“¿Quieren que nos maten a todas?”

“¿Quieren que nos maten a todas?”

Foto: Ámbar Barrera
Foto: Ámbar Barrera

Exige la 4ª Marcha de las Putas justicia para los feminicidios en Puebla, un alto al acoso callejero y a la violencia contra las mujeres

Mely Arellano Ayala

@melyarel

Sandra Pérez Mateos fue la desconocida número 11 hasta que su familia reconoció su cuerpo, encontrado en una calle en Chachapa, Amozoc, a 30 minutos de esta ciudad a la que le dicen “de los ángeles”, desnudo, envuelto en bolsas de basura. Entonces ya tuvo nombre y rostro, y fue hija de alguien y madre de tres. A Sandra la mataron de cinco puñaladas en el pecho, el lluvioso penúltimo día de junio.

Cinco meses después de su feminicidio, parada afuera de la Procuraduría General de Justicia, su hermana toma el micrófono.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

–Exijo justicia para mi hermana, se llama Sandra Pérez, el asesino sigue libre, hemos presentado pruebas, está ubicado, saben quién es y no hacen nada (…). Mi hermana dejó tres hijos, era alegre, era una guerrera y luchó siempre hasta el final y si su delito es amar a la vida y ser alegre, entonces cuántas más faltamos, esto no puede continuar así, queremos justicia, porque saben quién fue, porque lo tienen ubicado y de todas maneras no hacen nada, son 5 meses y yo creo que van a tener que pasar otros 5, y mientras, ese infeliz sigue afuera, a la mejor asesinando a más mujeres, no sé qué quieran, ¿que nos maten a todas? –a la pregunta final le sigue un brevísimo silencio que se rompe con el primer grito de “Justicia, justicia”.

Son unas 300 personas, sobre todo mujeres, las que la rodean luego de haber caminado desde el zócalo. Es la Marcha de las Putas que reclama el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, violencia que va desde el acoso en las calles hasta el feminicidio.

Una marcha que pretende re-significar esa palabra tantas veces dicha a manera de insulto, y que se aplica a cualquier mujer cuyo comportamiento o actitud “ofende” los estándares morales de esta esquizofrénica sociedad.

–Hoy no queremos contar cifras, queremos contar las historias de madres, estudiantes, trabajadoras, niñas y mujeres que seguimos reclamando justicia, nos organizamos desde la rabia por cada mujer asesinada –dice ahora Gabriela Cortés, integrante de El Taller AC, y una de las organizadoras de esta marcha que se realiza por cuarto año consecutivo.

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Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

La marcha salió alrededor del mediodía. El contingente fue encabezado por Amada Barranco, mamá de Araceli Vázquez Barranco, asesinada el 13 de noviembre del 2013 por su ex novio, Javier Mauricio Díaz, un albañil que sigue prófugo, pues por lo visto ha sido más hábil que el aparato de justicia del estado.

Amada fue la primera en alzar la voz, una vez llegada la marcha a las puertas de la PGJ para reclamar la indiferencia de las autoridades, y el cinismo con el que le han dicho que sea ella quien busque y encuentre al feminicida de su hija Araceli.

-Ella ya estaba muerta, ya la policía la había visto cómo estaba y les decía yo que lo fuéramos a buscar porque estaba ubicado, y me decían que no tenían la orden de aprehensión sabiendo que ya mi hija estaba muerta, o sea ya la habían visto y todavía me decían que no lo podían agarrar, y hasta la fecha no tengo justicia, el maldito asesino anda libre –las palabras comienzan a salirle llenas de llanto pero no se detiene- no es justo, no es justo que ese maldito asesino le haya privado de vida a mi hija que era una mujer luchona, lo que le pido al gobierno es justicia, ¿o quieren que yo haga justicia?

En Puebla, las organizaciones ciudadanas reportan 56 feminicidios en lo que va del año, sin embargo el gobierno reconoce 7 y asegura que “todos los hechos se han esclarecido, desde la perspectiva de que se tiene identificado al probable responsable, que en algunos casos está ya detenido, y en otros permanece su búsqueda. Otras averiguaciones previas de homicidios en agravio de mujeres, son motivo de análisis  con investigaciones en curso para determinar si se consideran o no feminicidios”.

Y es que dada la mala tipificación del delito, el Ministerio Público lo mismo puede decir que fue feminicidio u homicidio doloso, aunque si ese fuera el caso el panorama se muestra aún más desolador. Oficialmente en el 2013 se cometieron 83 homicidios dolosos de mujeres, contra 69 en 2012 y 79 en 2011, es decir la cifra más alta en los últimos diez años.

Foto: Leo Herrera
Foto: Leo Herrera

Pero más allá de cifras, las personas que marcharon este domingo saben de la violencia porque la viven, porque la reconocen en las experiencias comunes de acoso callejero, de acoso sexual, de violencia física y psicológica en sus familias, de violaciones sexuales, de muerte.

Con consignas como “Gobierno corrupto, por tu culpa estoy de luto”, “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche machismo se tiene que morir”, “Asesinos, asesinos, asesinos son ustedes, en aborto clandestino las que mueren son mujeres”, “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, ése no es nuestro góber, es asesino macho burgués” y “Gobierno machista, que asesinas a nuestras hijas”, la marcha llegó a la PGJ para clausurarla simbólicamente por ineficiente: afuera del inmueble recién remodelado quedaron pegadas decenas de siluetas de mujeres, para recordar a las mujeres que siguen esperando justicia.

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El regreso al zócalo por la calle 16 de septiembre es caótico. Son cerca de las dos de la tarde y la plaza está prácticamente llena. A un lado de la fuente de San Miguel hay un escenario donde se han presentado algunas obras del Festival de Teatro Héctor Azar. Los payasos que divierten a las familias con chistes bien cargados de misoginia, homofobia y machismo tienen tomadas las calles alrededor, así que el contingente entra por la 3 oriente-poniente, a un costado de catedral.

La marcha termina. La gente se disipa. De a poco se van alejando entre el bullicio, buscando agua o sombra.

Quedan quizás unas 50 personas cuando un joven de los pocos que marcharon comienza a contar: “1, 2, 3…” y el coro se hace grande, algunas personas se unen, otras sólo miran. No es necesario decir más, ya se sabe hasta dónde llega la cuenta, ya se sabe dónde va a parar, una vez más la violencia nos impone un código en común y lo hacemos propio, “… 40, 41, 42, 43. ¡Justicia!”

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