La política cultural y la ceguera sexenal

La política cultural y la ceguera sexenal

Alonso Pérez Fragua

@fraguando | #LaEternaIncomprendida

La comparación con el otro es una actitud saludable cuando tiene el propósito de buscar estrategias para mejorar. En el caso de México y su política cultural, la región de América Latina nos da la oportunidad de encontrar similitudes y diferencias con países con los que compartimos una historia hasta cierto punto común y con condiciones en la actualidad cercanas a las nuestras.

Al menos en papel, el origen e involucrados en la redacción de los planes de cultura de Colombia, Guatemala y México dan una de las primeras diferencias a destacar, así como la razón principal para poner a estas tres naciones bajo la lupa de esta columna. Si bien los tres textos expresan la política pública en el plano cultural de estos países latinoamericanos, el colombiano combina las ideas y reflexiones de 24 mil ciudadanos, recogidas a través de una consulta territorial y sectorial (Ministerio de Cultura, 2001; pp. 10), además de aquellas propias del Consejo Nacional de Cultura y el Ministerio de Cultura; mientras que el Programa nacional de cultura y arte 2014-2018 (PECA) de México, es un documento elaborado al interior de las autoridades del área –el Consejo nacional para la cultura y las artes (Conaculta)- a partir del Plan nacional de desarrollo 2013-2018, “aprobado por Decreto” (2014; pp. 3). ¿Y los ciudadanos ‘apá?

Al igual que la política cultural colombiana considera desde su gestación a los sujetos a los que afecta, es decir a los ciudadanos, el plan guatemalteco tiene un enfoque similar: “Las Políticas Culturales y Deportivas Nacionales, los principios que las fundamentan y los amplios y participativos procesos de consulta llevados a cabo entre el año 1999 y 2004 constituyen el soporte y el sustento del Plan Nacional de Desarrollo Cultural” (Ministerio de Cultura y Deporte, 2005; pp. 48).

Imagen tomada del sitio newsinamerica.com
Imagen tomada del sitio newsinamerica.com

Otra diferencia importante es la visión temporal de los textos guatemalteco y colombiano, en oposición al mexicano. Mientras el colombiano buscaba abarcar una década y superar el periodo presidencial durante el que fue redactado, el mexicano fue publicado más de un año después del inicio de la administración federal en turno y termina junto con ésta. En lo tocante al guatemalteco, desde el título establece que se trata de un plan a largo plazo; asimismo en sus primeras páginas se advierte que el documento “es el producto del esfuerzo de más de siete años y de dos administraciones consecutivas” (ibíd.; pp. 3).

saturno
Saturno [Cronos] devorando a un hijo de Goya. Museo del Prado, España

Como lo señala el investigador de la UAM-Unidad Iztapalapa, Eduardo Nivón Bolán (2014), antes del diseño de un plan o programa de políticas públicas culturales, es necesario ubicar el problema cultural a resolver; en pocas palabras, conocer el contexto. En ese sentido el documento guatemalteco establece un panorama de pobreza generalizada en más del 50 por ciento de la población y casi una cuarta parte en pobreza extrema, además de una herida histórica que apenas comenzó a sanar en 1996 con los Acuerdos de Paz que terminaron varias décadas de guerra civil, ubicando de forma implícita las causas de la problemática general en este hecho. Al identificar esta problemática, el plan pone especial énfasis en el papel de la ciudadanía para lograr sus metas. En ese sentido destacan muchos de los objetivos específicos y estrategias como “Legalizar y reglamentar la participación de la población local en la puesta en valor social del patrimonio, en la toma de decisiones y en la organización de su uso” (op. cit.; 121).

Tráiler de Las marimbas del infierno, película guatemalteca ganadora del Gran Premio Coup de Cœur en los Encuentros de Cines de América Latina de Toulouse, 2011

 

Por su parte, el plan colombiano, en su tercer apartado, “Consideraciones históricas y sociales”, reconoce los varios “procesos y movilizaciones sociales que han transformado, de manera a veces evidente y otras sutil, la sociedad colombiana en las últimas décadas” (ibíd.; 21), además de identificar de forma clara, a lo largo de sus nueve páginas, situaciones que son causa de la compleja realidad colombiana, desde las generadas al interior del país como las que son producto de procesos más globales.A partir de estos construye objetivos y estrategias adecuadas para modificar de forma positiva el panorama descrito, si bien falta, en algunos casos, detallar el tipo de acciones. Por ejemplo, en el objetivo enunciado como “Proteger las formas de creación en ámbitos rurales y urbanos basadas en el uso sostenible de la biodiversidad”, se establece como primera estrategia otorgar “incentivos de inversión a proyectos que construyen alternativas sostenibles desde la interacción entre cultura y medio ambiente”, pero no se enuncia de forma concreta el tipo de esos incentivos –descuentos fiscales, co-inversión estatal, etcétera- (ibíd.; pp. 54).

