¿Y a poco todavía hacen viniles?

¿Y a poco todavía hacen viniles?

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Mural: Mike Sandoval. Tomada del tumblr de Discofrenia.
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Discofrenia es un proyecto mucho más de amor que de dinero, concebido por Arturo Uriza y Ricardo Guzmán, a.k.a. el Nix, para satisfacer lo que consideran la parte más pura del consumo musical: la colección de vinilos. Ni siquiera específicamente de vinilos, sino de la música tangible, en discos, en un objeto.

La idea seguramente surgió porque ambos coleccionaban vinilos y vieron en sí mismos al público meta del pequeño local que abrió sus puertas el 29 de agosto del 2013, cerca del zócalo (6 oriente 4B) de San Andrés Cholula, Puebla, sin decirle a muchas personas.

Al principio sólo sabían sus papás y luego algunos amigos que les ayudaron a montar el lugar, desde hacer el logotipo hasta pintar las paredes.

Arturo, quien además es locutor del programa de radio Wild Brunch, que se transmite por Radio BUAP, y escribe de música, dice que la difusión y aceptación de Discofrenia ha sido progresiva, quizás porque en general a la gente le cuesta entender por qué el vinilo, por qué ese formato.

Muchos llegan primero a preguntarles que qué venden. Segundo, “¿a poco todavía los hacen”?, y después que si es “pura música viejita”.

“El 80 por ciento de la música que se grabó análogamente, el 80 por ciento, o sea, imagínate la cantidad, no existe en digital, no está en cds y no está en internet”, dice Arturo, y acepta que a estas alturas ya nos perdimos una cantidad inmensa porque muchos discos ya no existen y jamás vamos a saber de qué se trataban.

Arturo siempre les dice en broma a sus amigos que no confía en alguien que no coleccione algo. Y repite que hay cierto fetichismo, una parte obsesiva del objeto, del disco que contiene la música, que está ligado a cierta magia de encontrar y descubrir nuevos grupos, nuevas canciones.

Con ya un año de experiencia, desde que un cliente entra Arturo y Nix ya saben si va a comprar o no. “Se les ve en la cara”. Hay unos que sólo dan una vuelta, van a la sección de libros, preguntan cuánto cuesta alguno de los muñecos, se quedan dos o tres minutos y se van. Luego están también los clientes específicos, que preguntan por algo que vieron en la página de Discofrenia en Facebook, pagan y se van, o los que encargan un disco y sólo llegan a recogerlo. Con ese tipo de clientes, dice Arturo, se convierten casi casi en dealers de música. 

El proceso de comprar un disco tiene una magia que es “fácil de explicar pero difícil de entender”, y que no tiene que ver tampoco con el hecho de menospreciar la música digital. Muchos dicen que si descargas canciones de internet le estás robando al artista que deja de ganar con la venta de su música, pero si tu músico favorito es Frank Zappa y bajas toda su discografía, “no le estás robando nada”. El tener la música en formatos físicos, análogos, es, dice Arturo, como un compromiso también, de ir poco a poco entendiendo la carrera de un artista, ir álbum por álbum, y no tener 10 discos de golpe que muchas veces ni se escuchan con atención.

Hay una discusión entre los coleccionistas old school, los vendedores de vinilos y un poco menos en los consumidores: los más puristas dicen que las reediciones o nuevos no son 100 por ciento análogos, pero hay otros que defienden el intento y el proceso de volver a hacer un disco ahora en vinilo. Hay algunas productoras que rescatan cintas análogas y las imprimen de la manera tradicional, y músicos que lo hacen todo en su proceso original, como Jack White. Pero más allá de eso, en general este formato tiene algo distinto, suena mejor, “suena como tiene que sonar”, dice Arturo.

–¿Cómo deciden qué música llevar a Discofrenia?

–Era como pensar en que si uno llegaría a una tienda y te gustaría encontrar, ¿qué?

Un poco en eso se basan, pensando también en que si tuvieran que cerrar la tienda hoy, les gustaría quedarse con todo lo que hay ahí, y que no se les quede la música estancada. Más que pedir un catálogo mecánicamente, es, como describe Arturo, cuestión de una curaduría musical.

Aún así, Discofrenia no es solamente rock clásico o música más underground: lo que más venden es funk y soul, después punk y garage, música electrónica, rap, hip hop, metal y hasta una que otra complicación en la parte de discos usados de cumbia peruana y cosas más tropicales. 

Pese a que coleccionar vinilos es caro, la tienda no sólo ha sobrevivido sino que ha comenzado a caminar sola. No es lo mismo pagar 20 dólares –alrededor de 230 pesos– por un disco en Estados Unidos, viviendo allá y ganando en dólares, que pagar la misma cantidad más el impuesto aduanal, el envío y todavía ganar algo para la renta del local. Y es que en México casi no hay quienes se dediquen a producir vinilos, por lo que alrededor de 98 por ciento de todo lo que tienen en Discofrenia es importado.

Discos_DiscofreniaCon ya un año de experiencia, desde que un cliente entra Arturo y Nix ya saben si va a comprar o no. “Se les ve en la cara”. Hay unos que sólo dan una vuelta, van a la sección de libros, preguntan cuánto cuesta alguno de los muñecos, se quedan dos o tres minutos y se van. Luego están también los clientes específicos, que preguntan por algo que vieron en la página de Discofrenia en Facebook –en la que actualizan diariamente lo que les llega y lo que tienen disponible–, pagan y se van, o los que encargan un disco y sólo llegan a recogerlo. Con ese tipo de clientes, dice Arturo, se convierten casi casi en dealers de música. Pero hay otros, los menos, que se quedan a platicar un poco, se llevan más de una cosa, conversan, intercambian ideas. Es algo que también se ha perdido, eso de llegar a un lugar donde la persona a cargo se supone que es experto o conocedor del tema y pedirle recomendaciones, preguntarle.

El dueño de Discofrenia recuerda que cuando estaba más chico iba a la tienda de discos, veía su presupuesto y más o menos se aceraba a las secciones de los géneros que le gustaban, iba viendo los discos, las portadas, eligiendo con calma y mucho al tanteo. Con los vinilos es un ritual todavía más especial, es sacarlo con cuidado de la caja, poner el plástico bajo la aguja y escucharlo una y otra vez.

Por supuesto que quien compra un vinil es porque tiene una tornamesa y eso tampoco es cualquier cosa, es como tener un carro antiguo que implica inversión, cuidados y refacciones que a veces ya no existen, pero que da un resultado muy distinto a simplemente escuchar una canción en youtube.

Ahora, a un año de hacerse de un nombre y de que Discofrenia se siga manteniendo, de conocer buenos amigos y de estar en buenas fiestas, Arturo y Nix festejarán el primer aniversario de su proyecto con una fiesta el 30 de agosto en el Acopio Bravo (5 Oriente 612), en el centro histórico de la ciudad de Puebla, donde tocará el japonés Goth Trad, el estadounidense Joe Nice; Ruido, de Atlixco, y la crew local de Underbass, entre los que está el propio Nix, conocido como Dubatonik.

Se trata de una fiesta un poco experimental, donde los músicos tocarán con vinilos, algo divertido con una propuesta diferente a lo que todavía se está haciendo muy poco en Puebla. 

Periodista en constante formación, interesada en cobertura de Derechos Humanos y movimientos sociales. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014

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