La puerta final, de Mauricio Molina

La puerta final, de Mauricio Molina

Alejandro Badillo

@Alebadilloc

Los cuentos de Mauricio Molina tienden a la creación de atmósferas y a la búsqueda de mundos imposibles. La puerta final es un ejemplo valioso de la narrativa puesta al servicio de una mirada extraña, que sondea las otras puertas de la realidad. En cada una de las piezas de este libro el autor abre una caja de Pandora de la que emergen universos paralelos e instantáneas donde se mezclan el ensueño y la tristeza.

Cuadrivio Ediciones. 1era edición, 2014
Cuadrivio Ediciones. 1era edición, 2014

“Cadáveres y ballenas”, uno de los mejores cuentos del volumen, muestra las herramientas de las que echa mano el autor: un lenguaje preciso que construye una ciudad contaminada y un cielo repleto de ballenas flotantes. Lo interesante del texto es el límite con el que juega: un surrealismo que, fuera de control, puede parecer gratuito y ramplón. En el cuento, sin embargo, las ballenas flotantes funcionan como un elemento de extrañeza que enmarca la huida de un hombre que trata, a toda costa, de preservar su vida ante la amenaza de una banda de muertos que lo quieren integrar a sus filas. Sin caer en el juego de los zombis, Molina crea una realidad alterna, impregnada de caos e imágenes lúgubres, para ofrecernos una historia eficaz que trasciende la mera persecución de su protagonista para poner en primera fila un mundo trastornado que nos seduce.

Hay otra vertiente en La puerta final: viñetas o minificciones que sondean la imagen, pedazos de biografías, instantáneas que dejan un anzuelo, una interrogante en el lector. En textos como “Crónica”, “Final de partida”, “La confesión” o “Control remoto” asistimos, también, a una prosa que sabe cuándo mostrar o cuándo ocultar sus trucos de magia. En La puerta final hay una realidad que late atrás de cualquier decisión o cualquier callejón tomado al azar.