El desfile del colombiano Fernando Botero.  Foto tomada del blog Bitácora hedonista
El desfile del colombiano Fernando Botero.
Foto tomada del blog Bitácora hedonista

Tráiler de Pequeñas voces, documental animado colombiano sobre niños desplazados

 

En cuanto al PECA mexicano, éste describe en primer lugar un panorama general favorable, con una riqueza patrimonial, lingüística y biológica destacable y reconocida incluso a nivel internacional que construyen a su vez una riqueza cultura con incidencia directa en el PIB, para más tarde reconocer una realidad con un “tejido social vulnerado en muchas regiones por la inseguridad y la marginación; bajos índices de bienestar humano y de creación de empleos bien remunerados; amplia brecha de oportunidades de desarrollo personal […] que hace imperativa una nueva agenda de política cultural” (ibíd.; 6). Asimismo, aunque identifica las causas por las que las acciones culturales no han sido efectivas hasta el momento, no enuncia de forma clara los orígenes de los elementos que vulneran el tejido social y provocan los bajos índices de bienestar y de empleo.

Es importante señalar la identificación en el PECA de una presencia importante de internet en la vida de los mexicanos, la cual es congruente más adelante con los objetivos del programa, particularmente el número 6: “Posibilitar el acceso universal a la cultura aprovechando los recursos de la tecnología digital” (ibíd.;6). No obstante, como puede adelantar el querido lector, primero habría que posibilitar el acceso universal a la tecnología –“banda ancha para todos”, diría Quadri-, y cuando hay otras necesidades, esto pasa a segundo término.

Vórtice, instalación de Marcela Armas hecha con libros de texto de la SEP. Exhibida actualmente en el Museo Amparo de Puebla. Foto tomada del blog de la artista
Vórtice, instalación de Marcela Armas hecha con libros de texto de la SEP. Exhibida actualmente en el Museo Amparo de Puebla. Foto tomada del blog de la artista

En el caso del documento centroamericano y sudamericano, una carencia que se detecta es la falta de una etapa concreta de evaluación del éxito o fracaso de las metas. En el plan colombiano, lo que más se acerca a un proceso de evaluación –mas no a la proposición concreta de indicadores- es la creación de una “instancia de coordinación para la puesta en marcha, seguimiento, ajuste permanente y orientación del Plan” (ibíd.; 72). El PECA, por otro lado, dedica su quinto apartado precisamente a Indicadores, en donde proporciona una descripción de cada uno de estos que liga de forma directa con cada objetivo y estrategia, además de señalar que su evaluación deberá ser anual; asimismo enuncia cuál es el valor inicial de ese indicador y el esperado para 2018, final del periodo del plan.

Mientras que todos los indicadores del PECA mexicano se expresan en “porcentaje” o “variación porcentual”, el plan guatemalteco habla de indicadores de forma demasiado general y abstracta. Por ejemplo, del resultado esperado enunciado de esta forma “Se han generado agendas comunes entre gobierno y sociedad”, el indicador de avance se expresa así: “Los Consejos de Desarrollo departamental y las municipalidades de las cabeceras departamentales, en conjunto con actores representativos de la sociedad civil, establecen agendas comunes” (ibíd.; pp. 182).

A pesar de que los documentos colombiano y guatemalteco ponen énfasis en la participación del ciudadano desde su gestación y buscan otorgarle un papel preponderante en el desarrollo del mismo, como se ha señalado, carecen de indicadores concretos para su evaluación y no menciona criterios de inversión para cada una de sus objetivos y/o estrategias, asunto bien establecido en el PECA mexicano.

Sin embargo, ¿de qué sirve contar con indicadores precisos y, en general, un documento bien redactado si en primera instancia se olvida lo más importante al hablar de cultura, es decir, los individuos que la construyen y viven? Como muchos otros casos en la vida mexicana, en el papel todo puede ser perfecto, pero al toparnos con la realidad, el golpe es duro. El primer paso como gestores y ciudadanos es conocer este tipo de planes y programas para, desde ahí, buscar las formas de proponer mejoras y supervisar su ejecución.

Referencias bibliográficas

Nivón Bolán, E. (2014) Tema 3. Elaboración de planes y proyectos de políticas públicas. Documento del Posgrado Virtual en Políticas Culturales y Gestión Cultural. México: UAM-Unidad Iztapalapa.

Ministerio de Cultura y Deporte de Guatemala (2005). La Cultura, Motor del Desarrollo. Plan Nacional de Desarrollo Cultural a Largo Plazo. Guatemala.

Ministerio de Cultura de Colombia (2001). Plan nacional de cultura 2001-2010. Hacia una ciudadanía democrática cultural. Un plan colectivo desde y para un país plural.Colombia.

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México, CONACULTA (2014). Programa especial de cultura y arte 2014-2018. Publicado el 28 de abril de 2014 en el Diario Oficial de la Federación. México.

Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando

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