Educación, regeneración ética y regeneración democrática

Educación, regeneración ética y regeneración democrática

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

1.-El civismo como virtud sociopolítica de la ética.

“La democracia hace del individuo un ciudadano que reconoce deberes y ejerce derechos. El civismo constituye entonces la virtud sociopolítica de la ética. Requiere de solidaridad y responsabilidad”.

Edgar Morin. El Método VI. Ética. p. 149

Nuestro país vive una profunda crisis política y social que constituye un enorme riesgo y al mismo tiempo una gran posibilidad para refundar y reorganizar la incipiente y muy frágil democracia que costó años de lucha y pareció desmoronarse en una tarde en la que seis personas murieron y cuarenta y tres estudiantes normalistas desaparecieron a manos de la policía municipal de Iguala por órdenes del alcalde.

Se van a cumplir tres meses de este hecho que fue la gota que derramó el vaso del hartazgo social ante la corrupción y la impunidad que dominan el escenario nacional y tienen al Estado postrado ante la delincuencia organizada.

Esta profunda crisis no es el resultado simplemente de la persona y el partido político que ocupan la Presidencia de la República, las gubernaturas estatales y las presidencias municipales sino de la progresiva y ya muy larga degeneración del sistema social y político que nos rige que parece estar tocando fondo.

Se trata de una crisis de civismo, de una profunda crisis ética si entendemos el civismo como la virtud sociopolítica de la ética, tal como lo plantea el pensador francés Edgar Morin.

Si la democracia se caracteriza por ser un sistema en el que el ciudadano cumple con ciertos deberes y ejerce determinados derechos, en México la corrupción y la impunidad están impidiendo el ejercicio de nuestros derechos y desincentivando fuertemente el cumplimiento de nuestros deberes.

Porque en una sociedad en la que la ley se hace, se modifica y se aplica de manera sesgada de acuerdo al beneficio de los intereses de ciertas personas y grupos que constituyen los poderes fácticos los derechos ciudadanos pasan a segundo término y su ejercicio se vuelve de alto riesgo.

En un contexto social en el que el estado de derecho brilla por su ausencia y no existen sanciones para quienes violan la ley sistemáticamente, el cumplimiento de los deberes cívicos se considera una utopía propia de perdedores y ciudadanos carentes de inteligencia.

2.-Los circuitos recursivos.

“La democracia se sirve de dos circuitos recursivos: 1.-Los gobiernos dependen de los ciudadanos que dependen de los gobiernos; 2.-La democracia produce ciudadanos que producen la democracia”.

Edgar Morin. El Método VI. Ética, p. 150

Los mexicanos aspiramos a tener una auténtica democracia como forma de gobierno y de organización social. Por este objetivo han dado su vida y entregado sus vidas muchos ciudadanos de diversos estratos sociales, ideologías y visiones de país durante muchas décadas. Es indudable que hemos tenido avances en este camino lento y arduo hacia la construcción de un país donde se respete la decisión de las mayorías y se incluya también la visión de las minorías.

La educación juega un papel fundamental en este desafío de regeneración de la ética para la regeneración de la democracia.

Sin embargo cabría preguntarnos hoy, en medio de la crisis desatada por el caso Ayotzinapa, por la forma y la calidad de funcionamiento de los dos bucles recursivos que alimentan a toda democracia.

¿Cuál es la forma en que nuestros gobiernos han dependido y dependen de los ciudadanos y en que los ciudadanos han dependido y dependen de los gobiernos? ¿Se trata de una dependencia mutua constructiva, basada en el respeto, el diálogo y la valoración mutua o en el clientelismo, el interés particular, la obediencia ciega y la pretensión de incondicionalidad?

¿Qué calidad de democracia está produciendo qué calidad de ciudadanos? ¿Qué calidad de ciudadanos estamos produciendo qué calidad de democracia? ¿Es nuestra democracia lo suficientemente sólida, transparente y moderna para producir los ciudadanos comprometidos, participativos, críticos y responsables que exigen los tiempos que hoy vivimos? ¿Somos los ciudadanos lo suficientemente conscientes, pensantes, razonables y responsables para producir una democracia verdadera que nos conduzca a una sociedad justa y pacífica?

3.-Debilitamiento del civismo, debilitamiento de la democracia.

“Así, las crisis/debilitamiento del civismo son también crisis/debilitamiento de democracia y por tanto, de complejidad política y social…La regeneración de la ética es, por tanto, inseparable de una regeneración democrática”.

Edgar Morin. El Método VI. Ética, p. 150.

Si miramos la crisis profunda en la que se encuentra nuestra democracia podremos constatar que la calidad con que están operando los dos bucles recursivos antes mencionados deja muchísimo que desear para estar a la altura de los retos que nuestro país tiene en este contexto de cambio de época.

Vivimos, como planteamos líneas arriba, en un debilitamiento democrático que es producto-productor de un debilitamiento del civismo. Vivimos en una situación de muy baja complejidad política y social, es decir, en una situación de relaciones verticales, basadas en el control, cerradas a la crítica y el disenso, contrarias a la autonomía de los ciudadanos y a la generación de condiciones para el desarrollo abierto y plural de los distintos grupos sociales.

Se requiere con urgencia una regeneración de la ética para poder aspirar a una regeneración democrática.

Esta regeneración ética tiene que orientarse hacia la meta fundamental de generar y regenerar ciudadanos que sean capaces de ejercer sus derechos y cumplir con sus deberes para el bien común.

4.-Regeneración ética y democrática: el papel de la educación.

“Pero la educación puede ayudar a ser mejor, y si no dichosos, enseñarnos a asumir la parte prosaica y vivir la parte poética de nuestras vidas”.

Edgar Morin. La mente bien ordenada, p. 12.

La educación juega un papel fundamental en este desafío de regeneración de la ética para la regeneración de la democracia.

El gran reto tiene que ver con pensar y operar estrategias que puedan volver a contagiar a los estudiantes de una “alta moral”, de un “alto deseo de vivir” que es el ingrediente sustancial para la búsqueda ética. Volver a convencer no solamente a nivel intelectual sino existencialmente a los estudiantes de que el ser humano no vive solamente para sobrevivir sino que sobrevive para vivir y que esta búsqueda del vivir humanamente es una búsqueda no solamente personal sino también social.

Para salir de esta crisis se requiere formar a los educandos en esta búsqueda ética que en lo social se traduce en una búsqueda democrática en la que a pesar de la crisis de corrupción e impunidad que hoy vive nuestro país o tal vez precisamente a partir de ella, pongamos todo nuestro esfuerzo para reconstruir la relación de dependencia entre los ciudadanos y el gobierno y volverla una dependencia constructiva y respetuosa que facilite la construcción progresiva de una democracia auténtica que genere ciudadanos demócratas y la formación de ciudadanos demócratas capaces de construir una democracia auténtica.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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