de los Doctores Apapacho, además de la remuneración que cada uno recibe por visitar el hospital y los constantes cursos de capacitación que se dan a lo largo del año, son la terapia grupal, los vestuarios y utilería, estudios médicos que cada Doctor debe realizarse anualmente y otros gastos administrativos de diversa índole.

Todo ello se obtiene a través de donaciones. El trabajo de procuración de fondos de la organización es permanente, y lo mismo se busca que empresarios con solvencia económica realicen donativos mensuales o se venden playeras, dulces y tarjetas personalizados con caricaturas de cada Doctor, y se realizan eventos, como cenas o noches de casino, donde los asistentes pagan una entrada que será destinada a la labor altruista.

Y aunque la organización cuenta ya con una cartera de donantes y un reconocimiento cada vez más amplio por la labor que desempeñan, no ha sido fácil hacerse de los fondos económicos que necesitan para continuar trabajando.

–Sí cuesta trabajo, yo creo que con cualquier causa, sea la que sea, cuesta muchísimo trabajo –dice Emmanuelle–. Mi teoría como procuración de fondos es que vendes intangibles, no es lo mismo vender cualquier cosa que decir “es que con tu donación vas a cambiar una vida”. Porque finalmente las organizaciones sociales eso es lo que buscamos: cambiar vidas.

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Cada Doctor Apapacho tiene un personaje y lo mantiene en cada visita: una doctora viene de Cuba y habla a los pequeños con un cómico acento isleño, otras dos tienen enemistad y suelen pelear y otro más hace bromas con cartas. Pero más allá de la risa, que es el trabajo de superficie, los Doctores tienen otra misión.

–Nuestro objetivo no es hacer reír –vuelve a decir Emma–: es acompañar. Muchas veces las personas, los niños y sus papás no están para reírse porque les acaban de dar una mala noticia, les acaban de decir que la operación fue un fracaso, o qué se yo, que se va a quedar más tiempo el niño, etcétera. Sin embargo, acompañamos, a veces el papá necesita un abrazo, necesita llorar, a veces el niño necesita descargar su coraje, su sentimiento, y lo hace con nosotros, y nosotros estamos ahí, no somos terapeutas, pero sí servimos de acompañantes para lo que sea que estén viviendo.