Cerati es un cliché, pero todos tenemos nuestros soundtracks

Cerati es un cliché, pero todos tenemos nuestros soundtracks

  • También la «música ligera» lleva historias de desamores, inundaciones devastadoras y viejas anécdotas de alcohol y excesos.

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Luis Roberto Castrillón

@LRCastrillón

Hoy Cerati es un cliché.

Como casi todo en social media termina siendo: tendencia, moda, cliché. Cada muerte de una celebridad tiene un impacto distinto porque ahora tenemos la percepción de que nuestra opinión tendrá un valor al ser leída o escuchada.

Cuando Soda Stereo cantaba sobre el bajón después de drogarse -«… cuando pase el temblor»- lo único que teníamos como alternativa era hablar del tema un par de horas con algún conocido o amigo, quizá alguna pequeña mención de sobremesa en la que el padre o madre decían: ¿Qué es eso de Soda Stereo, quién es Cerati? Hoy en alguna sobremesa un hijo adolescente habrá preguntado ¿quién es ese Cerati? ¿por qué se murió?

Dentro del cliché que se hace eco y reproduce entre miles de voces generando una tendencia temática en Twitter o ilustrando con las imágenes del hoy desconectado Gustavo Cerati incontables muros de Facebook, sobran tanto elogios, llantos desmedidos en su honor, como rechazo y señalamientos con intenciones de provocar. De todo hay tras la persiana americana que se levanta con su muerte.

Pero es Cerati y por más que se le denueste o se le festeje en exceso, tampoco se le puede negar la mención, porque seguramente también para muchos de quienes lean, forma parte, en solo o con Soda Stereo, de una parte del soundtrack de la vida.

Mi experiencia con Cerati no es Cerati. Dejé de seguir a Soda Stereo a mediados de los 90; tuve un revival menor por escucharlos cuando supe que la banda se jubilaba y armarían la gira del adiós. La pseudodespedida-fallida de soltero de uno de mis hermanos impidió que asistiera al concierto en el Palacio de los Deportes, en el DF, y tuviera oportunidad de escuchar en vivo la frase que más define el cliché tras Cerati-SodaStereo-Cerati: «Gracias… totales».

Hace siete años, Úrsula, mi former wife –prefiero el sonido de esas palabras al prefijo ex-, me sorprendió cuando ya había encargado a un amigo, Alejandro Luna y a su esposa, Amaya Marichal (qepd) los boletos para el concierto de la gira «Me verás volver» en el Foro Sol. En esos días mis emociones estaban más centradas en ir con ese mismo amigo y con ellas a escuchar a Ronnie James Dio, the Voice of Metal, acompañando a Black Sabbath. Si no hubiera tenido el dinero para ambas cosas ese año, probablemente el divorcio se habría adelantado y yo hubiera ido a ver a Sabbath solamente.

Ese mismo año, una de las peores lluvias que ha afectado el sureste de México arrasó con la capital de Tabasco. La población de la ciudad de Villahermosa vio viviendas de dos pisos completamente bajo el agua. Los ríos y el sistema lagunar le cobraron al ex gobernador Roberto Madrazo Pintado, con cargo a los ciudadanos, la mala planeación en el desarrollo inmobiliario de la ciudad y los millones de pesos defraudados en obras de un sistema de contención hídrico que nunca funcionó.

La lluvia arrasó con los bienes de miles de familias, más de un cuarto de millón, entre esas los de José Luis Montelongo, con quien comparto andanzas y anécdotas varias desde hace más de 30 años. Su boleto se quedó en mis manos, mientras él trataba de afianzar lo poco que le quedaba y levantar a su familia luego de que «el ojo de la tormenta» se alejara de Tabasco. Se nos quedó pendiente, ahora nunca llegará el día, de cantar juntos «en la ciudad de la furia», como aquel día me tocó junto a otras 50 mil voces que llenaron el Foro Sol, en lo que dejó de ser «un día común en la superficie».

Alejandro sí estuvo ahí, Amaya y mi former wife también. Con Alejandro había ya una historia de conciertos recorrida, más una incalculable cantidad de litros de cerveza, ron de ínfima calidad, vodka y un buen porcentaje del humo del tabaco que según los fumadores pasivos extremos también está afectando la atmósfera del planeta.

Al día siguiente, aun cuando todas las bebidas y fumables habían sido de carácter legal en esa noche andaluza, lo único que venía a mi mente era caminar entre las piedras y sentir el temblor en mis piernas.

Alejandro forma parte de una panda de amigos nacidos o conocidos en Coatzacoalcos, Veracruz. Nuestra adolescencia coincidió con la estrategia mercadológica de la segunda invasión española y argentina al escenario musical mexicano, que discos BMG llamó «Rock en tu idioma», en un intento de recrear la «Movida Española». Soda Stereo, los Hombres G, GIT, Charly García, Los Enanitos Verdes, de pronto Los Ángeles del Infierno o Barón Rojo, y de pasada Rostros Ocultos y Caifanes, entre otros, formaban parte de la música que nos acompañó durante los últimos años de la década de los 80 y principio de los 90.

En 2002, durante una breve estancia de estudios en el sur de España, Cristian Aliaga, poeta de origen argentino me aventó la sentencia, mientras escanciábamos la primera de tres botellas del riojano Marqués de Cáceres: «¿Soda Stereo?… pero, Luis, ¿a ti te gusta Maná?» Mi negativa fue inmediata, acompañada de un mexicanísimo: «no mames, cabrón». Bueno, respondió él, «pues Soda Stereo sería el equivalente de Maná, pero de Argentina». Después el resto de la noche el sonido ambiente se llenó de la voz de Solari con Patricio Rey y los Redondos.

Al día siguiente, aun cuando todas las bebidas y fumables habían sido de carácter legal en esa noche andaluza, lo único que venía a mi mente era caminar entre las piedras y sentir el temblor en mis piernas.

De tal forma que Cerati y Soda Stereo pueden pasar como el insufrible Maná en versión argentina, aunque creo personalmente que la analogía de Aliaga fue desmedida. También puede ser para otros una de las mejores bandas de rock en español o la versión tardía de The Cure -lo que más bien le queda a la primera corriente de los Caifanes de Saúl Hernández y Sabo Romo. Puede ser cosa menor o cosa mayor.

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Este día alguien también habrá soltado una lágrima, otro corrió a poner el dueto de Cerati con Andrea Echeverri, el disco de la gira del adiós o el me verás volver, su disco favorito de Soda o de Cerati en solitario.

Personalmente me tocó guardar silencio un rato y recordar a mis amigos. Pensé en un texto posteado recientemente en el muro de Leonardo Tarifeño sobre el alto valor que tienen las experiencias de vida, en comparación con los bienes materiales y entonces recordé inundaciones, anécdotas con olor a cerveza, vino o licor barato; vuelos en avión, road trips, corrientes musicales, adolescentes buscándole sentido al día que vivían y al siguiente que llegaría… y algunas historias de amores y desamores.

Vamos, que finalmente, para bien o mal, toda canción es parte de un soundtrack.

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