Las mujeres que faltan en Puebla

Las mujeres que faltan en Puebla

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Oficialmente, de agosto a diciembre de 2013, en cuatro meses, desaparecieron 87 personas en Puebla. De enero a marzo de 2014, en tres meses, desaparecieron 90 personas. Y para junio la cifra subió a 208.

Si bien Puebla no figura entre los estados donde las desapariciones son tema de referencia, y por lo tanto no ha alcanzado impacto nacional -ni siquiera existen agrupaciones locales de familiares en la búsqueda de personas desaparecidas-, las cifras obtenidas a través de varias solicitudes de información hechas a la Procuraduría General de Justicia del estado (PGJ) demuestran que, aunque poco visible, es un fenómeno que está aumentando en la entidad. Y la mayoría de las personas que falta es mujer.

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Para entrar a la casa de Crescencia hay un camino de tierra y al final, a un lado de la cerca que anuncia la entrada al jardín, hay un árbol alto con flores amarillas que cuelgan. Parecen campanas o lágrimas escurridas, como si las flores que alguna vez se alzaron hacia el cielo ahora lucharan por regresar a la tierra, tocar el suelo.  Alrededor todo es verde, por arriba y por abajo. Todo lleno de flores y de vida que se ve y que suena: los pájaros, el zumbido constante de insectos, los guajolotes y los ocasionales perros que ladran. Pero dentro de la casa de un piso y apenas tres habitaciones, con el baño afuera, en el patio, parece que el tiempo está detenido desde el día que Crescencia salió por última vez. Hay una quietud extraña en la sala/comedor que a la vez sirve de cuarto de los papás, cuya cama está a un lado de dos sillones y una mesa. Pero no es una quietud derrotada, sino de espera, de una espera interminable  y digna.

El 26 de febrero la muchacha de 20 años salió de su casa sin decir a dónde iba ni con quien. Estaba con su papá cuando recibió una llamada a su celular y fue al jardín a contestarla. “¿Quién era? Me dijo que un amigo. No su novio”, recuerda el papá y dice que Claris, como le dicen de cariño, estaba sonriente.

Las edades críticas en las que las muchachas desaparecen en el estado de Puebla son de los 13 a los 18 años, y después en menor porcentaje de los 22 a los 23.

La joven era instructora de preescolar del Conafe de Hueyapan, en la Sierra Norte de Puebla. “Ella daba servicio aquí en la escuela del centro, daba servicio de educación inicial, tenía poco tiempo, en noviembre, era los fines de semana nada más, los sábados. Le dijo a su mamá que estaba pensando en ir a trabajar a México, había una señora que es diseñadora, que había venido aquí a la casa, nos vino a invitar, también que tenemos tiempo que queríamos aprender todo eso”, platica su papá sentado sobre la cama donde él y su esposa duermen. En la pared hay un póster de la película Titanic y el piso es de cemento.

Un día antes de la desaparición, el martes 25 de febrero, fueron a vender plantas a Teziutlán, que junto con Tlatlauquitepec son los municipios más cercanos a la comunidad. Llegaron tarde, como a las 9 de la noche, cenaron y se durmieron. Su mamá salió el miércoles 26 temprano, a las 9 de la mañana, a recibir el programa Oportunidades pero Crescencia se quedó, estaba haciendo las tortillas y todavía no acababa. “Desayunó con su mamá y en eso su mamá se fue, igual yo me fui a regar las plantas que tenemos y al poco rato, yo le calculé la hora en que terminaba su tortillado”, cuenta el señor con buen ánimo pues, aunque hace meses no sabe de su hija, siempre parece a punto de sonreír. “Cuando todavía no terminábamos (de desayunar) en eso que suena su celular y ya ella no contestó en la cocinita que tenemos, salió fuera a contestar y ya cuando terminó de hablar, regresó sonriente, y sólo le pregunté ¿quién era, tu novio?, ya sabemos que le marca a cada rato y es su novio, dice no, no, era un amigo, me invitó a salir. Y sólo fue eso, me invitó a salir”.

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Del 1 de enero al 26 de marzo de 2014, de acuerdo con la solicitud de información con folio 00073314 realizada a la PGJ, habían desaparecido en la entidad 116 personas, de las cuales 65 mujeres seguían sin ser localizadas. La solicitud de información 00208314 hecha a la misma dependencia el 10 de junio reporta a 351 personas desaparecidas, de las que 143 ya habían sido encontradas en la fecha del documento.

