"El teatro es una batalla constante"
Para Amancio Orta, a diferencia de lo que se hacía en décadas pasadas, ahora hay diversidad y variedad de grupos que proponen temas y trabajos cada vez más amplios
Por Josué Cantorán @josuedcv
22 de octubre, 2014
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Tomada de chulavista.mx/

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Josué Cantorán

@josuedcv

El público teatral es casi inexistente en Puebla. Los teatristas independientes deben hacerse de estrategias para salvar sus funciones y seguir produciendo y haciendo lo que les gusta: pararse sobre el escenario. Desde rentar sus pequeños foros para actividades escolares hasta salir a buscar el público a la calle.

En poco ayudan las políticas públicas implementadas desde las instituciones estatal y municipal, quienes, a decir de los propios teatreros autónomos, sólo buscan llenar requisitos, justificar recursos, y acostumbran a los públicos, con sus eventos grandilocuentes pero poco reflexionados, a que no vale la pena pagar por una entrada.

En ese horizonte de fatalismo, hay una compañía donde las cosas han resultado de otra manera, la del Complejo Cultural Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), institución de la que ésta depende.

Ahí se hace desde teatro contemporáneo hasta propuestas más comerciales dedicadas a fechas especiales como el día del niño o el 15 de septiembre.

Tan sólo en este año la compañía ha montado Murmullos, una adaptación de Mauricio Jiménez de la novela Pedro Páramo, de Rulfo; El bosque se está incendiando, escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, y Nunca hables con extraños, de Ira Levin, bajo la dirección de Amancio Orta, quien es además el director de la compañía.

Además de esas obras, las que se consideran los montajes centrales de la compañía, también se realizan obras más ligeras que se ofrecen sin costo en los andadores del complejo o se dedican exclusivamente para fechas especiales.

Tal es el caso de Érase una vez, un montaje con canciones de las películas de Disney que se presentó el 30 de abril; o Esto es México, un espectáculo que contó con los artistas de las cinco compañías del complejo (la orquesta, las de danza folklórica y contemporánea y el coro y la de teatro) y tuvo cuatro funciones de lleno total.

La compañía del CCU, que ofrece una cierta estabilidad laboral a un grupo de actores profesionales en Puebla, dista del panorama general del teatro local, pero por lo mismo les otorga la responsabilidad de elevar permanentemente la calidad de su trabajo, al menos en la teoría.

[quote_box_right]Para el director, el trabajo que se realiza actualmente en el teatro poblano se diferencia del que se hacía en décadas pasadas por su diversidad y por la variedad de grupos que proponen temas y trabajos cada vez más amplios.[/quote_box_right]

–Tenemos bastantes representaciones y trabajo –dice Amancio Orta, director de la compañia, en entrevista con Lado B– Es un compromiso muy grande y un compromiso que se está cumpliendo. Después de todo, los actores, afortunadamente para mí y para ellos, reciben un sueldo mensual que nos impusla y nos da el trabajo de hacer teatro. Tenemos un compromiso muy grande porque están en un momento en el que tienen que estar dando todo. Están aquí ocho horas diarias, a veces ves más a estas personas que a tu propia familia, estás de lunes a viernes y posteriormente también tenemos funciones sábados y domingos. Ellos saben que tienen que venir si hay funciones. Sí es cierto que les están pagando, que tienen un sueldo, pero también lo están devengando de una forma consciente y fuerte porque trabajan bastante. Es cierto que no tenemos que preocuparnos de dónde nos presentamos porque tenemos un teatro, no a nuestra disposición porque se hace una calendarización desde noviembre para el siguiente año. (…) Sí es cierto que hay un compromiso, que hay un trabajo, que hay un sueldo, pero también es cierto que te puedo corroborar que es la compañía que más trabaja, porque trabajamos muchísimo tiempo todos los días de la semana.

Amancio Orta, un actor y director con 37 años de experiencia en la escena del teatro local, conoce de primera mano los dos escenarios: aquél en el que hay que hacerla de todo, desde gestionar los espacios para presentarse hasta pegar los carteles de sus obras por todos lados, y ahora en su faceta como director de la compañía del CCU, la que le brinda mayor estabilidad pero nuevos compromisos y una exigencia diferente con su trabajo.

–Es cierto que ahorita no me preocupo mucho de dónde va a salir el dinero de la próxima producción –continúa–, más bien hay otro tipo de preocupaciones. Pero también en estos 37 años yo te puedo decir que tengo más de 170 obras de teatro hechas, no me estuve ahí esperando a ver qué llegaba, si había un presupuesto, si tenía una beca o no. Siempre tuve producciones de dinero de más o menos una fuerte cantidad al menos para mí y obras en las que le invertía yo 5 mil pesos o 2 mil y de todos modos salían. Esos 37 años que yo he trabajado han sido constantes, no ha sido ni siquiera de que hago una obra al año, todo mi trabajo siempre ha consistido de hacer por lo menos unos ocho trabajos al año diferentes y algunas de temporadas largas. He tenido algunas temporadas de más de 100 representaciones, hasta de 300 con El beso de la mujer araña.

Pero aunque la compañía del Complejo ha tenido temporadas con auditorios llenos y ha logrado consolidarse poco a poco como una de las que tienen trabajo más continuo, la cuestión de encontrar y convencer al público también les ha tocado.

–Es muy difícil –reconoce–. Puebla es una ciudad que está más acostumbrada a ir al cine que al teatro, el teatro es muy escasa la audiencia. Desde niño estás acostumbrado a ir al cine porque tus papás te llevan al cine, porque tú te vas de pinta al cine, porque un domingo en la tarde no tienes nada qué hacer y vas al cine, nunca se nos ocurre ir al teatro, irse de pinta al teatro. Entonces hay que ir acarreando a la gente muy muy poco a poco (…) El público es muy difícil pero una vez que lo conquistas o que el público te conoce ya es un público cautivo que puedes tener, el caso es no soltarlo, yo como teatro independiente afortunadamente tengo gente que me conoce y gente que busca mi trabajo, pero también si dejas de hacerlo la gente se olvida de ti, es muy ingrata, si no hiciste una temporada piensas que ya no existes y para volverlos a atrapar es muy diferente.

En la compañía, por ejemplo, pese a que cuenta con toda la estructura de la publicidad de la universidad, como su estación de radio o un sistema de anuncian espectaculares donde se promocionan todos los eventos del CCU –no sólo los de la compañía de teatro–, la búsqueda de públicos, dice Amancio, “es una batalla constante”.

Para el director, el trabajo que se realiza actualmente en el teatro poblano se diferencia del que se hacía en décadas pasadas por su diversidad y por la variedad de grupos que proponen temas y trabajos cada vez más amplios.

–Hay mucha más actividad –considera–, claro que la hay, es obvio, hay dos universidades profesionales de teatro en Puebla donde están sacando actores constantemente y obviamente tienen que trabajar. Muchos emigran y los que se quedan tienen que estar buscando. Hay muchísimos grupos, cuando yo empezaba eran cuatro o cinco grupos de teatro, ahora hay más de 40 que tú los ves cuando abren la muestra estatal. Pero ya no es como antes, antes salían grupos y desaparecían al siguiente año, sólo seguían trabajando los mismos grupos que siembre había. Actualmente no, a esos 40 los ves en temporadas constantes haciendo diferentes tipos de teatro para toda la gente. Hay teatro para todos, desde teatro infantil a teatro cabaret y la gente sabrá qué es lo que es le gusta o no.

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Josué Cantorán