¿Hay que estudiar para ser periodista?

¿Hay que estudiar para ser periodista?

Susana Sánchez Sánchez

Alguna vez, mientras estudiaba la carrera de Comunicación, uno de mis profesores nos dijo a sus alumnos que si nuestra idea era ser reporteros que ya ni nos quemáramos las pestañas, porque serían cuatro años desperdiciados. Para ser reportero hay que cursar un curso de redacción, de locución, de manejo de cámaras o aventarse así nomás a un medio. Bastaba un año para adaptarse al trabajo, ¡ah! y tener espíritu de aventurero.

Las palabras del profesor las tomé como un desafío para los alumnos. Ya saben, para que le echáramos ganas a la universidad y nos la tomásemos en serio. ¡Oh, sorpresa!, el profesor no bromeaba. La adquisición de conocimiento sobre la práctica periodística, por lo menos en México, no requiere de cuatro años de enclaustramiento en la universidad. Y no porque estudiar Comunicación o Periodismo no sirva para nada, sino porque en la historia de la práctica periodística los títulos universitarios no tienen ningún valor, sobre todo a la hora de la paga. Visto de ese modo, a las empresas periodísticas les conviene que el periodismo siga siendo considerado popularmente un oficio, porque si les tuviesen que pagar a sus empleados como profesionistas, el desembolso por salarios sería alto.

El capital institucional universitario en el periodismo poblano (un certificado o un título académico), no es prioritario para estar dentro, aunque un reportero pueda tenerlo.

Además, dentro del mismo gremio periodístico hay un cobijo del conocimiento adquirido a través de la práctica, o sea en el andar diario y no de lo que se pueda aprender en las aulas universitarias. Incluso hay un cierto dejo de desdén por ese conocimiento acreditado por una institución educativa. Desde la praxis periodística todo lo que huela a escuela, universidad o cursos es cuestionable, o autojustificable en una práctica que insiste a estar a ras de un oficio.

Por ejemplo, la formación académica no es requisito en la práctica periodística en Puebla, aunque hay una exaltación del conocimiento práctico que justifica la no posesión de un certificado universitario (a veces ni siquiera de preparatoria). Los truncos (término que utilizo para refirme a aquellos que no culminaron su estudios universitarios o que sólo culminaron la preparatoria), son  los herederos del ejercicio periodístico. El capital institucional universitario en el periodismo poblano (un certificado o un título académico), no es prioritario para estar dentro, aunque un reportero pueda tenerlo.

Si bien la universidad puede formar sujetos multicompetencias, entiéndase la habilidad de usar diversos software enfocados a la edición de textos, audios, vídeos o manejo de bases de datos, esas competencias apenas están adquiriendo un valor simbólico dentro del oficio reporteril tradicional.

La descapitalizada formación universitaria dentro del periodismo poblano se ha ido haciendo cada vez más precaria, en tanto que el reportero o fotoreportero es más vulnerable ante las condiciones de inversión de tiempo en un oficio-profesión que requiere que el reportero o editor esté trabajando alrededor de dieciséis horas al día, a veces sin las prestaciones salariales mínimas y sin posibilidades reales de actualizarse en eso que han llamado su “vocación”: el periodismo.

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