Sembremos esperanza

Sembremos esperanza

Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Ahora sí me ha costado mucho decidir sobre qué escribir porque no quiero escribir más sobre cosas que sean negativas, de eso ya estamos hasta el hartazgo, nada más uno prende las noticias en la radio, la televisión o cualquier red social y se observa que la situación de crisis social en nuestro país está llegando a niveles inusitados, y parecemos sorprendidos, sin embargo hace años que de alguna manera se venía anunciando lo que ahora estamos viviendo.

Incluso escuchando la sección de “niñonauta” (sección, en cápsulas breves, que está dirigida a pequeños radioescuchas, que trata temas diversos que pueden y además a mí me gusta mucho) en el noticiero de MVS que conduce la prestigiada Carmen Aristegui, en días pasados presentaron una cápsula sobre la situación de nuestro país y les explicaban a los niños cómo es que se ha desatado toda esta violencia y por qué el país está en esta crisis. Todo iba muy bien, hasta que, casi al final de la cápsula, se les decía a los niños que los adultos esperábamos que ellos pudieran trabajar por este país, para que no termine a pedazos.

Me quedó un mal sabor de boca, esa sección que me gusta tanto, estaba diciéndoles a los niños que los adultos ya no tenemos nada qué hacer y que a ellos les toca arreglar lo que nosotros no hemos podido; incluso dejé de escuchar el noticiero y pensé que ahora sí se habían equivocado los creadores de “niñonauta”. Debo decir que no estoy de acuerdo, porque es dejarles a estos pequeños en las manos este mugrero de país, porque los adultos ya no sabemos cómo solucionarlo.

Así que dándole vueltas a cómo revertir este mensaje, he pensado que, al menos a los educadores, nos toca ayudarles a construir elementos de esperanza para que los niños y los jóvenes tengan motivos bien fundamentados y sólidos para seguir en este país, trabajar por él y hacer que las condiciones sociales se transformen, y además creo firmemente que en este momento nos toca a los adultos, hacer que esto cambie, con nuestra participación crítica y pacífica, en donde demos muestra de civilidad y que al mismo tiempo exijamos a las autoridades cambios radicales en la forma de hacer política y en la forma de gobernar, para que el tejido social se reconstruya.

Nos toca a los adultos, mostrarle a la siguiente generación, que conocemos nuestros derechos y que podemos exigirlos, que reconocemos que los políticos se han excedido y los gobernantes han abusado. Que sabemos que ellos son servidores públicos y que están en puestos de elección popular porque en un momento salimos y votamos por ellos. Que sabemos que trabajan y se roban y negocian con el dinero que pagamos los ciudadanos comunes y corrientes a través de los impuestos. Que sabemos que negocian entre ellos y con el crimen organizado para mantenerse en el poder. Que sabemos que poder y dinero es lo que más les interesa y el pueblo mexicano y México, no están entre sus intereses prioritarios, más que para exprimirnos y exprimirnos. Que sabemos que la corrupción y la impunidad son sus modus operandis, y que nos ha llegado el hartazgo.

Hablemos con nuestros niños y jóvenes sobre lo que está pasando, pero no para que sientan asco de su país, sino para que no sean ingenuos y empiecen a pensar que hay modos diferentes de actuar y que la cultura del “ahí se va” y de corrupción, puede revertirse. Pero para eso necesitamos salir a las calles y manifestarnos y exigirles a las autoridades cambios en sus formas de proceder y también necesitamos vencer el miedo. Debemos decirles a nuestros niños y jóvenes que buscamos una forma distinta de construir nuestro país, que pueden existir políticos honorables y que tendremos la posibilidad generar mejores condiciones de vida para nosotros y nuestros hijos.

Nos toca a los adultos, mostrarle a la siguiente generación, que conocemos nuestros derechos y que podemos exigirlos, que reconocemos que los políticos se han excedido y los gobernantes han abusado. Que sabemos que ellos son servidores públicos y que están en puestos de elección popular porque en un momento salimos y votamos por ellos. 

Queda claro que nadie quiere más muertes, más desaparecidos, más derramamiento de sangre, pero tampoco podemos seguir indiferentes ante toda esta situación que nos aqueja y enfrentarla, insisto, con civilidad, puede sembrar esperanza en nuestro niños y jóvenes, para que puedan apreciar que los mexicanos somos mucho más que una bola de ignorantes o de ingenuos; como algunos políticos o hijos de líderes sindicales, pretenden hacernos ver; sino que somos personas con capacidad crítica y con ganas de luchar por nuestro país.

Estoy convencida que a nosotros, los adultos, nos toca limpiar el mugrero que tal vez no iniciamos, pero al que hemos contribuido, con nuestro silencio, con nuestra indiferencia, con nuestro miedo; no somos los únicos responsables, pero sí hemos contribuido a que esto se mantenga y se haga insostenible. A los adultos nos toca, además, sembrar esperanza, para que los niños y los jóvenes mexicanos sientan que vale la pena vivir en esta tierra.

Finalmente me pregunto, qué le toca a la clase política para sembrar esperanza entre nuestros jóvenes, ¿tener dignidad e irse?, ¿purificar su alma?, ¿escuchar a los millones de mexicanos que aspiramos a ser parte de una nación sana y establecer las vías para generar los cambios necesarios para la reconstrucción de nuestro país? Espero que cualquiera de estas cosas sean por las que se inclinen, en cualquiera de ellas beneficiarían a México y por favor, ahora que se acerca el fin de año, no vayan a aprobarse un aguinaldo mega millonario, porque eso arrancaría las semillas de esperanza de cualquier campo fértil.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

Sus comentarios son bienvenidos

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.