El árbol

El árbol

Josué Cantorán

@josuedcv

Si revisamos la amplia producción dramática de Elena Garro, no tardaremos en encontrar textos fabulosos, en su mayoría breves y de diversos temas y enfoques. Por eso es una pena que en Puebla, la ciudad donde Garro nació hace casi cien años, se le monte tan poco, y que hayan pasado tres años –eso hasta donde yo recuerde– desde que una compañía, en este caso la del Complejo Cultural Universitario, que presentó una temporada de Un hogar sólido en 2011, lleve una de sus obras a los escenarios locales.

Pero esta vez es la compañía independiente Teatrilleros la que presenta la puesta en escena El árbol, una obra de Garro publicada en 1967 y basada en un cuento de ella misma de 1958.

El árbol no es uno de los textos más conocidos de Elena Garro pero sigue la línea más conocida de su escritura, en la que se mezclan y entrecruzan elementos fantásticos dentro de una narración ubicada en contextos mexicanos de su época, al estilo de una buena parte de los autores de su época.

La historia es la siguiente: Luisa, una mujer de origen campesino, llega la tarde de un sábado a la casa de Marthita, una mujer de edad más avanzada que vive en la ciudad de México. No se sabe de dónde se conocen, pero se entiende que se conocen de mucho tiempo. Marthita, quien se encuentra sola esa tarde porque es el día libre de las empleadas de su casa, trata con una cierta altanería a Luisa, con condescendencia, y le dice que ella tiene la culpa de que su marido la haya golpeado, razón por la que Luisa llegó en un primer momento a la casa de Marthita solicitando asilo.

En su conversación, Luisa le cuenta a Marthita aspectos de su vida que la segunda desconocía: su primer matrimonio, el abandono de un niño producto de esta unión, el asesinato que perpetró contra una mujer que inventaba rumores de un romance entre ella y otro hombre, y finalmente su paso por la cárcel, etapa que Luisa describe como la mejor de su vida, en compañía de sus compañeras internas y que ahora añora profundamente. Al regresar a la calle ya no se halló, le explica Luisa.

Y es impresionante lo que puede lograrse, en materia de suspenso, con una dirección que presta atención al detalle y un diseño de luces adecuado.

Luisa, que mezcla en la narración de su vida tétricas historias de demonios, se convierte poco a poco en un personaje que da miedo, que resulta amenazante a la otra mujer que en un primer momento la trató con displicencia y que ahora se encuentra sola con ella. El tono de la obra, conforme avanza, se va tornando en lo que hoy llamaríamos un thriller psicológico.

Las actuaciones, que corren a cargo de dos actrices de probada trayectoria en esta ciudad, Shaila Toledo (Luisa) y Margarita Cuétara (Marthita), son magníficas. La primera es quien resalta más, por la naturaleza misma de su personaje, que en ocasiones grita y pierde su mirada en el vacío en narraciones de horror, pero la segunda, un tanto más contenida en su interpretación, ofrece con elegancia cada movimiento y palabra que su personaje le requiere.

Y todo eso se logra, es evidente, por una poderosa dirección de Alfredo Cruz Colín, que se nota cuidadosa y tenaz.

No es de buen gusto contar los finales, pero, como dije antes, la obra se va convirtiendo en una de suspenso conforme la conversación de ambas mujeres avanza. Y es impresionante lo que puede lograrse, en materia de suspenso, con una dirección que presta atención al detalle y un diseño de luces adecuado.

Lo que sí se puede adelantar es esto: si va a ver El árbol, le sudarán las manos.

***

El árbol

De Elena Garro.

Reparto: Shaila Toledo y Margarita Cuétara.

Dirección: Alfredo Cruz Colín.

Se presenta todos los jueves de noviembre a las 20:30 horas en La Rekámara (9 Oriente #18 Centro)

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