Del total, 215 son mujeres y de ellas todavía 112 seguían extraviadas o no localizadas. Las edades críticas en las que las muchachas desaparecen en el estado de Puebla son de los 13 a los 18 años, y después en menor porcentaje de los 22 a los 23. Las adolescentes de 16 años representan 17% del total de las mujeres que faltan en Puebla, seguidas de las de 15 años que son 16.1% y después las de 14, con 13.4%.

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Los valores de la columna (izq) son las edades de las mujeres desaparecidas. Los valores de la fila (abajo) representan el porcentaje respecto del total de mujeres desaparecidas en Puebla.
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Los valores de la columna (izq) representa el porcentaje respecto del total de mujeres desaparecidas en Puebla. Los valores de la fila (abajo) representan las edades de las mujeres desaparecidas.

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En 2010 el país se unía para marchar y manifestarse en contra de la violencia que reventó a nivel nacional. Familiares de personas asesinadas, criminalizadas y desaparecidas se unieron en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) convocado por el poeta Javier Sicilia, luego del asesinato de su hijo Juan Francisco. El movimiento recorrió el país y Estados Unidos en tres caravanas, de las cuales la segunda pasó por Puebla. Y mientras nacían agrupaciones de búsqueda de desaparecidos como Fuerzas Unidas Por Nuestros Desaparecidos (as) en Nuevo León, Monterrey,(Fundenl) y se unían con las madres centroamericanas que buscan a sus hijos migrantes en territorio mexicano, en Puebla no se escuchó ni una sola voz que buscara a un familiar. Ni cuando la caravana de cientos de personas pasó por la capital poblana en 2011, como si en Puebla no faltara nadie.

Y mientras las desapariciones siguieron aumentando a nivel nacional, Puebla nunca ha figurado entre las entidades con mayor número de personas no localizadas o extraviadas, aunque las cifras estatales reportan un crecimiento considerable desde 2013.

La única iniciativa de búsqueda de personas desaparecidas y visibilización de la ausencia ha sido la red de cuentas de Twitter @_LaAlameda, que apenas este 2014 abrió @LaAlamedaPuebla. La ficha de Crescencia es uno de los no más de 30 casos que la cuenta ha compartido diariamente en redes sociales. La foto de la joven ha sido replicada por cuentas del DF, Tabasco, Michoacán, Veracruz y Morelos: la imagen tiene un fondo naranja y en la foto Crescencia lleva una sudadera café con forro de peluche blanco, la capucha le cubre el cabello negro y ondulado, está haciendo una mueca como de sorpresa, como a punto de decir algo. “Crescencia Martínez Hernández, 20 años”.

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Hueyapan es un municipio de casi 12 mil habitantes, la cabecera del mismo nombre tiene poco más de 6 mil habitantes y se encuentra a un par de horas de la capital del estado.

En Hueyapan se acostumbra que los muchachos se lleven a las novias por unos días, sin avisar, y después regresen ya como pareja, el caso de Crescencia no fue así. “Aquí acostumbrados de que se vaya con el novio, se van unos tres días por mucho cuatro días y ya avisan que ya la tienen ahí, que ya se la llevó el muchacho y vienen con los papás y la muchacha a enseñarla que realmente la tienen ellos. Así se acostumbra acá. Igual ella es muy responsable y nosotros cuando ella nos pedía permiso para salir a otro lugar al baile, nosotros no la dejábamos, luego es muy noche o no hay carros y pues le decíamos que no y ella decía pues ya ni modo, ya no voy. Siempre nos avisaba, nunca se escapaba, aunque nos enojemos o ella se enoje, se queda y después se le pasa, ya pa’la otra. Pero pues no. Aquí no nos han venido a ver ni nada, siempre nos avisaba, nos decía dónde quería ir, dónde iba, pero esta vez yo no supe”, dice su mamá.

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En 2012 el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (Idhie) de la Ibero Puebla contabilizó 3 mil 332 mujeres desaparecidas de enero 2005 a julio 2010. Y la iniciativa ciudadana del mapa “Por todos los desaparecidos”, que capturó miles de casos de toda la República, comprobados con los familiares y verificados ante las autoridades, tiene registrados en la última década 246 casos poblanos, 41 por ciento de los cuales ocurrió durante la administración del actual gobernador Rafael Moreno Valle. Del total de los casos, 196, alrededor de 80 por ciento son de mujeres, niñas y niños.

