Cantando al dinero: Educación y violencia

Cantando al dinero: Educación y violencia [1]

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“Cantemos al dinero
con el espíritu de la navidad cristiana.
No hay nada más limpio que el dinero,
ni más generoso, ni más fuerte.
El dinero abre todas las puertas;
es la llave de la vida jocunda,
la vara del milagro,
el instrumento de la resurrección.
Te da lo necesario y lo innecesario
el pan y la alegría.
Si tu mujer está enferma puedes curarla,
si es una bestia puedes pagar para que la maten.
El dinero te lava las manos
de la injusticia y el crimen,
te aparta del trabajo,
te absuelve de vivir.
Puedes ser como eres con el dinero en la bolsa,
el dinero es la libertad.
Si quieres una mujer y otra y otra, cómpralas,
si quieres una isla, cómprala,
si quieres una multitud, cómprala.
(Es el verbo más limpio de la lengua: comprar.)
Yo tengo dinero quiere decir me tengo.
Soy mío y soy tuyo
en este maravilloso mundo sin resistencias.
Dar dinero es dar amor.

¡Aleluya, creyentes,
uníos en la adoración del calumniado becerro de oro
y que las hermosas ubres de su madre nos amamanten!”

Jaime Sabines. Cantemos al dinero.

Cantando al dinero llegamos a este momento de crisis profunda y generalizada en el país. Cantando al dinero porque según nos dicen la televisión y todos los medios, el dinero abre todas las puertas y como dice el poeta, es “la llave de la vida jocunda, la vara del milagro, el instrumento de la resurrección”.

Cantando al dinero la sociedad mexicana empezó su declive hace ya varias décadas y continúa en picada en un proceso de decadencia que parece no tener fin ni tocar fondo. Cantando al dinero porque “…te da lo necesario y lo innecesario, el pan y la alegría…porque te aparta del trabajo, te absuelve de vivir…”

Cantando al dinero llegamos a esta aberración de la cultura en la que en algún momento la vida perdió su dignidad y se volvió una mercancía más que tiene precio. Cantando al dinero porque con dinero puedes curar a tu mujer si está enferma o “…si es una bestia puedes pagar para que la maten…” al igual que a tu marido y a su amante con quien te engaña, o a la mujer a la que dejaste embarazada si no quieres asumir el compromiso, o también a tu adversario político porque ¿Para qué malgastar argumentos y debates si puedes deshacerte de él usando tu dinero?

Cantando al dinero llegamos a esta situación en la que la honra y la decencia cuentan menos que la cuenta bancaria, el auto y la casa que posees. Porque el dinero “…te lava las manos de la injusticia y el crimen…” y no importa el nivel de tus fraudes, estafas o violaciones a la ley, si tienes dinero serás absuelto. Por eso con dinero en la bolsa, “…puedes ser como eres…” porque hoy por hoy, “…el dinero es la libertad…” El dinero os hará libres es el nuevo lema de nuestra sociedad mexicana del siglo XXI.

Cantando al dinero convertimos a nuestro país en un cementerio lleno de fosas con cadáveres de desconocidos que sin embargo tuvieron un nombre, una historia, una familia y unas expectativas de vida. Cantando al dinero transformamos a la “Suave patria” de López Velarde en la tierra de nadie de los Abarca, los Aguirre, los guerreros unidos, la tuta, los Caballeros templarios, los zetas y una interminable lista de personas y grupos criminales o cómplices activos y pasivos de los criminales.

Como hemos dicho aquí, la educación produce a la sociedad que la produce. La sociedad genera el tipo de educación que la genera. 

Porque convertimos el sentido de la vida humana en un interminable canto al dinero, pensando que con dinero se puede comprar todo: desde muchas casas, autos y mujeres hasta la impunidad, el liderazgo social y la felicidad. Porque cantando al dinero llegamos al momento en que pensamos que tener dinero es tener dignidad, es tenernos a nosotros mismos.

Esta es una de las causas esenciales del mundo de violencia que hoy vivimos: el dinero lo es todo, lo compra todo, lo puede todo y por ello hay que adquirirlo a cualquier precio, incluso a costa de robar, engañar, extorsionar, lesionar, torturar o matar.

Como hemos dicho aquí, la educación produce a la sociedad que la produce. La sociedad genera el tipo de educación que la genera. De tal modo que esta cultura de canto al dinero llegó pronto a permear los procesos educativos y a presionar hacia la transformación –o deformación economicista- de las escuelas y universidades.

Esta presión social que ha convertido a la educación en una mercancía más, sujeta a la oferta y la demanda, ha ido degenerando también la cultura escolar haciéndola girar en torno al mensaje de que “el fin justifica los medios” y si el fin es la obtención ilimitada de dinero, se puede hacer todo para obtenerlo sin importar que se pase por encima de los derechos de los demás.

De esta manera se ha ido produciendo un fenómeno en el que cada vez se presentan más casos en la escuela de robos entre estudiantes –objetos personales, celulares- y de acoso y violencia escolar que muchas veces tiene que ver con “venta de protección” u obtención de beneficios económicos de aquéllos compañeros a quienes se vuelve víctimas.

La cultura del “todo se vale”, el menosprecio por la dignidad de la persona y la visión centrada en la obtención de dinero para ganar poder y de poder para ganar dinero se ha ido desafortunadamente volviendo también parte de la vida cotidiana de las escuelas.

¿Cómo revertir desde la educación esta visión de la vida como canto al dinero? ¿Cómo promover otra forma de ver el mundo y de buscar el sentido profundo de la existencia?

Se trata de un reto enorme que tiene que ver con educar para desterrar la mentira que genera corrupción e impunidad, puesto que este ciclo vicioso es el que hace operativo el canto al dinero en la vida política, empresarial y social.

“Una sociedad donde mentir es fácil (por la altísima impunidad) alienta la corrupción. La única forma de hacer que alguien no sea corrupto es que no quiera serlo. De ahí la importancia de recuperar la ética en la educación y practicarla en todo ámbito” dice Eduardo Caccia en su artículo de Reforma del domingo pasado.

Desterrar la mentira y la corrupción, generar un tipo de convivencia escolar sano, basado en el respeto a la dignidad de todos y generador de valores de colaboración, solidaridad, tolerancia, capacidad de construcción en común y búsqueda de un nuevo sentido comunitario para la existencia es el desafío que tiene la escuela para contribuir a un cambio de cultura en la que dejemos de cantar al dinero y seamos capaces de componer e interpretar juntos un nuevo canto a lo humano de los seres humanos.

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[1]Ya habíamos usado este poema en el contexto de la docencia catalizadora del sistema. Ahora lo retomamos para hablar de la violencia social en la que estamos sumidos en México.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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