Dos años bordando por la paz en Puebla

Dos años bordando por la paz en Puebla

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Un señor se detiene frente al lienzo de pañuelos blancos tendido en el piso, a unos metros de la fuente de San Miguel en el zócalo de Puebla. Ve uno de los nombres bordados en la tela blanca, es de una mujer a la que asesinaron. El grupo de personas que están bordando, sentados en unos bancos de plástico, empieza a levantar todo pero se detiene un momento cuando el hombre se acerca y empieza a hablar con una de ellas. Reconoce en el nombre de la muchacha a su sobrina, a quien mataron, y después de platicar un poco se lleva el pañuelo. Es domingo, ya son las tres de la tarde y como cada quince días un grupo de ciudadanos y ciudadanas se reúne a bordar con hilo rojo y verde los nombres de los asesinados y desaparecidos en México desde 2006, como parte del movimiento Bordados por la Paz que inició el colectivo Fuentes Rojas en la ciudad de México, hace tres años.

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Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Este domingo 17 de agosto el colectivo ciudadano de Bordados por la Paz Puebla cumplió dos años. El movimiento –en solidaridad con el colectivo inicial del Distrito Federal y parte de la réplica de células de bordadores en varias partes de México y en otros países– empezó en agosto de 2012, bordando inicialmente en la Plaza de la Democracia, frente a la iglesia de la Compañía de Jesús en el centro histórico (2 sur entre 3 oriente y Palafox de Mendoza).

Durante más de un año, cada domingo, los bordadores se juntaban cada fin de semana de mediodía a tres de la tarde para exponer los pañuelos y seguir plasmando con hilo y aguja la violencia que se vive en el país. Pero, ¿cuál es el trasfondo del movimiento? Luchar contra la normalización de la violencia que reventó durante el gobierno del ex presidente Felipe Calderón, desde 2006, cuando ver y hablar de levantados, narcomantas, pozoleados, torturados, asesinados se volvió algo del día a día…

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Los bordados emergieron como una lucha silenciosa, pacífica y ciudadana para hacer ver a la gente que no es normal la violencia, que la inseguridad no debe ser la regla, que no se tiene que tomar como inherente a la realidad de México, que los que viven en este país no tienen que acostumbrarse a esos sucesos sombríos y sangrientos.

A tres años de existir, el movimiento ha vivido rupturas y momentos turbios como el del 1 de diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto tomó posesión de la presidencia. Ese día era el primer punto culminante, inicialmente, del movimiento, que planeaba hacer un memorial ciudadano y despedida a Calderón, pero la acción se rompió por los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad pública capitalinas. De ahí la mayor parte de colectivos decidieron seguir con la labor y continuar trabajando en la reconstrucción del tejido social y la recuperación de espacios públicos.

El colectivo poblano ha tenido durante sus dos años de existencia jornadas especiales para conmemorar los feminicidios, para hacer memoria de los crímenes de odio cometidos en la entidad y contra la inseguridad en la ciudad. Desde hace un par de meses en la ciudad de Puebla se borda sólo cada dos semanas, y la iniciativa está próxima a replicarse en el interior del estado, en Cuetzalan, en la Sierra Norte.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Para sumarse al movimiento de bordados por la paz no se necesita nada mas que voluntad: todo funciona con donativos o cooperación de los bordadores para comprar hilos, agujas y tela, y la mayoría de los asistentes han aprendido a bordar ahí mismo. La idea es hacer un memorial y hacer comunidad, que no se sienta como algo normal la violencia cotidiana que ha azotado el país. Como la frase de Cicerón: «la vida de los muertos está en la memoria de los vivos».

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