Y pese a los esfuerzos ciudadanos y las búsquedas individuales, los datos del gobierno son confusos, escasos y no son divulgados públicamente. La Comisión Nacional de Seguridad (CNS) del gobierno federal registró sólo 49 casos de mujeres desaparecidas en Puebla de 1994 a 2013.

Aunque las razones de la desaparición de las jóvenes no es clara, no es arriesgado considerar entre estas la colindancia con Tlaxcala, un estado donde la trata de personas es hasta negocio familiar, principalmente en lugares como Tenancingo y San Pablo del Monte, localizados en el llamado corredor Puebla-Tlaxcala. En 2013, entrevistada por el diario Intolerancia, la activista Rosy Orozco, de la Comisión Unidos contra la Trata, dijo que durante los dos años y medio anteriores se tenía conocimiento de la desaparición de 90 jóvenes, de los cuales 90 por ciento eran adolescentes de entre 12 y 17 años, que podrían haber sido víctimas de trata de personas y esclavitud sexual. Su organización calcula que aproximadamente 800 mujeres podrían estar siendo víctimas de explotación sexual en todo el estado.

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Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

La mamá de Crescencia sabe que se la llevaron. Es una corazonada de madre. La señora sólo se ve triste por instantes. Su voz, suave y aguda, se endurece cuando asegura que su hija no se fue por su propio gusto. En los papás de la muchacha apenas hay llanto. Su mamá es bajita y delgada, usa falda y zapatos de plástico; el cabello, largo y lacio, lo lleva amarrado. Parece como si su rostro no tuviera edad, de lejos parece una niña silenciosa, de mirada tímida, pero cuando dice que su hija no se fue por su propio gusto, alza la voz. Entonces es una mujer firme y está convencida de que a Crescencia, la mayor de sus tres hijos, alguien se la llevó.

Hay muchas fotos de la joven, todas guardadas en los cajones de un mueble frente a la cama en su cuarto. De cumpleaños le regalaron una recámara, cuentan sus papás. Sacan las fotos, las enseñan. Ahí está Claris con un vestido azul en su graduación, la otra es una especie de collage con su foto y un poema que un enamorado le regaló, la otra en un evento familiar en la iglesia. El primero en darse cuenta de que Crescencia no estaba fue su hermano, el más pequeño, fue a hablarle pero no la encontró. “¿Claris no está aquí?, le digo; no, no está aquí. Entonces ya llegué acá, estaba ella (su esposa) mis dos hijos, pero mi hija no estaba y ya le pregunté a su mamá, yo pensaba que estaba mi hija, no, no está, me dijeron.”

Sólo se llevó su credencial y una tarjeta para cobrar del Conafe, y la ropa que llevaba puesta. Se acababa de bañar. La única que ha confirmado haberla visto fue la señora Juana, que estaba en Hueyapan, la cabecera municipal, a unos diez minutos de donde viven Claris y su familia. “Ella (la señora Juana) ella la vio caminando, la saludó y se fue, bien contenta con su pelo mojado.”

Y pese a los esfuerzos ciudadanos y las búsquedas individuales, los datos del gobierno son confusos, escasos y no son divulgados públicamente. La Comisión Nacional de Seguridad (CNS) del gobierno federal registró sólo 49 casos de mujeres desaparecidas en Puebla de 1994 a 2013.

Los señores piden una y otra vez que quien se la llevó les diga dónde está. O que ella les llame, que les diga que está bien. Hasta el 26 de febrero no había ocurrido algún acontecimiento raro en la vida de Crescencia, o Claris, como le dicen en su casa. Se fue antes del atardecer. Cuando desapareció fueron con los tíos de la muchacha a Tlatlauquitepec, primero les dijeron que era normal, que posiblemente al rato se iba a reportar. Esperaron. Fueron al ayuntamiento pero les dijeron que como era mayor de edad tenían que esperar 72 horas para hacer la denuncia, y les preguntaron si tenían problemas familiares, si le habían pegado a su hija, “y pues no, nada de eso, estábamos bien, no teníamos ningún problema con ella. Inclusive un día antes salimos a vender y pues fue lo último que pasó y sabemos. Más adelante no supimos de ella, hasta la fecha.”

Afuera empieza a llover. El patio está lleno de árboles y flores que la familia vende en el mercado, de color y de hojas que brillan reflejando el sol que constantemente desaparece entre las nubes de lluvia y la neblina de la Sierra Norte. Adentro, la casa se siente vacía. Desde el cuarto de Crescencia, a través de  una ventana grande, se mira el verde jardín.

Periodista en constante formación, interesada en cobertura de Derechos Humanos y movimientos sociales. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014

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