Esperar en tiempos de desesperanza

Esperar en tiempos de desesperanza [1]

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

I.-Tiempos de desesperanza

“Según Hölderlin: Donde crece el peligro, crece también lo que salva”

Edgar Morin. Educar en la era planetaria, p. 139

El peligro crece cada día en esta patria que nos duele a todos aunque todos sigamos contribuyendo a mantener la enfermedad que causa este dolor cada vez más insoportable. El peligro aumenta en cada pueblo y ciudad controlados por el crimen organizado que ha penetrado las instituciones del Estado. El peligro acecha en cada vez más espacios de nuestro territorio nacional, en cada vez más ámbitos de nuestra vida social, en cada vez más personas cercanas que son víctimas de la violencia de delincuentes con o sin uniforme, con o sin cargo público.

El peligro crece a pesar de que las estadísticas oficiales digan otra cosa. El peligro renació demostrando con toda crueldad que no basta dejar de hablar de la violencia y el crimen organizado para que estos desaparezcan de nuestra vida como por arte de magia. Aunque la guerra declarada terminó por decreto presidencial y estrategia de comunicación gubernamental, las batallas cotidianas y las víctimas inocentes siguen presentes en nuestra vida cotidiana.

El peligro crece también ahora del lado del hartazgo social que empieza a manifestarse de manera violenta en las calles, incendiando todo lo que encuentra a su paso. El peligro sigue creciendo con las acciones de grupos que toman como pretexto la protesta social para cometer delitos disfrazados de protesta social. El peligro aumenta con el resurgimiento de los discursos y acciones de quienes piensan que no hay otra forma de resolver la crisis nacional que no sea la de la violencia.

Ante el peligro creciente, la desesperanza también sigue creciendo y nos envuelve a todos llevándonos a pensar que no hay salida para este México roto por la impunidad, la corrupción y la complicidad del poder cada vez más desorganizado con el crimen cada día mejor organizado.

La desesperanza invade nuestras consciencias individuales y el clima colectivo. La desmoralización social nos conduce a la impotencia y la impotencia aumenta la desmoralización social en un círculo vicioso que hace cada vez más difícil el resurgimiento de la esperanza.

Vivimos días de desesperanza.

II.-Principios de esperanza

“Estos principios no portan ninguna seguridad, pero no podemos sustraernos ni a la desesperanza ni a la esperanza. La odisea de la humanidad sigue siendo desconocida, pero la misión de la educación planetaria no es parte de la lucha final, sino de la lucha inicial por la defensa y el devenir de nuestras finalidades terrestres: la salvaguarda de la  humanidad y la prosecución de la hominización”

Edgar Morin. Educar en la era plantearía, pp. 139-140

Pero como afirma Hölderlin: donde crece el peligro crece también lo que salva y si el peligro en México está creciendo de manera aparentemente incontrolable e irreversible, tendríamos que creer que lo que salva, lo que nos puede sacar de este círculo perverso puede estar también creciendo.

El pensador francés, Edgar Morin plantea seis principios de esperanza en la desesperanza que pueden ayudarnos hoy a sostener nuestras aspiraciones y energía hacia el cambio de este país que se encuentra en una de sus mayores crisis políticas y sociales de la era contemporánea.

Confiar en el potencial de la vida y en el deseo de vivir de la humanidad como motores de desarrollo, creer a partir de evidencias históricas en que muchas veces, en los momentos más inesperados surge el cambio inconcebible, se concreta el cambio improbable, contra toda evidencia empírica; analizar las dinámicas humanizantes que se están desarrollando bajo esta superficie de violencia y odio deshumanizantes y apostar porque en los tiempos en que crece el peligro, crece también lo que salva. 

Estos principios son: el principio vital, el principio antropológico, el principio de lo inconcebible, el principio de lo improbable, el principio del topo y el principio del salvataje.

El principio vital plantea que a pesar de todos los peligros y elementos de destrucción la vida tiende a buscar formas de mantenerse y encuentra generalmente caminos para su salvación.

El principio antropológico sostiene que la especie humana tiende de manera natural al desarrollo y que la historia ha mostrado distintas etapas en las que a pesar de riesgos y contradicciones se ha podido mantener y avanzar este proceso de desarrollo. La dinámica de progresar resistiendo es muy poderosa y tiende a mantener el proceso de humanización en marcha.

Los principios de lo inconcebible y de lo improbable plantean que a lo largo de la historia se ha demostrado que ciertos eventos o acontecimientos que implicaron desarrollo para la humanidad se han presentado a pesar de que no eran concebibles apenas unos momentos antes y que si se analizaba detalladamente la situación del contexto, eran totalmente improbables. Nadie concebía o consideraba probable, por ejemplo, la caída del muro de Berlín, incluso unos días antes de que ocurriera.

El principio del topo postula que existen dinámicas humanizantes que están desenvolviéndose en el mundo de manera subterránea, que no son visibles ni aparecen a la vista de la sociedad hasta el momento en que por alguna coyuntura específica emergen a la superficie y transforman a la sociedad.

Finalmente, el principio del salvataje se fundamenta en la frase de Hölderlin y plantea precisamente que en los momentos de mayor riesgo para la realización de la humanidad han crecido también los elementos que la salvan de la autodestrucción inminente.

Sería de mucha utilidad recurrir a estos principios y analizarlos con detenimiento en los momentos en que la desesperanza se vuelva más crítica y amenace con paralizarnos y sumirnos en la impotencia frente a los desafíos que la realidad de crisis de nuestro país nos presenta.

III.-Educar es organizar la esperanza

“La incertidumbre solicita la esperanza”.

Edgar Morin. Educar en la era planetaria, p. 138

La educación es la profesión de la esperanza, hemos sostenido en esta columna en anteriores entregas. La educación tiene como misión fundamental la promoción y organización de la esperanza en que es posible edificar un mundo distinto, más humano y más justo, libre de violencia y abusos.

Los principios que postula Morin pueden ayudarnos a mantener viva la esperanza en estos tiempos de desesperanza. Como afirma el autor, no portan ninguna seguridad pero no podemos ni debemos sustraernos ni a la esperanza ni a la desesperanza. Tenemos que ser conscientes de que la educación planetaria no es parte de la lucha final sino de la lucha inicial por este cumplimiento de la finalidad humana, por la continuación de la hominización en humanización.

Confiar en el potencial de la vida y en el deseo de vivir de la humanidad como motores de desarrollo, creer a partir de evidencias históricas en que muchas veces, en los momentos más inesperados surge el cambio inconcebible, se concreta el cambio improbable, contra toda evidencia empírica; analizar las dinámicas humanizantes que se están desarrollando bajo esta superficie de violencia y odio deshumanizantes y apostar porque en los tiempos en que crece el peligro, crece también lo que salva. Estos son los elementos que pueden mantenernos como educadores consistentes con la misión de mantener y organizar la esperanza y ayudar a revertir la desmoralización social.

La incertidumbre solicita la esperanza. En esta obscura incertidumbre del México de Ayotzinapa y Tlatlaya, los educadores debemos responder y promover esta solicitud.

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[1] Por motivos de trabajo esta columna no aparecerá las próximas dos semanas.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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